domingo, 18 de diciembre de 2016

40. Winter Wonderland (Maravilla invernal)


Hola Soletes, como ya os conté el año pasado, tras Acción de Gracias todo se viste de Navidad. Empiezan las galletas en la oficina, los jerséis feos (todo un fenómeno navideño por estos lares), los árboles de Navidad gigantes, las personas vestidas de Santa Claus, los villancicos... todo es verde, blanco y rojo. El año pasado toda esa parafernalia me inspiraba tristeza, pues me recordaba que iba a pasar las fiestas fuera de casa, pero este año es al revés: me hace mucha ilusión el constante recordatorio de que dentro de poco estaré abrazando a los míos. Os dejo con el post número 40, mi relato de estos últimos días del año en Ciudad Esmeralda.

14 de diciembre
Una de las tradiciones navideñas más populares en Estados Unidos consiste en construir una casa de pan de jengibre. Son como la casita de la bruja de Hansel y Gretel, solo que en tamaño pequeño y no te la comes porque no es agradable (el "pegamento" que usas para montarla, hecho a base de azúcar glas y clara de huevo, se pone realmente duro y la galleta se pone blanda). Hay quien hornea las piezas dándoles la forma que quiere, pero también venden kits para hacerlas de forma fácil.

Este es de Starbucks nótense también las galletas de "jerséis feos".

Hace unas semanas, Noah, Joan y yo fuimos a casa de Ashley y (con su ayuda) hicimos nuestra versión, nada mal para ser la primera.

Hay quien va un paso más allá. En un hotel del centro, cada año hacen una exposición de casas de pan de jengibre gigantes, donde piden donativos a favor de la diabetes infantil (suena un poco irónico, ya lo sé). Venciendo el frío, la oscuridad y la pereza, fuimos Laura (si no os acordáis es la otra chica española de mi oficina, la que me ayudó a montar el famoso sofá hace ya un año), Noah, Joan y yo. Este año la temática era Harry Potter: una casa por cada libro, todo lo que veis en las fotos está hecho de material comestible: galletas, bombones, glaseado y chucherías varias. La verdad es que fue impresionante: en Hogwarts las escaleras se movían, un Dumbledore a tamaño natural tenía la misma cara que el actor, y los detalles estaban clavados: el sombrero seleccionador, los dementores, el basilisco, Dobby, el autobús noctámbulo... en fin, que si te gusta la saga es un buen sitio para ir.




Todo lo que se ve, se come (bueno, es comestible...)

17 de diciembre

Vamos en el bus camino de Leavenworth, el pueblecito “Bávaro” del que ya os hablé en un post anterior.  Este año es el 50 aniversario del festival de luces navideñas y tengo mucha curiosidad por saber si las fotos que se ven por internet se corresponden con la realidad.



Mientras miro por los cristales empañados las formas fantasmagóricas de los árboles entre la niebla y escucho villancicos en versión country, me dispongo a comerme el "Breakfast Claw" una pasta danesa que nuestro guía (que luce sombrero de pavo con luces navideñas y mini gorros de papá Noel en las patas) nos ha ofrecido.

Ahora cambian a villancicos versión jazz, mucho mejor. El guía vuelve a pasar con folletos de la ciudad (ahora lleva un gorrito de Olaf, el muñeco de nieve). Creo que no puede haber mejor forma de pasar mi último fin de semana antes de Navidad, y más teniendo en cuenta que tal vez sean mis últimas navidades en Seattle...

Viajo con Noah y Joan, también en su último fin de semana, los voy a echar de menos... Venimos forrados como cebollas, la previsión de rondar los -15°C no es muy halagüeña, pero ¡no hay miedo! Seguro que no es nada que un par de carreritas y una sidra caliente con especias no puedan curar.

Al final no fue para tanto

Ya se ve nieve por la ventana y el guía ha pasado con su tercer sombrero: esta vez es un reno y lleva como complemento unas gafas de árbol de navidad con luces led. El paisaje dista mucho de aquellos árboles naranja que vi hace poco más de un mes. Vuelve a dejarme impresionada. Las montañas escarpadas y coronadas de pinos nevados parecen haberse escapado de una postal con su manto blanco. Voy a echar de menos esto cuando me vaya.





