domingo, 31 de julio de 2016

34. OMG, ¿soy una de ellos?


“Like a Koi in a frozen pond, like a goldfish in a bowl”
R.E.M., Imitation of life

Galadriel siempre me decía: “Cuando vuelva a la vida real…” y yo le contestaba: “Oye, que esto también es la vida”. Es una vida muy distinta de la de nuestro país de origen pero, ¿por qué aquello debe ser considerado más real que esto? Es como la canción de R.E.M. “como un Koi en un estanque congelado, como un pez dorado en una pecera” ¿es que acaso eso no es la vida para ellos?

Dicen que vivir en otro país te cambia. Y yo creo que soy la misma, soy más consciente de mi identidad, de mi cultura, de mi nombre que suele ser difícil de pronunciar y de que no me da la gana de renunciar a nada de eso. Pero ¿qué ocurre con el resto?, ¿qué pasa con las cosas que no son tan importantes?, ¿es más cómodo abandonarse y dejarse absorber por la cultura local?, ¿tiene si quiera sentido tratar de resistirse?, ¿y si me estoy convirtiendo en una de ellos sin apenas darme cuenta?. Los estudios dicen que simplemente por el hecho de tener que manejar dos idiomas tu cerebro se configura de forma diferente… ¿Y si eso me cambia para siempre? Tengo mis sospechas, tengo mis dudas, tengo mis momentos, y de eso es de lo que quiero hablaros en este post.

Últimamente voy coleccionando momentos de esos de verme desde fuera y pensar que un director de Hollywood debe estar dirigiendo la escena. Ejemplos como los que comentaba en el post anterior se vuelven comunes. El otro día lo pensaba mientras guardaba la compra: una ensalada de kale y quinoa, plátanos orgánicos, tofu, edamame, sushi… Uhh, qué glamour. Pero a ver, ¿por qué tiene eso que ser más glamuroso que un paquete de salchichas del Mercadona y una lata de paté? No lo sé. Quizás es lo que nos venden. Hay otras pruebas de que me voy integrando más, unas son positivas y otras no: sueño bastante en inglés y a veces me es más fácil encontrar las palabras en ese idioma cuando hablo en español (antes me daba mucho coraje cuando veía a los famosillos de Miami pasearse por los platós de televisión españoles soltando anglicismos, pensaba que era por hacerse los interesantes, ahora los entiendo), utilizo muchas de las abreviaturas que tanto me costaba entender al principio, tengo en mi cabeza algunas rutas mejores que las que da Google maps, tengo lugares favoritos para ir de “afterwork”, sitios/horas a evitar, programas de descuento, y a punto he estado de solicitar la tarjeta de crédito de una aerolínea. Por el lado más negativo, me agobia el calor… el otro día rozamos los 30 y ya estaba pasándolo mal, creo que cuando vuelva a casa voy a necesitar hacer como los buzos pero con la temperatura: un periodo de “desenfriamiento” con el aire acondicionado encendido para resistir. Otra de las cosas que espero que no me pase cuando vaya de vacaciones es la extrañeza del contacto físico: el otro día fueron a darme dos besos y me eché instintivamente hacia atrás. 

Sun Liquor, uno de mis sitios preferidos para ir después del trabajo

Paso a ilustrar mis impresiones con ejemplos concretos:

21 de julio
Hoy me he puesto sandalias por primera vez, mañana probaré a ponerme un vestido, qué locura. Vaya, ha sido escribirlo y ver un relámpago… en fin, soñar sigue siendo gratis.

Hoy ha sido un día un poco raro: el paciente me ha cancelado y he acabado yendo a hacer el “Foodwalk” en Chinatown con una compi de trabajo como guía (es de Seattle pero sus padres son de china, así que es una experta en el tema) y una canadiense que está haciendo una estancia predoctoral en el hospital de niños. El foodwalk (como una especie de ruta de la tapa) ha consistido en andar mientras comíamos, literalmente. He probado la barbacoa china (¡deliciosa!), los fideos fríos (meh), las alitas de pollo con arroz (pasables), unas tartas de fruta de muerrrte y un bubble tea de postre.

