domingo, 29 de julio de 2018

69. Extraños en la noche

“Strangers in the night
Exchanging glances
Wondering in the night
What were the chances”
Strangers in the night, Frank Sinatra
 
Hola Soletes, la verdad es que no sabía a qué dedicar mi siguiente post y, muy a mi pesar, la inspiración ha venido de la forma más inesperada. Mis últimas semanas han consistido básicamente en trabajar durante casi todo el día, ducharme, cenar y dormir, por lo que no tenía nada digno de reseñar. ¿Os acordáis de lo que os conté de los botes de el lago? Pues resulta que cuando intentamos ir a coger uno el sitio estaba cerrado. Había en la puerta un cartel diciendo que uno de los trabajadores había desaparecido el 4 de julio y lo estaban buscando... así que me quedé preocupada y sin paseo. Otra excepción a la rutina es que fui con Ojitos, que por cierto: ¡ha vuelto a Seattle!, al Dragon Fest, una celebración de la cultura asiática que tiene lugar en el distrito internacional. En una frase: tremendo calor, nos pusimos hasta arriba de comida y se les ocurrió poner un escenario en pleno sol sin toldos... o sea que tampoco hay nada digno de reseñar. Así que aquí va una de esas historias curiosas que supongo que podrían pasar en cualquier parte del mundo pero que a veces creo que sólo me pasan a mí. ¿Tenéis las palomitas a mano? 
 
29 de julio
1.00AM
Por fin a dormir. Las temperaturas llevan varios días subiendo de 30 grados, lo que supone un calor inusual para Seattle que convierte mi minúsculo apartamento en un invernadero que se queda recalentado incluso por la noche. Como consecuencia, estoy durmiendo con la ventana abierta. Resulta que están arreglando la autopista que está a tres calles de mi edificio y a veces hacen un ruido insoportable, por lo que me encontré durmiendo con antifaz y tapones. Había sido un día largo y pensé que una noche de sueño reparador sería lo que me ayudaría a recuperarme. Ilusa de mí.
 
2.54AM
Mi corazón palpita con fuerza, algo va mal pero no sé qué es. Salgo del mundo de los sueños mientras me doy cuenta de que alguien está aporreando mi puerta y, a duras penas, atino a quitarme los tapones, atino quitarme el antifaz, y no atino del todo a ponerme los pantalones (es verano, así que a veces duermo con una camiseta). Me acerco a la puerta con mil posibilidades rondando por mi cabeza: ¿hay un incendio y los bomberos vienen a sacarme?, ¿algún vecino borracho intenta entrar al apartamento equivocado?, ¿A mi ex le ha dado un chispazo y ha venido aquí de madrugada? Me asomo a la mirilla y no hay nadie. El corazón me va a mil por hora y no puedo volver a dormirme… me siento vulnerable, como si tuviera que permanecer alerta.
 
Unos minutos después veo unas sombras en el pasillo. Me preparo para abrir la puerta cuando llamen pero no sucede, en lugar de eso oigo cómo algo se arrastra por el suelo. Enciendo la linterna del móvil para no delatar que estoy despierta y alumbro la zona cercana a la puerta. Han metido una tarjeta por la ranura… creo que descartamos los bomberos.
 
Básicamente la nota me preguntaba que si había movido los altavoces, que nunca antes había oído mi música y que ahora parecía que los tenía en su dormitorio. Y que le gustaban mis listas de reproducción. 
 
¿Qué? ¿Alguien pensaba que estaba dando una fiesta y por eso aporreaba mi puerta? Pero a quién se le ocurre no asegurarse primero, pegar la cabeza a la puerta para asegurar que la música venía de ahí o algo. En mi apartamento no se escucha absolutamente nada. En fin, mañana lo diré por el muro virtual de la comunidad.
 
Prueba A
 
Tras mucho luchar me quedo dormida sobre las 5.
 
6.00AM
Llaman otra vez.
 
