domingo, 24 de enero de 2016

11. ¿Quién vive ahí?


18 de enero
Parece magia. Las pequeñas luces blancas van formando una fila alrededor de los muebles, iluminando los huecos de la mesa y la estantería de una forma casi teatral. En cierto modo me recuerdan a las candilejas, esas velas que iluminaban los teatros antiguos desde la parte de abajo del escenario. Quizás sea porque el suelo es de madera y parece uno, en cualquier caso, me hace sentir a gusto, me invita a vivir experiencias interesantes este “escenario” que he creado en mi pequeño apartamento. Como dicen un par de canciones: “que venga la magia”. Estoy preparada.

Lo que parece casi alquimia es que hace menos de dos meses el apartamento consistiese en un hueco rectangular, todo pintado de gris, con unas cuantas cajas de cartón gigantes amontonadas en el centro. Quizás por eso me gustan tanto las manualidades, quizás por eso he aprendido a tejer. Me fascina el poder transformador que puede tener un poco de tiempo y creatividad. Cómo un espacio desangelado,  frío e inhóspito puede llegar a convertirse en un lugar para atreverse a soñar. Sé que es algo efímero, pues no creo que esté aquí más de dos años, pero merece la pena. Como dice un proverbio hindú que a veces me recuerda mi madre: "sólo poseemos aquello que podríamos salvar de un naufragio" y creo que ahí reside uno de los aspectos más agridulces de la vida: la belleza de lo efímero. Lo que creemos que tendremos ahí para siempre parece carecer de interés y se nos olvida que no poseemos nada, que no sabemos lo que va a pasar mañana y que es mejor disfrutar del presente. Por eso, aunque ya habéis ido siguiendo mis andanzas por la tierra de Oz, hoy quiero centrarme en mi guarida, mi nido, mi cubil, mi palacio.

5 de diciembre de 2015
Después de pasar la primera semana en un apartamento de Airbnb y el siguiente mes en un hotel, conseguí encontrar un apartamento habitable, que me admitieran como inquilina, dar de alta la luz, comprar los muebles, en fin, todo lo que ya relaté en los post 4 y 5. Una vez me entregaron las llaves y miré a mi alrededor fui consciente: había tomado la decisión de pasar los próximos dos años en un piso cuyo tamaño era la tercera parte del de mi anterior vivienda, no tenía habitaciones y costaba el triple.


Con vosotros, el lienzo en blanco (en marrón y gris, más bien)

Bueno, a ver qué podemos hacer con esto… la verdad es que el cuarto de baño está muy bien, sobre todo comparado con las cosas que he visto por ahí.


Aquí el protagonista de la fuga de agua de la primera noche

Anda, sí que era grande el armario… no me extraña que los niños tengan pesadillas con los monstruos que pueden esconderse ahí ¡Cabe una familia entera!


O uno muy grande

¡Genial! Ya están aquí los muebles. Estaba un poco preocupada por cómo abrirles la puerta a los de IKEA (aún no manejo bien eso de abrirla utilizando el móvil), o porque algún mueble no cupiese en el ascensor, pero todo ha ido bien.


En este momento tuve dudas acerca de si tendría que salir yo del piso para que cupiesen todos una vez montados… la percepción del espacio nunca ha sido mi fuerte

Ahora sólo tengo que abrir las cajas y empezar a montarlo. A ver dónde están las tijeras… ¡Aquí! ¿En serio?, ¿Vienen atadas con una brida? Bueno, voy a buscar los cuchillos de cocina y la corto con uno. El envase no se abre, es de plástico del duro. ¿Y si uso un abre latas?


Problema resuelto

Tras un duro día de trabajo (con el incidente de la fuga de agua incluido) me fui a la cama envuelta en el caos, deseando haber comprado una colchoneta para dormir en el suelo al estilo japonés y optado por una decoración minimalista.


Con lo bonito que estaba el piso vacío…

A la mañana siguiente me tocó enfrentarme a unas mesas y una estantería yo sola (para el sofá cama conté con la ayuda de Laura, menos mal). La verdad es que fue un buen método para tener la mente ocupada mientras venían los de mantenimiento.


El combate fue duro pero gané (creo) al menos todavía sigue en pie

Un incidente añadido que no comenté en los anteriores post es que me encontré con unas cuantas sorpresitas que tardaron varias semanas en arreglarme, de aquella manera, a fuerza de insistir. Lo comento porque cada vez estoy menos de acuerdo con eso de “estas cosas sólo pasan en España”.


Esta era mi preciosa caja de fusibles a medio terminar


Y este el congelador de una de las neveras (tengo dos pequeñas) nuevas. Let it go, let it go…

Volvemos al 18 de enero
No os aburriré con el resto del proceso, sólo os diré que tras muchas horas de pensar qué hacía, y algunos viajes a IKEA y otras tiendas de cachivaches, este es el resultado (que probablemente acabaré cambiando):


El nido


La isla de la cocina


La cocina

El baño

El rincón de las candilejas

Ahora le toca el turno a los exteriores, por supuesto.