Aquí las citadas tartas

Luego, mi vecino indio que es un poco bipolar (a veces me ignora y a veces me manda mensajes a horas raras para ser amigo mío) me ha dicho que me ha visto bajarme del bus… simplemente eso. Le he dicho que volvía del foodwalk, que como le comenté otro evento parecido y no me dijo nada, no le dije nada esta vez porque asumía que no le interesaba. Me ha dicho que lo vería medio dormido y se le olvidó y me ha invitado a ver una película en su casa el fin de semana.

Va a ser raro e interesante a la vez. Vive tres pisos por encima del mío, así que va a ser muy cómodo. Pienso sobre todo en invierno y en la pereza que da salir a la calle con la lluvia… va a ser genial, un poco fiesta pijama porque vamos a ser él, yo y su compi de piso al que no conozco, a lo mejor me lo he encontrado alguna vez abajo en la lavandería, quien sabe. La idea es hacer una maratón de pelis o juegos… esto empieza a parecerse un poco a The Big Bang Theory, solo que no soy una rubia buenorra y sí que soy un poco friki.

22 de julio

18.43 de la tarde
Me esperan 53 paradas de autobús y luego 20 min andando por un parque para llegar a la fiesta de tesis de una amiga. Me voy casi durmiendo en el bus... sé que podría haberle dicho que no, nos habremos visto unas cuatro veces antes de hoy pero sé que se va y me da pena. Además, no quiero que el cansancio me impida disfrutar de esto. Esta mañana no podía levantarme y me notaba espesísima en las reuniones, otra vez.

En fin, me centraré en lo de ahora: vamos a Magnuson Park, no he estado nunca y tengo curiosidad por saber cómo es la otra parte del agua, pues nunca la he visto. Aparte, puede que haga algún que otro amigo hoy, que con la desbandada que hay últimamente no me va a venir mal, la verdad. Además, llevaba tiempo con la sensación de que no conocía sitios nuevos ni a personas nuevas, vislumbraba peligrosamente el riesgo de acomodarme a lo que conozco aquí y dejar de ser valiente, así que ale, a ver calles nuevas con ojos nuevos y punto. Es raro que esté tan cansada, pero en fin, estoy orgullosa de haberme puesto los vaqueros y haber salido a la calle (bueno y el jersey y el chubasquero). A lo mejor es una mierda pero al menos no me quedaré con el "¿y sí..?"

Por cierto, ya empezaba a preguntarme si es que en Seattle la gente no cazaba Pokemon  y hoy he tenido 3 experiencias al respecto: he visto un concurso anunciado en un local, un encuentro en el barrio chino y lo que me ha pasado en el semáforo ha sido muy bueno. Estaba yo mirado el grupo de wasap de mi familia mientras se ponía en verde y había una  chica mirando el móvil también. Parecía inquieta y me miraba de reojo; en cuanto se ha puesto en verde ha salido corriendo, por lo que pensé que iba con prisa, pero no: se ha parado, ha tocado la pantalla y ha sonreído satisfecha. Incluso me ha parecido que me miraba con aires de suficiencia. Oh, a lo mejor se pensaba que se lo quería quitar y que me había ganado. En fin.

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Estuvo muy bien la noche. Conocí a un montón de gente interesante o medio loca, de un montón de países. Me hice un poco más amiga de Candela, una chica a la que había conocido en otra fiesta anterior, allí volví a coincidir con ella y su novio.