Llegamos. La nieve me sigue pareciendo mágica, es como si el pueblo hubiera salido de un cuento de los hermanos Grimm. Pasamos el día entre tiendas y restaurantes abarrotados, buscando un poco de calor.

A las 4.30 llega el plato fuerte, la ceremonia de alumbrado. Sale a hablar la alcaldesa, el Pastor y Santa Claus. La multitud al unísono comienza a contar hacia atrás desde diez y me planteo cómo será recibir el año nuevo en uno de esos sitios tan míticos como multitudinarios. Y la magia empieza. No es como en las fotos, es mejor. Los centenares de manos enguantadas dejan como recuerdo el sonido de un aplauso sordo pero entregado. El viaje ha merecido la pena.





Pues esto es todo por 2016, Soletes. En unos días vuelvo a mi adorada Málaga y estaré muy ocupada abrazando seres queridos y cebándome a jamón serrano, así que volveré a escribir hacia finales de enero que es cuando vuelvo (renovación del visado mediante).

Estad atentos, pues creo que para entonces tendré más claro desde dónde voy a escribir el año que viene... y puede que me espere un gran cambio. Hasta entonces: felices fiestas y que entréis por la puerta grande en 2017.

Nota: algunas de las fotos de este post son cortesía de Laura, Noah y Joan.

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sábado, 3 de diciembre de 2016

39. Un fin de semana “made in Hollywood”.

Hola Soletes,

Aquí vuelve esta descastada a contaros el puente que pasé en Los Ángeles. Con el viaje a Nueva York tengo una especie de “bloqueo creativo”, me gustaron tanto aquellos días que creo que tengo miedo de no poderlo plasmar en el papel como es debido… así que para que no me pase lo mismo, aquí van mis vivencias en esta ciudad que me ha dejado prendada.

Mariposas en el estómago al ver esto en el aeropuerto
Día 1
9 am
Levantarte con el sol entrando por la ventana, sol de verdad, no de ese que se filtra por las nubes. Estirarte ociosa sabiendo que tus planes para hoy son sorpresa y acurrucarte un rato a no hacer nada porque sabes que no hay prisa.

Desayuno en la cama y camino a conocer la Playa de Santa Mónica, la verdad es que Ray es un cielo y conmigo tiene el cielo ganado. Anoche me invitó a cenar y paseamos por su barrio: Westwood.

¿Se puede ser más bonito?

LA dista un poco de cómo me la imaginaba, al menos de momento... aunque me han dicho tantas cosas de ella que ya no sé qué pensar. Con 8 millones de habitantes, los mismos que el estado de Washington completo, es la segunda ciudad más grande de Estados Unidos (y la tercera más cara). Poco más conozco: que se ruedan todo tipo de películas, que es la casa de la UCLA, que hay mucho tráfico y que todo está lejos. La luz es preciosa, eso es verdad, desde el avión me impresionó el atardecer rosa fucsia y cómo justo antes de aterrizar parecía que había una manta dorada y densa que escapaba entre las nubes.

Al contrario que Seattle, no me impresionó su Skyline cuando llegué. Parece que la ciudad es bastante llana. Una vez hube aterrizado, era curiosa la sensación de estar en una novela sudamericana por la cantidad de gente hablando en español, los gestos y la indumentaria.

Luces navideñas de colores, un campus señorial y unas instalaciones deportivas impresionantes terminaron de darme la bienvenida a la ciudad. Me sorprendió que el oso, la mascota de aquí diera tanto miedo... Harry el Husky (la mascota de la Universidad de Washington) es mucho más dulce, pensaba que las mascotas debían ser adorables por definición.

Otra cosa que me sorprendió es que aquí se pueden cruzar las intersecciones en diagonal, hay como una cruz en medio, con lo que no tienes que esperar a que se ponga el semáforo dos veces. Me dejó impactada lo altas que eran algunas palmeras y me pregunté cómo harían los directores para meterlas en los típicos planos en los que los protagonistas conducen un coche por esas calles (supongo que cuando empezó la industria del cine, hace ya varias décadas sería más fácil porque las palmeras serían mucho más bajas). Y lo caro que es todo (más que en mi querida Ciudad Esmeralda). En fin, allá vamos a por mi primer día completo en Los Ángeles que además coincide con Acción de Gracias.