Salgo de la cama como un rayo, esta vez decidida a tirarle de las patillas a quien sea que me esté haciendo pasar por este sufrimiento y me encuentro con mi vecina de al lado, una mujer de unos 50 años a la que apenas he visto en los 6 meses que lleva viviendo aquí. Me quedo muy sorprendida, se me queda mirando con cara extrañada de que yo tenga cara obviamente de dormida (y supongo que de cabreo) y de que estén todas las luces de mi casa apagadas. Le preguntó si ha sido ella la que ha estado llamando a mi puerta por la noche y ha dejado una tarjeta por debajo de la puerta y me dice que sí, que se va a volver loca que lleva toda la noche escuchando música y que le perdone, que pensaba que era yo porque no tiene más vecinos al lado. Así que le digo que seguramente serán los de arriba o los de abajo, que se queje a la inmobiliaria. 
 
Entonces me dice: “corre, entra mi casa que quiero que escuches la música”. A todo esto, yo estaba sin sujetador, con los pelos de loca de acabarme de despertar, descalza, y en pijama. No sé por qué, le hice caso y me dirigí a su apartamento mientras recordaba cómo alguna que otra vez la había oído discutir a gritos por teléfono y recé porque no estuviera loca de verdad. Entré en su apartamento y por el camino pise una toalla mojada (que supongo que habría puesto originalmente debajo de su puerta intentando amortiguar la música infernal que venía de "mi apartamento"), qué asco. Llegué a su dormitorio, decorado con muy buen gusto, por cierto, y no se oía ni una mosca. Me dijo, totalmente frustrada, que cuando vino a llamar a mi puerta pasó lo mismo, que la música paró un rato... que por eso pensaba que era yo.
 
Le dije que si le volvía a pasar podía avisar a la patrulla de cortesía, que para eso estaba. Emprendí el camino de salida hacia la puerta, lo único que quería era irme a intentar descansar de una vez. Ella se volvió, me sonrió y me dijo: “soy Rachel, por cierto”. Le estreché la mano y me largué como alma que lleva el diablo.
 
 Eso es lo que he dormido hoy según mi Fitbit: poco tirando a una m*****
 
11.30AM
Me voy a meter en la ducha y escucho un ruido fuera. Veo a mi vecina en el pasillo, entre su apartamento y el mío, de pie sin moverse, mirando al infinito. No ayuda a que me sienta mejor.
 
1.45PM
Oigo más ruidos y me asomo cuan vieja cotilla por la mirilla. Veo a la susodicha hablando con un hombre, que entiendo es de mantenimiento del edificio. Parece que está enfadada. No oigo bien lo que dice pero me parece que no habla de la música… habla de oír arañar, de que no está loca (cosa que empiezo a plantearme como posibilidad) y de que estaba en la cama y tocó “el cuerpo”. Seguidamente dice que se va abajo, que cuando acaben tiren las sábanas a la basura.
 
Sí, me vine arriba y me puse a jugar a los detectives... ¡Tenía derecho a la verdad!
Madre mía, esto sí que me interesa… ¿Y si hay una plaga de ratones o algo? Y, ¿qué es eso de “el cuerpo”? (he preguntado a un par de amigas si se puede usar en inglés para referirse a animales, a ratones o cucarachas y me han dicho que no. Quizás no lo oí bien.
 
Viene otro hombre y junto con el primero (el de mantenimiento) entran en el apartamento pegando un portazo. No oigo nada más hasta que la guapa decide volver y pregunta: “¿Habéis encontrado alguno/a?” entiendo que debieron de contestarle que no, porque lo siguiente y último que escuché fue: “Pues entonces tenemos un problema”.
 
Y así me he quedado, sin saber qué narices cree ella que ha pasado, qué ha pasado de verdad y si tengo que preocuparme porque me coman las ratas o por tener una vecina con un trastorno bipolar que irrumpa en mi piso a media noche (digo esto porque sé que un brote de manía se puede desencadenar por la falta de sueño y a veces vienen acompañados de alucinaciones). Pero así es Seattle, Soletes, no importa el lugar ni la hora: el espectáculo está servido.
 
Fin(?)
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Por cierto, Soletes, en dos días viene mi familia a visitarme. Estoy muy contenta e ilusionada, pues hace como cinco años que no vamos los cinco juntos de viaje. El fin de semana que viene haremos un viaje por carretera alrededor de la Península de Olympic, tal como hice con mis hermanas el marzo pasado, cuando nos encontramos con el hombre lobo (podéis volver a leer el post aquí). Al otro vamos a visitar Vancouver, así que prometo volver con uno o dos post viajeros ilustrando esas nuevas aventuras. 
 
Disfrutad de las vacaciones si os contáis entre los afortunados que tenerlas.

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