Aquí tenéis una foto del parque

Hubo hasta un momento mágico durante la noche. Estábamos sentados cerca del lago y, a pesar de ser ya de noche, los tonos rosados se negaban a abandonar el agua y el horizonte. Uno de los chicos comenzó a cantar una versión de Yellow, de Coldplay, acompañada por la guitarra y la armónica. De repente se hizo el silencio en la mayoría de las animadas conversaciones que estaban teniendo lugar. No tenía sentido hablar. En una especie de síndrome de Stendhal colectivo me quedé allí, inmóvil, contemplando el agua y me sentí conectada con la naturaleza y el universo. Un solo pensamiento vino a mi mente: esto lo has conseguido gracias a tu esfuerzo. Y tras eso, por unos instantes, sólo pude sentir felicidad.

Al día siguiente por la noche fui a casa de mi vecino a ver la película. La verdad es que fue un poco raro porque como no tenían aún muebles, acabé en un colchón en el suelo, sentada en medio de los dos chicos viéndola. Ah, y bebí cerveza, una cerveza holandesa de esas suaves, menos mal… llegué a casa a las 4 de la mañana.

30 de julio
He amanecido con resaca. Ayer mezclé vino tinto con margaritas, hoy sé que fue un error. Fui a una fiesta en casa de Candela y su novio y me lo pasé genial pero otra vez me sucedió lo mismo: en un momento dado me di cuenta de que estaba en una casa de película, sintiéndome como pez en el agua en medio de una fiesta con unas 50 personas de las cuales conocía a cuatro de haberlas visto en dos o tres eventos similares, explicándoles cómo se pronunciaba mi nombre mientras sujetaba uno de esos vasos rojos de bebida. Previamente pude haber hablado con personas de unos nueve países diferentes, distintas razas, edades, profesiones y aspiraciones en la vida. Me hizo mucha gracia enterarme que dos de las que habían ido juntas eran dos vecinas que se conocieron en la lavandería… entonces caí en la cuenta de que esas cosas no pueden pasar en España. Se quedaron muy sorprendidos cuando les dije que la norma es que cada uno tuviese lavadora en su casa. Y entonces volví a hacerme consciente de lo distinta que es mi vida ahora, de que estoy viviendo el Erasmus que nunca llegué a realizar.

Este es el barrio de la casa de la fiesta
Quienes me invitaron son una pareja muy maja que conocí hace poco y que creo que volverán a aparecer por el blog. Uno de los principales motivos es que él baila tango y ella quiere aprender. Y los que me conocéis sabéis que es mi baile platónico: llevo desde los 14 años queriendo aprender y, por un motivo u otro (era para adultos, se requería pareja, los alumnos prefirieron aprender salsa…) no he podido hasta ahora. Así que es uno de mis objetivos de cara al curso que viene: aprender a bailar tango.

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Escribo ahora desde el parque de abajo de mi casa. Tengo sentimientos encontrados: me encanta la combinación de la música clásica en directo con los pájaros volando entre los rascacielos mientras se pone el sol. Como me dijo Escarlata cuando fui a verla (detalles en el siguiente post), creo que esto me está gustando demasiado... me da un poco de miedo que mi ciudad se me quede pequeña cuando decida volver. Pero no es oro todo lo que reluce en Ciudad Esmeralda: una parte de mi visión y de mis pensamientos están secuestrados por el hombre sin techo que parece bastante drogado del fondo del parque. Se ha quitado y puesto la camiseta varias veces, tumbándose y volviéndose a levantar en uno de los bancos mientras se medio comía una de las hamburguesas que daban gratis. Pero ahora está como bailando... a veces parece que tenga una pesadilla y otras que realmente disfruta de la música. Se acaba de poner a hablar con una de las chicas que organiza el evento y parecía normal, a lo mejor me equivoco. Uy, le he visto los ojos y no: tenía yo razón. Creo que a esto no llegaré a acostumbrarme (ni quiero). Porque no es él, son muchos. En el autobús, en las esquinas... y me dan pena. Y miedo a veces. Y no sé qué hacer.. Sé que es uno de los principales problemas de la ciudad y no voy a venir yo a solucionarlo.