9 pm
Estoy exhausta, hemos andado unos 17 km y casi la mitad con los pies metidos en el agua. Se me han rozado los muslos de tanto andar en bañador y de la sal... pero ha merecido la pena. Ray dice que soy una princesita… no le falta razón.

Venice es otro mundo: artistas callejeros, deportistas, hippies, tatuadores, vendedores ambulantes y turistas convivían en armonía por el paseo. Ha sido como en las películas, pero más "de verdad". Siempre digo que soy de la opinión de que puedes ver documentales y leer libros pero no aprenderás tanto como viajando. Ha sido el olor, el sonido de las olas, la luz de bronce de esa puesta de sol interminable, el sabor de la comida de Acción de Gracias improvisada de la que hemos disfrutado... ha sido todo.

Pavo, batata, guisantes, stuffing, un bollo, mermelada y puré de patatas con gravy

Para empezar, hemos ido a un muelle que me ha recordado al de Brighton y cómo no, la pequeña ludópata que hay en mí ha tenido que ponerse a jugar cuando ha visto que había una máquina de El Mago de Oz, de esas que metes monedas y te caen. Al final me han salido varias fichas rojas y verdes y una tarjeta de Dorothy. Cuando he visto que lo que podía conseguir a cambio era un peluche horrendo, me he guardado una de cada y he comprado dos tristes caramelos con el resto (que a Ray y a mí nos han sabido a gloria).

Aquí tenéis el muelle


Después hemos bajado a la playa y he metido los pies en el Pacífico ¡por fin! llevaba queriendo hacerlo desde que llegué a Estados Unidos y no había podido. El agua helada, tan fría que dolía, no os voy a engañar, pero no está nada mal que, siendo casi diciembre, apetezca bañarse.

En fin, lo último del día fue ese atardecer majestuoso del que hablaba... Ray y yo contemplábamos en silencio cómo el mar parecía una de esas conchas anacaradas mientras el sol se iba bañando en él. Hasta los pájaros parecían parar a mirarlo con respeto.


Os aseguro que las fotos no son ni de lejos tan bonitas como observarlo en directo.

Ha sido un momento mágico, de esos en los que reflexionas sobre las oportunidades que te está dando la vida gracias a haber sido valiente. Sobre lo efímero de algunos momentos y que, precisamente eso es lo que los hace bellos.... como me dijo una vez una profesora, hace ya muchos años: “ya nunca volverá a ser 24 de nov de 2016, lo que hagas hoy será único y quedará para siempre como recuerdo de este día”.

Día 2
Estoy nerviosa. Ray me tiene preparada una sorpresa para hoy y no sé qué es, es mi regalo atrasado de cumpleaños. Creo que vamos al parque temático de Universal Studios pero no estoy para nada segura. Ahora estoy esperando en una estación de metro sola: resulta que las tarjetas son individuales yo he pasado primero y él no podía; el pobre se ha ido a comprar otra pero está tardando. A ver qué pasa.

4.15
Qué pasada... Sí que hemos venido a Universal Studios. No es un parque excesivamente grande, como Disney, pero tiene muchísimas atracciones. Comenzamos con un tour por el parque para tener una idea general de todo. Durante una hora, una especie de trenecito te llevaba por los diferentes sets de rodaje, que iban desde Amity Island (donde está ambientada Tiburón) hasta el Lejano Oeste o la pequeña Europa, pasando por los estudios donde se rodaba CSI o La Voz y los antiguos despachos de Hitchcock. En tres ocasiones, hubo experiencias inmersivas 3D: un terremoto en una estación de metro que apareció en un capítulo de Bones, una pelea de King Kong contra unos dinosaurios y una persecución de Fast and Furious donde hologramas de los actores, que costaba creer que no fuesen de verdad, te hacían ponerte en situación. Al terminar me dio pena haber empezado por ahí, pues pensé que iba a ser lo mejor del día. Me equivocaba.