Vistas desde la terraza del edificio, planta 15


Decoración de la entrada. Porque eso de plantar flores está demasiado visto.

Además tengo acceso a un gimnasio, que no está nada mal, a una piscina, un jacuzzi y una zona común con sofás y mesa de billar que se puede reservar si la quieres en exclusiva para algún evento (os pongo aquí la página web de la inmobiliaria que gestiona los edificios, por si queréis cotillear todo lo que os cuento). También tienen varios servicios incluidos como: mantenimiento, recoger los paquetes que te lleguen, regarte las plantas si no vas a estar en casa, hay una cafetería de autoservicio, cada mes organizan eventos (noche de juegos, concurso de cocina, fiesta de navidad, etc) y hay hasta una red social del edificio. Creo que, después de todo, sí que tengo algunas ventajas con respecto a mi piso anterior, de hecho, no creo que pueda volver a permitirme vivir en un sitio con todas estas comodidades.

23 de enero, pasada la media noche
Miro a mi alrededor y tengo un poco de miedo. De alguna manera estoy consiguiendo hacer muchas de esas cosas que tantas veces me había propuesto pero que quedaron convertidas en simples “buenos propósitos”. Estoy consiguiendo ser constante, que no me coma el caos y el desorden, cuidarme… Me encanta esto. El apartamento es algo material pero de alguna forma refleja todos esos logros, todas esas metas y sueños que se van cumpliendo. Casi no me creo que sea yo, que esto me esté pasando a mí. Las cosas aquí son muy diferentes y, en ciertos aspectos, más difíciles. Ese tiempo que ahora dedico a crear o invierto en proyectos personales es tiempo que dejo de pasar con mi familia y mis amigos… si pudiera elegir, escogería una y mil veces estar con ellos y ser un poco más desastre. Pero no puedo elegir. Por eso intento sacar provecho de la situación y explorar los “hobbies de interior” que me ayudan a teñir de color estos días grises y recogidos. Mi miedo es que esto no sea real, que en algún momento me abandone a la dejadez o se me acaben las ideas, que esté en una especie de “luna de miel” con la ciudad y empiece a odiarla un día, de repente. Supongo que no será así: como ya habéis podido comprobar, no sólo veo cosas bonitas en mi experiencia y, por tanto, creo que estoy siendo realista. Supongo que entonces mi miedo puede ser como esa sensación que tenemos a veces cuando pensamos que nos va demasiado bien, que en algún lado debe estar el fallo. Pues no quiero, me rebelo, me quedo con el “lo consiguieron porque no sabían que era imposible”. Me va a ir bien y punto. Decidido. Y dicho esto, me voy a dormir.

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-       Knock, knock
¿Han llamado?
-       Knock, Knock
Sí, qué raro que peguen a la puerta tan tarde, a ver si ha pasado algo y algún vecino necesita ayuda...

Abro la puerta y me encuentro a un armario empotrado con pinta de sueco y a un chico negro con pinta de ir muy bebido. Me arrepiento de no tener una cadena o algo que me permita impedir que entren por la fuerza. Les pregunto qué quieren y empiezan a contarme un rollo sobre que habían dejado los zapatos en el rellano y alguien se los había robado (todo eso gritando). Les digo que bajen la voz, que es más de media noche y habrá gente durmiendo, que llevo un rato escuchando a varias personas gritando y riéndose… Me dicen que están intentando irse pero no pueden porque no tienen zapatos, que si he visto algo. ¿En serio? Voy vestida con una bata rosa de un conejo, estoy en zapatillas y con un moño ¿Tengo pinta de haber estado por ahí? Les digo que no he salido y les cierro la puerta en las narices. Ante mi sorpresa, oigo que siguen llamando a más puertas… no me extrañaría que algún otro de sus amigos sea el que le ha robado los zapatos para hacer la gracia, o tal vez algún vecino que ha decidido tomarse la justicia por su mano y vengarse por todo el escándalo, quién sabe.

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Perdonad la interrupción Soletes, estoy tan desconcertada como vosotros. Pues listo, ya os he contado cómo es ese rincón de Seattle que sólo yo veo y que, de alguna manera, se ha convertido en mi lugar seguro en esta gran Ciudad Esmeralda. No voy a deciros que es mi casa porque soy de las que piensa que su casa está donde está su corazón… y el mío está muy muy lejos de aquí.

Volveré la semana que viene con un post que, como os comenté, incluye la colaboración de varias personas. El post es… no sé ni cómo describirlo. Sólo puedo deciros que viaja… mira, no os voy a decir nada sobre el contenido pero sí os voy a revelar el nombre, su título es: “Norte, sur, este y oeste”.


¡Que tengáis una semana genial!

5 comentarios:

  1. Intriga. .. a esperar el próximo. .☺☺

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  2. Intriga. .. a esperar el próximo. .☺☺

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  3. Qué mono te ha quedado el apartamento después de tantas peripecias! !!!! Cómo se te ocurre abrir la puerta sin preguntar??????

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