Me parece rarísimo que sea casi agosto: aquí el verano empezó literalmente hace dos días (y eso tampoco me gusta). Llegó justo a tiempo para la fiesta en la piscina que organizaban los de mi apartamento. 
La verdad es que se esforzaron bastante
De lo que no voy a quejarme es de las temperaturas, porque con suerte llegamos a los 30 durante el día... aunque tengo que planificar mejor las noches. De hecho voy a irme ya a casa porque me estoy quedando helada. Pero bueno, así llego con tiempo para la noche de juegos con los chicos de la planta 13. Por suerte me dio tiempo de preparar la tarta que voy a llevar mañana al picnic anual de verano que hace el grupo del hospital de niños en casa de la jefa. En una isla. Tengo muchísima curiosidad en saber cómo será ese grupo fuera del ambiente de trabajo. Va a ser un momento agridulce, pues deberé decir adiós a tres de las chicas que trabajaban allí.

31 de julio
De nuevo siento que estoy en una película. Suelos de madera, cocina enorme con isla central, niños mestizos (ideales) jugando con los aspersores, agua con gas, bandejas con frutas tropicales, gafas de sol y sombreros, salmón en el grill. Wow. De nuevo la fotografía de casa ideal se vuelve real. Mercer Island es un pequeño paraíso situado cerca del centro de Seattle. No se tardan más de 20 minutos en llegar y te permite alejarte por completo del ruido de los coches. Las casas con tejados a dos aguas y banderas americanas ondeando en el porche se suceden dejando el espacio necesario para la privacidad. Todo el resto es vegetación. No me extraña que sea uno de los lugares más caros para vivir. La velada ha estado bien, todo muy comedido, incluso los postres (aunque les ha gustado mi tarta, prueba superada). Me ha dado pena despedirme de las que se van… con suerte nos veremos en algún que otro congreso en el futuro.

Como veis, mi racha de despedidas no termina. Por suerte, el miércoles llega mi primera visita desde que estoy aquí. A efectos del blog, llamaremos a mi amiga Elphaba (como veis a la mayoría les gusta escoger nombres de personajes de novelas y películas). No me cabe duda de que va a ser un mes muy interesante a su lado, durante él visitaremos San Francisco y volveré a mi adorada Vancouver. Prometo contarlo todo, todito, todo, lo que no sé es cuándo… de momento la entrada de Nueva York está casi lista, un poco de paciencia Soletes, ya sabéis que lo bueno se hace esperar.


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jueves, 28 de julio de 2016

33. Castillos en la tierra

Ahora sí que sí. Aunque me está costando recuperarme más de lo que me gustaría, por fin os traigo una entrada en condiciones. Para compensar es bastante larga, así que casi vale por dos. Dudaba acerca de si debía compartir todas las emociones vividas, lo lujoso del sitio y lo increíble de la comida, no quería sonar presuntuosa o “dar envidia”. Entonces me he acordado de que cuando me pasan cosas malas (la época de las fugas de agua o el echar de menos) también dudo por no “dar pena”… pero claro, si no cuento lo bueno ni lo malo, ¿qué cuento? Creo que tendría muy poca chicha el blog. En conclusión, que aquí tenéis un trocito de ese paraíso canadiense situado en la provincia de Quebec, junto con un resumen de mi aventura.
 
25 de junio
Hoy ha sido el primer día relativamente tranquilo que tengo desde hace bastante... por un lado no puedo quejarme pues los fines de semana han sido bastante interesantes. Por otro, a nivel de trabajo ha sido una pasada, la verdad es que no sé cómo me las voy a apañar para viajar cuando sea importante: ahora me voy 10 días y llevo más de dos semanas preparándolo todo para mi ausencia, a lo mejor para ser un jefazo se requiere algún tipo de súper poder que yo no tengo, quién sabe.
 