Lo que más nos llamó la atención y más disfrutamos fue Harry Potter World. Al entrar puedes ver el Howarts express, pasear por Hogsmeade, tomarte una cerveza de mantequilla, ir al callejón Diagon a comprar una varita en Olivanders (y ver la ceremonia de elección del mago), oír a la coral de sapos, sacar dinero en Gringots, escuchar a Mirtle la llorona mientras vas al servicio o pasear por Howarts volando... en una especie de montaña rusa con 3D. Es algo de lo que estoy orgullosa, esas cosas suelen darme bastante respeto y se me hizo difícil resistir la tentación de salir corriendo durante la casi hora que esperamos para entrar (y más con los carteles de advertencia sobre los movimientos rápidos, caídas fuertes, giros, prohibiciones de montarte si tenías cualquier malestar físico...). La espera en sí fue impresionante, de verdad parecía que estuvieses paseando por el castillo: cuadros que se movían y hablaban contigo, hologramas de los actores de las películas vestidos cómo Ron, Hermione, Harry y Dumbeldore te daban la bienvenida y te guiaban por el castillo. Una vez nos montamos y confirmé mi temor de que era una de esas en la que te cuelgan los pies, volamos por los campos de Quiddich, el bosque tenebroso (con sus arañas gigantes), y otros tantos sitios. Los dementores hechos por ordenador se mezclaban con muñecos reales, confieso que cerré los ojos un par de veces... pero lo peor no fue ni cuando nos pusimos boca abajo: cuando tuve miedo de verdad fue cuando se paró de repente y me vi frente a una pantalla blanca y a bastante altura del suelo sin saber qué iba a pasar después. No pasó nada, al poco volvió a funcionar y terminó. No pude alegrarme más de haberme atrevido.



Aquí una pequeña selección de esa parte del parque
El resto del día lo pasamos en Springfield, ayudando a los Transformers a vencer a Megatron, haciéndonos fotos con los velociraptores de Jurasic Park, viendo un espectáculo de Waterworld, con Shrek salvando a Fiona o convirtiéndonos en Minions con Gru.

¿Os suena?

Día 3
No me creo que ya esté en mi asiento en el avión de vuelta. Estoy muy cansada pero ha merecido la pena. Dejo en LA: estrés, miedos y otras tonterías.

Ayer fuimos a Runyon Canyon Park, lugar frecuentado por buenorros sin camiseta que van allí a hacer deporte. Pero no fuimos a eso, la idea era subir a lo más alto a contemplar una panorámica de la ciudad. Estaba bastante nublado, así que sólo pudimos observar las siluetas de los edificios entre las nubes. Aun así, fue bonito contemplar los rayos de sol que se filtraban entre las nubes, como si una serie de pequeños milagros se estuvieran efectuado ahí abajo.

Poco más o menos, esto es lo que se veía

La otra idea era sacarnos una foto con el cartel de Hollywood detrás pero era ridículamente pequeño, tan solo una mancha blanquecina que asomaba borrosa detrás de nuestra cabeza. Visto lo infructuoso del intento, Ray volvió a sorprenderme, esta vez pidiendo un Uber que nos llevó a un parque para perros desde el que había una vista bastante decente con el cartel. El camino hacia allí fue toda una aventura, no sólo por subir por la mítica Mullholand Drive y pasar por un callejón llamado Malaga Road, sino porque el conductor no estaba muy bien de la cabeza... pero ¿qué es un viaje sin algún momento surrealista que dé un poco de miedo? Al fin, llegamos y pudimos hacernos la foto justo a tiempo pues empezó a llover de manera torrencial.

Esta es una de las ansiadas fotos

Pedimos otro Uber para bajar y mientras lo esperábamos bajo un árbol (en California dicen que llueve cinco días al año por lo que no tenía sentido llevar paraguas) me di cuenta de que no me funcionaba el móvil... ya nos veía hechos una sopa caminando unos cuantos kilómetros hasta que vimos que un coche con la pegatina de Uber paraba a nuestro lado. Menos mal, conseguimos bajar de la montaña sin más problema. La lluvia caía torrencialmente, me sorprendió lo rápido que las inmensas avenidas de la ciudad se habían convertido en verdaderos ríos. Saltando charcos, conseguimos llegar a Mel’s Drive-in, un restaurante ambientado en los 50 (tipo Grease, para que os hagáis una idea) donde podías elegir la canción que querías que sonase metiendo una moneda de 25 céntimos en una rockola que había al lado de la mesa. El gran Ray Charles nos deleitó durante unos minutos gracias a eso, mientras disfrutábamos de un batido de Oreo y unas hamburguesas.

