domingo, 29 de mayo de 2016

27. Primavera otoñal

Acabo de seguir un consejo que me dieron este verano: “escribe para ti misma, no para los demás”. Estaba bloqueada porque no sabía qué poner en el blog, todo me parecía soso, rutinario o, por el contrario, demasiado privado para publicarlo. He pensado que no tenía por qué enseñarle esto a nadie y ha desaparecido el bloqueo. Ha sido una semana un poco rara, arrastraba cansancio del fin de semana pasado y en el trabajo no me ha cundido mucho. Aparte, tuve una reunión con mi compañera Laura que ocupó un día entero, preparando cosas por si se tenía que ir (parece que podrá seguir en el país un tiempo aunque sin permiso para trabajar) y eso me descentró un poco. También tuve cita con el paciente, con el esfuerzo mental que eso conlleva. Tengo la sensación de que me he metido en muchos proyectos, de que estoy “abarcando mucho y apretando poco” pero por otro lado creo que si hay algún momento para ir esparciendo semillas es este. Ahora que “sólo” tengo que cuidar de mí misma, ahora que estoy a 10.000 km de mi familia y muchos de mis amigos, es un buen momento para dedicar mi energía al ámbito profesional. Quizás eso haga que mi vida se haya vuelto un poco más aburrida o, quizás, que no tenga tantas novedades destacables (creo que lo más relevante de mi semana es que Galadriel me ha enseñado a hacer tarta de zanahorias). O bueno, que me llovió encima como nunca antes y acabé con la bolsa del super desintegrada antes de llegar a casa.

Me di cuenta porque el plátano estaba a punto de darse a la fuga

A lo mejor es que he empezado a acostumbrarme a Seattle y vivencias que a mí no me parecen destacables pueden ser interesantes para alguien de fuera, no lo sé. Me siento muy rara viendo fotos de amigos en la playa, anuncios de protección solar, bombardeo con la operación biquini, salir a la calle y ver esto:
  
Creo que por eso siento que lo mío es menos interesante
 
También reflexionaba con Ojitos, Carmen y Galadriel sobre algo que, de nuevo me ha sorprendido. No soy anónima. Ayer, por ejemplo, fui a una fiesta (lo que aquí llaman un “housewarming party”, una fiesta de inauguración de una casa) invitada por unos amigos franceses en la que resultó que teníamos amigos en común con dos grupos diferentes de otros países y profesiones que no tienen nada que ver con ellos. Por esto y otras casualidades me he dado cuenta de que el estar lejos no asegura el anonimato. Por poner un ejemplo, al principio me sentía más libre al escribir el blog, puesto que la gente sobre la que escribía no sabía de su existencia, pero ahora un buen número de mis amigos de aquí leen lo que escribo. Por un lado casi mejor, porque así el objetivo de perder la vergüenza al escribir se cumple pero por otro siento que quizás esté dejando de lado algunos aspectos de mi experiencia, quizás algún día pueda relatar “las historias no contadas de Ciudad Esmeralda” o lo más seguro es que vayan integradas en mi futura novela y así nadie sepa qué parte es ficción y qué parte sucedió de verdad.
 
Respecto a las novedades de la ciudad, como ya os comenté la primavera es un no parar de eventos y posibilidades. El fin de semana pasado fue el festival del helado. Tengo que decir que me decepcionó un poco, pues eran tres camiones de helado que vendían conos a cuatro dólares y unos cuantos puestos en un callejón. Por la cola que había, me atrevo a decir que podíamos haber tardado como una hora en conseguir comprar algo… lo que sí pudimos es probar sabores raros (probar de una cucharita pequeña), como Earl Grey o limón con jengibre. Total, que Galadriel y yo acabamos en mi casa comiéndonos un helado que tenía yo en el congelador, a grandes males...
 
Este fin de semana ha empezado el Northwest Folklife Festival (podéis cotillearlo aquí) que es una feria de muestras de diferentes países (bailes, artesanía comida…). Esta mañana he visto un espectáculo de baile y música tailandesa que me ha encantado. Era la historia de una princesa pájaro que se enamoraba de un príncipe humano, y ya se sabe cómo son estas cosas, cuando dos personas son así de diferentes, a veces tienen que enfrentarse a las pruebas de los dioses o cosas así para poder estar juntos.


Aquí podéis ver un fragmento del primer baile de las pajarillas
 
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Antes de despedirme, os hago saber que tengo algo entre manos que compartiré en unos días, así que estad atentos. Mucho ánimo con la semana, Soletes. Gracias por seguir conmigo.
 
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