Estoy esperando para embarcar en el primer vuelo, aún queda una hora, y el proceso ha sido sorprendentemente rápido: no había nada de tráfico, el UBER ha llegado puntual y han reforzado el personal del control de seguridad del aeropuerto, por lo que pasarlo me ha supuesto 5 minutos, en lugar de una hora, como la última vez. Bueno, un par de incidentes de los míos sí que ha habido: la encargada de facturación de la aerolínea me dijo que necesitaba una carta de invitación del congreso para ir a Canadá, la primera vez que me dicen algo parecido, creo que la mujer se hizo un poco de lío con mis papeles… al final no pasó nada, pero el susto me lo llevé. Luego en el control de seguridad la chica que iba detrás mía tenía unos zapatos iguales y los calcetines también, empezó a decirme que éramos gemelas de zapatos. Por último, la guardia de seguridad que estaba tras el escáner,  cuando pasé se me quedó mirando y me dijo: ¿estás lista?, ¿estás lista? Y yo pensando: "supongo que sí… pero ¿estás lista para qué?" y de repente me dice: “¡choca!” Así que le choqué la mano y pasé. Sí, para eso es para lo que tenía que estar lista.
 
Un poco después empezó el glamour. La compañera con la que voy al congreso me llamó para decirme que ya había llegado y pensaba que era el momento de tomarse una copa de vino. En la vida se me habría ocurrido hacer eso antes de un vuelo... pero bien pensado, ¿por qué no?
 
Total, que me he visto a mí misma como una de esas chicas que vuelan con su maleta de diseño (comprada en el outlet, por supuesto, shh) pero van con sus mallas, sus deportivas y sus gafas. Una chica que iba a tomarse una copa de vino blanco antes de coger su vuelo a Canadá con conexión Chicago. Para ir a la primera edición de una escuela de verano para formar a personas que se dedican al dolor, para la que hace unos meses me seleccionaron. Ay, madre, ¿esa soy yo? Qué vértigo, este maldito síndrome del impostor que me hace pensar que se han equivocado de persona (y que un día se van a dar cuenta y me van a decir que no soy para tanto y que me vaya a mi casa) sigue viajando conmigo... no me acabo de creer que merezco que me paguen todo esto (miré por curiosidad en Booking.com y la habitación salía por unos 1.400 euros la semana). En fin, haré lo que esté en mi mano para aprovechar la oportunidad, eso desde luego.
 
Doce de la noche
Acabamos de despegar. Para seguir con la experiencia "classy" voy escuchando la meditación de Thais  (de Massenet) mientras observo cómo las luces de la ciudad se vuelven diminutas ante mis ojos.
 

He sacado esta foto. Sé que está borrosa, pero de hecho es un reflejo bastante fiel de lo que mis ojos miopes son capaces de ver.
 
Vale, aquí tenéis otra más precisa.
 
Ahora las dudas se apoderan de mí. Sé que debería intentar dormir, que tengo algo menos de 3 horas para hacerlo, que tras eso tendré unos 40 minutos para correr al segundo avión (menos mal que había demasiado equipaje de mano y se han ofrecido a llevar gratis hasta el destino los nuestros en la bodega) y el segundo vuelo dura un par de horas solamente. Si conseguimos coger el enlace tendremos 2 horas de espera en el aeropuerto, hora y media en autobús hasta el resort al que llegaremos sobre las 12.30 y en teoría no podemos entrar en las habitaciones hasta las 4 de la tarde... espero que nos dejen hacerlo antes y me pueda duchar y echarme una siesta. Si no, mi plan B es ir a la piscina, sobarme en una tumbona y usar los vestuarios para ducharme y cambiarme para el cóctel de bienvenida que es a las 4.30. Si por lo que sea no podemos, el plan C es ir a dar un paseo por los senderos de alrededor. Uff, sólo de pensarlo me está dando sueño... voy a dormir algo.
 
26 de junio
Acabo de descubrir de dónde viene el nombre de rafting. En inglés raft es barca hinchable.... así que rafting es como decir: hacer barca. Así de simples son estos anglófonos.
 