Tras parar a comprar un paraguas, visitamos el paseo de la fama (donde están las estrellas rosa con el nombre de los famosos grabados en letras doradas), el teatro chino (donde algunos han dejado las huellas de pies y manos) y el teatro Dolby (donde se celebra la ceremonia de los Oscar). Eso sí, en el centro de LA más es más: en Downtown todo era ruido, gente, luces de colores en las tiendas, música, brillantina, maquillaje... definitivamente está bien para verlo y saber cómo es, pero creo que no me gustaría vivir por allí. Para terminar la tarde fuimos a la estación de trenes de Union, donde se han rodado películas como Blade Runner o Pearl Harbour y a la calle Olvera, la primera de la ciudad, que tiene un montón de tiendecitas mexicanas muy monas. Antes de volver pasamos por Chinatown, toda llena de neones, colores y música, muy al estilo LA, obviamente.

Tras descansar un rato, cenar y arreglarnos salimos a disfrutar de la noche. Me pareció muy curiosa toda la fauna que se movía por los locales de baile y ocio, y me encantó que cada uno pudiese ir como le diese la gana sin que nadie le pusiera mala cara (más todavía que en Seattle). Fue una  experiencia genial para ponerle el broche a este fin de semana.
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Me he enamorado un poco de California, no me importaría para nada volver... y gran parte de la "culpa" la tiene Ray pues lo que he vivido estos días ha sido su LA. Mil gracias una vez más por este último regalo maravilloso de mis 30, sin duda el cumpleaños con mejores regalos de mi vida.

Ahora toca volver a la rutina, trabajar duro para sacar adelante todo lo que pueda en estas tres semanitas que me quedan antes de volver a casa por navidad. Ojalá que la espera haya merecido la pena. De momento, os agradezco las más de 5.000 visitas que tiene ya el blog y la paciencia que estáis teniendo conmigo los que seguís ahí. Un besazo y nos vemos pronto, que tengo novedades interesantes…

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domingo, 6 de noviembre de 2016

38. Trescientos sesenta y cinco días

29 – 10 – 2015 (hace un año)


Quedan 4 horas para llegar a Newark, primera parada en mi viaje a Seattle. Sí, ya me voy... Apenas soy consciente, no me lo creo del todo. Llevo dos días muy intensos de despedidas y llantos. Han sido duros pero preciosos: ha habido regalos, sentimientos que salen a la superficie, personas que te sorprenden, personas a las que descubres.

Se me hace raro saber que en una semana ya conoceré a mis nuevos compañeros de trabajo, habré ido varias veces al lugar donde pasaré los próximos dos años, me habré reunido con mi jefe y sabré más o menos lo que voy a hacer. Estoy un poco abrumada por todo, tengo muchas cosas en la cabeza. Me siento como aquellos marinos que se embarcaban para volver, si volvían, dos años después. Ahora entiendo esos llantos de la familia en el momento de la despedida. En mi caso es mucho mejor, ya que si hay algún imprevisto podría volver en, como mucho, dos días.

Creo que debo mentalizarme y aceptar que debo tomármelo todo con calma, darme permiso para ser torpe al principio y no tener ni idea de nada. Mirar primero alojamiento, teléfono, supermercados, transporte, normas del trabajo... y luego ya pensar en disfrutar de la ciudad, hacer amigos y ser productiva. Paso a paso, step by step.

Qué expectación: ¿cómo será la gente, el clima, la comida, mis responsabilidades...?, ¿Cómo llevaré el idioma?, ¿Haré contactos?, ¿Seré capaz de comer bien?, ¿Será muy difícil la entrada al país? Eeeen fin, creo que este es uno de esos momentos en los que te encuentras con la página en blanco y en los que sabes que puede pasar cualquier cosa....

Todos me dicen que me esperan grandes cosas, pero yo no lo veo así. Nunca se sabe, pero creo que todos confían más en mí que yo misma. Sólo el tiempo lo dirá... De momento espero ser fuerte ante la distancia, valiente ante los retos, perseverante ante las dificultades y tener fuerza de voluntad para que no me puedan la pereza y la apatía cuando toque trabajar duro (ya sea la mente o el cuerpo).