¿He dicho que vamos a hacer rafting en aguas bravas? Es lo que más me preocupa de esta aventura, más que tener que dar una mini-conferencia de lo que hago... pero a la vez tengo ganas. Es de esas cosas que asustan moderadamente pero a la vez son apetecibles.
 
Cuando tenía 15 años fui de viaje de fin de la ESO con mis compañeros a los Pirineos, era uno de esos viajes multiaventura en el que hicimos cosas como montar a caballo, senderismo, canoa... y rafting. El día del rafting me sentó algo mal y me dio por vomitar, así que me quedé sin hacerlo. Y aquí estoy otra vez, unos 14 años después para quitarme esa espinita que tengo desde hace media vida. Es de esas cosas en las cuales creo que debo ser valiente y tachar de la lista de "cosas para hacer antes de los 30". No voy a negar que me tiene cagada (porque además es rafting en inglés, obviamente), pero igual que me pasó con aquella tirolina gigante en Portugal, espero sacar fuerzas de flaqueza, respirar hondo y hacerlo. Espero poder contar dentro de 5 días, cuando vaya camino de Nueva Jersey que lo hice y no fue para tanto (en lugar de decir que me rompí una pierna o algo parecido). En fin, supongo que alguna de mis cosas me pasarán, espero que, como siempre, no sea grave.
 
5 de la mañana. 7 hora de Chicago.
No importa lo pronto que salgas de tu casa, da igual lo bien que te organices, cuando tienes vuelos de conexión, lo más seguro es que tengas que correr. Hace un tiempo bastante feo (tormenta, para ser claros) y tuvieron que redirigirnos por otra ruta más larga. Como consecuencia, llegamos a la hora que se suponía que salía el segundo vuelo. Por suerte estaban esperando a otro avión retrasado y salía media hora más tarde, corriendo corriendo llegamos a la hora estimada.... para tener que hacer tiempo media hora más. Ahora sólo espero que las maletas lleguen con nosotras… ya despegamos, iré contando cómo va.
 
7 de la tarde
Me estoy quedando dormida durante una conferencia. Me parece mal educado escribir mientras el ponente habla, pero me parece peor quedarme frita en su cara, así que escribo para no dormirme. El que habla es uno de los padres de la psicología del dolor y se ha partido de risa hace un rato con mis cosas, qué vergüenza. No debería haber bebido vino en la recepción de bienvenida... los canadienses tienen estas cosas: ponerte el cóctel antes de una conferencia de una hora del abuelo cebolletas. En fin, ¡aguanta! Creo que voy a cenar rápido e irme prontito a la cama, a ver si no muero por levantarme a las 6.30 para hacer yoga después de haber pasado esta noche sin dormir. Al menos parece que mi compañera de habitación es maja... no lo he dicho, pero no sabía quién iba a ser hasta el último momento. Por cierto: el sitio precioso y la habitación increíble.
 



 
Seguiré informando, espero sobrevivir. De momento con vértigo y exhausta, pero bien.
 
27 de junio
He sido capaz de levantarme a las 6.30 para ir a hacer yoga, ¡yuhu! Y lo mejor de todo es que he sido capaz de seguir las instrucciones, medio dormida y en inglés, y de hacer todos los ejercicios, aunque intuyo que mañana tendré agujetas. He desayunado, me he duchado y voy a la primera conferencia, y no son ni las 8.30.
 
Que el yoga fuese al aire libre y con estas vistas ha ayudado a motivarme
Estoy alucinando con este congreso, ¡no sabía que iba a ser para tanto!  Hay personas realmente importantes de mi campo dando conferencias y se toman la molestia de relacionarse con los que no somos nadie. Los estudiantes presentamos en 5 minutos un resumen de lo que hacemos (a mí me toca mañana) y ellos hacen preguntas.
 
28 de junio
Ay, hablo en un rato.  Qué susto.
 