29 – 10- 2016 (un año después)
Totó, me parece que ya no estamos en Europa…” Evidentemente no, veo tan lejana esa frase… Mientras miro sorprendida al hombre vestido de Deadpool que está sentado en la mediana de la autopista, un abuelillo asiático me saca de mis pensamientos y me cuenta que acaban de atender en urgencias a un hombre que ha llegado con heridas de bala, que ha sido la policía y que nunca los llame ni me fie de ellos… me da las buenas noches y se va con su andador a otra parte. Tras eso, me hago consciente de que me sorprenderé de verdad el día que esta bendita ciudad deje de sorprenderme.

Creo que para conocer un sitio debe pasar al menos un año, porque así pasas por todas las estaciones, vives todas las fiestas, los distintos periodos escolares, etc. y yo siento que aún no conozco Seattle, y mucho menos la cultura americana. Sí, Soletes, ya llevo un año entero por aquí. No me parece posible que me sienta tan “en casa” en muchos aspectos y en otros siga abríendoseme la boca cuando descubro cómo son algunas cosas. Tengo mi piso aquí, decorado y utilizado a mi gusto, pero sigo sintiendo que estoy de paso, por mucho que tenga planteado quedarme bastante tiempo.

Había pensado titular este post “Surrealismo made in the USA”, puesto que a pesar de que ya hace un año que llegué, me siguen pareciendo surrealistas muchas de las cosas que veo por aquí. Para el post de hoy tengo pensado algo especial como celebración de este primer aniversario en Ciudad Esmeralda: voy a haceros una recopilación de vivencias de los últimos días que, incluso después de un año aquí, me siguen pareciendo surrealistas. Eso incluye un post de los largos (para compensar el abandono) y bastantes fotos.

Hay otra cosa “especial” que he planeado para celebrar el año: estoy recopilando información para siguientes post según lo que me pedisteis en la encuesta que lancé hace ya tiempo, con idea de publicarlo alguna semana que no tenga nada interesante que contar: se llamarán “La torre de Babel” y “Sólo sé que no se nada 3”. Si no llegasteis a contestarla y os apetece hacerlo (y así decidir sobre los temas), aún estáis a tiempo. Sólo tenéis que pinchar aquí y rellenar el cuestionario

En las próximas semanas hablaré también de las otras ciudades que he visitado o visitaré: Nueva York, San Francisco, Vancouver y Los Ángeles. Y sin más, os dejo con mi top 3 de surrealismo otoñal 100% americano, todo lo que me perdí el año pasado porque aún no estaba aquí o estaba aterrizando.

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3. Malaga, sin tilde
No sé si lo he dicho alguna vez en el blog: soy de Málaga. Una vez, en el periódico SUR, el diario más emblemático de la provincia, publicaron un artículo en el que contaban que había 21 Málagas repartidas por todo el mundo, seis de ellas en Estados Unidos. Me pareció curioso pero me olvidé de ello. El artículo volvió de nuevo a mi memoria cuando mi compañera de trabajo (y ya amiga) May me comentó que había descubierto una de ellas en el Estado de Washington, a unas tres horas de Seattle. Me dijo que si me interesaba podíamos hacer un viaje por carretera, que a ella le encanta conducir (con ella fui a las granjas de tulipanes el año pasado).

Como buena Dorothy, y motivada por el “en casa se está mejor que en ningún sitio” decidí seguir el camino de árboles amarillos e ir a investigar qué era aquella Málaga (Malaga en realidad, sin tilde). Mi idea original era ir al Ayuntamiento y tratar de ver si había alguna historia que la relacionase con la original. May me advirtió que por lo que ella había visto en internet, seguramente sería una especie de agrupación de granjas, algo muy rural y pequeño. Decidimos ir de todas maneras, ya que el Condado de Chelan, donde se encuentra, tiene unos paisajes preciosos en otoño y el mismo camino merecería la pena, seguro.





Juzgad vosotros

Antes de ir a Malaga (a la que, sorprendentemente, la voz del GPS le coloca el acento en su sitio) pasamos por Leavenworth ya que Laura estaba pasando el fin de semana allí y queríamos saludarla. Leavenworth es un pueblo bávaro, con casas tradicionales, artesanía y comida europea (cerveza, pretzels y salchichas también, por supuesto). Me resultó muy curioso y me puse a investigar a ver cómo se había establecido esa comunidad europea ahí en medio de las montañas. Resulta que es todo mentira: hace unos años decidieron tematizar el pueblo para atraer al turismo y revitalizar la economía. Resulta que empezó porque era un buen lugar para hacer una estación de tren y en la época de la fiebre del oro empezaron a construir posadas, barberías, tiendas y prostíbulos para que los mineros encontraran “lo que necesitaban” allí. Evidentemente, ahora no podrían vivir de eso, así que hicieron el cambio.