Estoy orgullosa de mí, llevo dos días levantándome a las 6.30 para hacer yoga. Hoy he vuelto a tener otra de esas imágenes de verme rara desde fuera: tras el yoga me he duchado, he repasado las transparencias de mi conferencia y he ido a la cafetería a prepararme un bagel de pan integral con queso blanco, tomate y salmón. Le he dicho a la camarera que me pusiera el té para llevar y me he dirigido a la primera conferencia. ¿Esa soy yo?, ¿en serio? qué raro. Bueno, creo que ahora sé que algunas de las cosas que se ven como super cool en las películas pueden pasar de verdad y no son para tanto, no se ven como algo extraordinario desde dentro. Comienzo a tener un poco de sensación de campamento de verano, estoy haciendo amigos y creo me va a dar pena dejarlos.
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Hablé y me puse nerviosa pero me dijeron que no se notó. Eso es bueno. Después vino uno de los “importantes” y me dijo: “toma, que lo has hecho muy bien”, y me dio un tique para una copa de vino.... supongo que estas cosas pasan en América. Luego vino otro pez gordo y me dijo que había sido muy interesante, que siguiera trabajando así y que esperaba ver más cosas mías en el futuro, etc. Vértigo de nuevo.
 
Después de una comida deliciosa he ido a dar un paseo por el bosque. Necesitaba estirar las piernas y moverme un poco. He ido con dos compis pero se han vuelto al poco tiempo y yo he seguido. Me he perdido. Pero me ha dado igual... me ha sentado genial imbuirme de naturaleza por un rato.

Aunque no lo parezca todo es un lago


Ahora estoy en otra conferencia y esta noche tenemos el fuego de campamento, qué curiosidad. Espero que no me coman los mosquitos.
 
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No me comieron. Lo que hice yo fue comerme un smore, qué cosa más rica por favor.
Es básicamente un sándwich compuesto de: galletas integrales cuadradas, chocolate y una nube derretida al fuego (fuente)
 
Esa noche conocí a dos chicos súper apañados que resultaron ser de Nueva York y Seattle, así que estuvimos hablando de las diferencias entre Costas. Parece que son verdad. Al final empezó a diluviar y nos volvimos corriendo. Menos mal, porque era ya media noche. La verdad es que fue un rato mágico: el fuego, el lago, y un montón de luciérnagas volando alrededor.
 
29 de junio
Hoy estaba tan cansada que no he ido a yoga. Me ha costado la misma vida levantarme pero por ahora la cosa va bien. Nos han hecho firmar un consentimiento para un taller que tenemos esta tarde: pruebas sensoriales en humanos. Básicamente nos quieren inducir dolor... de verdad que cada día me sorprende esto más. Qué susto.
 
Creo que esta experiencia va sobre vencer el miedo: a ser la tonta de la clase, a dormir con una desconocida, a hablar en público en inglés, a participar en un debate, a que prueben técnicas de inducción de dolor contigo, a hacer rafting (en inglés)... estás tensa todo el rato pero creces, sin duda.
 
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No ha sido para tanto. Nos han inducido dolor por calor, presión e isquemia... pero no es tan malo como suena y es interesante para ponerse en la piel de los pacientes.
 
Ahora estamos en el Sugarshak Dinner, una cena tradicional de la provincia. Ha empezado con una especie de pirueta de jarabe de arce... el resto era comida típica de Quebec, todo con bastante jarabe de arce. No tengo fotos de ese día pero os paso las de "una cena cualquiera" digna de un banquete de boda.
 

Después tenemos que preparar un debate sobre diferentes cuestiones de la ciencia, no participo en uno desde el instituto, veremos a ver cómo sale. Nos ha dado la 1 de la mañana… y me han convencido para que hable. De los 6 miembros del equipo sólo debían hablar 4, por lo que veía más lógico que lo hiciese alguien nativo. En fin, otro reto más.
 
30 de junio
Esta noche tenemos el debate pero no estoy preocupada. Lo que me preocupa es el rafting que estamos a punto de hacer. Voy pensando si será muy fuerte y si habrá riesgo real. No es una sensación mala del todo, me siento valiente por haber dicho que sí. En fin, en un par de horas habrá acabado. De momento vamos montados en uno de esos autobuses escolares amarillos, así que otra nueva experiencia.
 
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Ha sido más fuerte de lo que pensaba. Y me ha gustado mucho más. Los rápidos eran de nivel 3 y 4 (sobre 5) y algunos compañeros comentaron que habían hecho rafting otras veces pero más suave, que creían que se habían pasado un poco para ser un grupo compuesto mayoritariamente por inexpertos. Confieso que cuando empezaron a dar las instrucciones de seguridad, explicando cómo había que nadar o flotar dependiendo de la zona en la que te hubieras caído o si la barca volcaba entera, cómo subirte al bote de seguridad que tenían o cómo coger una cuerda que te tiraban y nos hicieron firmar una exención de responsabilidad me plantee no ir.
 
Ya ha pasado todo. Debate incluido. Abrí el argumento inicial de mi grupo y se rieron un montón (era la idea) ¡Al final ganamos! Aunque el otro equipo lo hizo muy bien. La verdad es que ha sido toda una experiencia. Al final sí que ha sido como un campamento de verano. Me está dando muchísima pena irme. Casi lloro en la fiesta tras la graduación, me han dicho unas cosas muy bonitas. Entre ellas, una ponente alemana que daba un miedo “que pa qué” (la que se encargaba de la inducción del dolor, para que os hagáis una idea) me dijo que soy el ejemplo perfecto de que los que no son nativos ingleses pueden resultar graciosos.
 
Y el camarero. Oh sí. He descubierto que me encanta que los americanos me llamen "señorrita". Lo conocí el otro día y fue el que me dio los ingredientes para hacer el smore. Y me habló en español. Hoy he ido a pedirle algo y le he dicho que no sabía lo que quería... me ha puesto un cóctel perfecto para mí: piña, Sprite, vodka, lima de verdad y unas gotas de granadina. Me ha dicho que el cóctel se llamaba como yo. Al rato he vuelto y antes de llegar a la barra ya me tenía uno preparado... le he preguntado que cómo sabía que quería otro y ha sonreído. A la gente le ha llamado la atención y ha empezado a pedirlo... así que un rato después casi la mitad tenía un cóctel rosa en la mano, ha sido muy gracioso.
 
Un rato después he vuelto a la barra y le he dicho a mi camarero que nunca nadie había hecho eso por mí (ponerle mi nombre a un cóctel). Y me ha dicho que yo era la primera para él. Supongo que es porque pensaba que es lo que quería oír, pero me ha encantado igualmente. Le he dicho que era muy dulce y me he ido porque alguien me estaba pidiendo el móvil o algo así. No me he podido despedir de él porque han cerrado antes de que me fuera, qué pena, me habría hecho ilusión saber su nombre.
 
1 de julio
Recuerdo esta sensación. Cuando era pequeña y volvía del campamento de verano, mis padres me recogían y me llevaban directa a la bañera, cenaba algo mientras me secaban el pelo y me iba a la cama a dormir lo que necesitara, al menos 12 h.
 
Mataría por un baño caliente y que me cuidaran un poco ahora mismo. Pero no es posible. Voy en el bus camino al aeropuerto y me espera un día largo. Anoche cuando llegué de la cena me puse a hacer la maleta y al final he dormido hora y media. Hace un rato he visto amanecer y ha sido precioso, el amanecer más amarillo que he visto nunca: ni anaranjado ni rosa, completamente amarillo. Cojo un vuelo dentro de unas 4 horas, luego un tren y después llego a casa de mi amiga en Nueva Jersey.
 
¡A ver qué hay preparado para Nueva York mañana! El congreso ha estado genial pero ha sido agotador, realmente necesito un poco de vacaciones de verdad ahora.
 

Continuará…
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