Hay una tienda que vende artículos navideños todo el año (fotos navideñas cortesía de Laura)

Aun así, no puedo quejarme, la verdad es que es que es realmente bonito. De hecho, estoy pensando en ir en diciembre, cuando esté todo nevado y pongan el alumbrado de Navidad que dicen que es impresionante (si voy dedicaré un post para que lo veáis).

Tras visitar Leavenworth y comer allí nos dirigimos a Malaga, WA. Los carteles a favor de Trump se multiplican conforme nos adentramos en las profundidades del estado… el paisaje sigue siendo precioso. Cuando llegamos veo que, como nos temíamos, Malaga como tal casi no existe; se reduce a una gasolinera, una oficina de correos y unos cuantos graneros solitarios alrededor de un lago ¿Sabéis esas películas en las que secuestran a alguien y por más que grita no la oyen? Podría suceder aquí perfectamente, todo tiene una estética a lo “Twin Peaks” pero en el presente. Decidimos hacer un par de fotos y volver.



Era curiosa la sensación de familiaridad y extrañeza combinada

2. Halloween
- Tía pareces americana.
- ¿En serio?
- Sí, hasta que no has hablado en español con el acento andaluz pensábamos que sí.

Vale, otra prueba más de que “me ha cambiado el estilo”. En fin, el fin de semana de Halloween, mi disfraz de conejo de pascua (pensado en el último momento apañando mi bata de estar por casa) y yo fuimos a una fiesta que se titulaba “cute and creepy” (algo así como “lindo y espeluznante”). Pensé que una especie de conejito de pascua con maquillaje a lo Emo y un corazón luminoso bastaría, total, he estado tan liada que no he tenido tiempo para más.

La vergüenza de montarme en el autobús disfrazada se me pasó cuando vi a una mujer con orejitas, otra con una cesta de frutas en la cabeza y otra con un disfraz de perro. Ojitos (quien me había invitado y la única a la que conocía) y yo llegamos un poco cortadas: era una casa enorme, dos pisos llenos de gente disfrazada, decoración muy conseguida y cosas típicas de las “house party” (las fiestas que se hacen en casa de la gente) como los jelly shots que probé por primera vez.

Son gelatina de sabores a las que han añadido vodka (foto cortesía de Ojitos)


Había disfraces muy conseguidos como uno de Oogie Boogie (de Pesadilla antes de Navidad), otros más típicos como piratas y algunos desconcertantes, como la piedra negra de 2001: una odisea del espacio. La verdad es que fue una noche muy interesante, me hacía falta desconectar… conocí a un grupo de españoles muy apañados al que supongo que volveré a ver, a una pareja de brasileños y a uno de los anfitriones que es de los americanos con más arte que he conocido. Eso sí, sigo estando desentrenada en beber… solamente tomé vino tinto, igual tres copas en toda la noche, e iba considerablemente contenta. Ojitos se fue y no le hice casi caso, fui consciente cuando ya no estaba. Yo seguía en mi pompa hablando con la gente y riéndome de tonterías cuando, de pronto, todo el mundo se iba. Esa noche aprendí una lección valiosa: no te vayas de una fiesta a las 2 de la mañana, porque es la hora de cierre de la mayoría de locales y los Uber se ponen por las nubes.

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Hacer fiestas y disfrazarse o salir a pedir caramelos no son las únicas tradiciones de Halloween. Una de las cosas que tampoco sabía, es que es típico ir a un huerto de calabazas (pumpkin patch) y tallar tus propias calabazas (pumpkin carving) para lo cual hay herramientas específicas y se ofrecen hasta talleres. En el trabajo también se vive intensamente: hay personas que van disfrazadas, otras que hacen dulces especiales y en el hospital de niños habían decorado uno de los ascensores con las siluetas del Skyline de Seattle pero ambientándolo como si fuera Gotham: con una Batseñal en un lado, una máquina de gritos y luces estroboscópicas… os podéis imaginar el susto que me llevé cuando me monté medio dormida por la mañana.

Ejemplo de calabazas talladas (foto cortesía de Ray)

Hay algo que he descubierto hace poco y que hace que mantenga la sensación de que puedo seguir metiendo la pata sin querer porque no conozco la cultura: el concepto de apropiación cultural. Resulta que aquí no te puedes vestir de cosas relacionadas con culturas que no sean la tuya porque se considera ofensivo. De nuevo me parece que se exagera todo mucho… claro que entiendo que no está bien si el objetivo es ridiculizar a la cultura en cuestión o faltar al respeto, eso puede dar lugar a clichés que perpetúen los estereotipos negativos que hay, pero me parece excesivo que no lo puedas hacer si vas de buena fe. Me explico: normalmente te disfrazas de algo que te gusta, de algo que admiras o que te gustaría ser en tu día a día pero no puedes ser. No sé, quizás no lo entiendo del todo porque a mí no me molestaría para nada ver a alguien disfrazado con un traje típico de mi tierra, es más me haría hasta ilusión, pero ¿dónde están los límites? Por ejemplo, no estaría bien visto que me disfrazase de Geisha, pero sí que está permitido vestirse de personajes de películas, entonces ¿si me visto de Sayuri, la protagonista de “Memorias de una Geisha” estoy haciendo lo correcto o no? En fin, que sigo teniendo la sensación de que en cualquier momento puedo meter la pata haciendo algo sin mala intención que jamás se me hubiese ocurrido que pudiese ofender a alguien por algún motivo que se me escapa.

Hay hasta campañas de concienciación al respecto

1. Las elecciones
Como supongo que sabréis, por el bombardeo que dan las noticias, el 8 de noviembre (casi ya) son las elecciones generales de EEUU. El sistema es diferente aquí, según tu condado tienes que votar a un representante y los elegidos son los que finalmente darán su voto a alguno de los candidatos a presidente que, si he entendido bien, son siete.

Los debates presidenciales se viven como todo un espectáculo… no todo el mundo, pero algunos jóvenes se van al bar a verlos y hay hasta juegos de beber y bingos relacionados. Es muy diferente cómo tratan el tema para que la gente sepa que puede votar, dónde y cuándo. Siendo un país tan grande, supongo que tiene sentido organizarse bien. El primer paso para poder votar es registrarse (no vale con estar censado, puedes hacerlo por Internet, pero tienes que hacerlo). Me sorprende mucho la implicación de todo tipo de entidades y personajes a este respecto: Facebook, Google, Twitter, Coursera, y muchos otros lo promocionan, y ha aumentado el número de inscritos con respecto a otros años. Incluso en algunas series de televisión se han rodado mini episodios para concienciar a la gente.




Aquí tenéis algunos ejemplos

Por último, hay todo tipo de merchandising, tanto serio, para apoyar a los candidatos, como de broma, para reírse de ellos. Se pueden comprar desde pines hasta pastillas de menta, libros para colorear, chapas, bolígrafos, camisetas o pelotas anti estrés. Mis amigos americanos me han dicho que esta elección es cualitativamente diferente de las anteriores, que las otras no han sido tan mediáticas y que la gente no estaba tan exaltada. Es lo de siempre: hay dos grandes partidos que a mucha gente no les gustan. Estos se debaten entre dar su voto al “menos malo” de los dos o seguir sus ideales y votar a alguien que seguramente no ganará (arriesgándose así a que el peor, en su opinión, pueda ganar). Ay, Soletes, qué complicado es esto de la democracia… aún así, no sé qué otro sistema podría ser mejor. En fin, ya os contaré qué pasa después.
 
Esta pegatina también la he visto en algunos baños móviles, de esos que ponen en las obras



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Soletes, no quiero despedirme sin daros las gracias por seguir ahí alimentando mis ganas de seguir escribiendo. Sé que no he sido muy buena “bloguera” en estos últimos meses, ya que el trabajo u otros planes divertidos me han dejado sin tiempo o energía mental para escribir de forma regular. Aun así, mi doble objetivo de probar esto de enseñar lo que escribo y estar más cerca de vosotros creo que se ha cumplido. Como siempre, cualquier comentario o sugerencia es bienvenido, ah, y ¡No os olvidéis de contestar la encuesta!

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