sábado, 26 de diciembre de 2015

7. Wet Christmas

En Ciudad Esmeralda no nieva en Navidad casi ningún año. Lo que muy probablemente caerá del cielo es agua. Por eso, en lugar de una “white Christmas” (blanca navidad) creo que aquí tiene más sentido llamarla “wet Christmas” (navidad mojada). En el post de esta semana relato cómo han sido mis primeras navidades lejos de casa, cómo se vive la fiesta en el norte de la Costa Oeste de EEUU.

20 de noviembre
Se han pasado. ¿Cómo puede ser que aún no hayan celebrado Acción de Gracias y ya estén poniendo villancicos en el supermercado? Me he puesto de mal humor, no sé por qué, anda que no habré escuchado veces a Mariah Carey cantar “All I want for Christmas is you”… creo que no ha sido por la canción, quizás es porque me he hecho consciente de que por mucho que mi mejor regalo de Navidad hubiese sido estar con los míos, eso es justo lo que no podré tener.

Esto estaba ya así en noviembre

9 de diciembre
Me da un poco de pena pensar en las navidades. Me imagino el momento de ir a buscar, entre todos, los regalos para la familia y me da sentimiento saber que yo no estaré involucrada en ese proceso. También me imagino los preparativos de la comida, a todos poniéndose guapos, cómo es el momento de abrir los regalos o de estar todos juntos. Supongo que, como siempre, cuando llegue la hora de la verdad no será para tanto. Estaré distraída y no será tan duro.

Aquí empiezan pronto con las decoraciones también
 
18 de diciembre
Hoy ha sido la fiesta de navidad para los residentes de mi comunidad. Uno de los agentes inmobiliarios me ha abrazado al llegar. Había champán, picoteo, vecinos con jerséis de renos (sí: los jerséis feos navideños existen, no son un mito) y he visto un par de abuelillas bajar encorvadas, envueltas en una bata, recolectar un poco de comida en un plato y marcharse silenciosamente (algo fácil cuando vas en zapatillas). Una de ellas llevaba un peluche bastante grande. Los vecinos no parecían muy abiertos a interactuar con personas que no conocieran, he terminado hablando y jugando al billar con una pareja de la India que me ha invitado a ir a su boda allí. Ha sido todo un poco raro.
 
Carteles navideños de los dueños de la comunidad
 
19 de diciembre
Hoy estoy algo melancólica: es el concierto de Navidad de la Universidad de mi ciudad y no voy a poder ver mi hermana cantando. Ayer fue el amigo invisible entre los compañeros de mi antiguo trabajo y no pude estar presente. Se acerca la Navidad, me da pena saber que la voy a pasar sola pero no sé si será casi peor para los que se quedan en casa, para mí todo es nuevo, para ellos el contexto no cambia y se dan cuenta de que les falta algo: yo. En fin, que el “wet Christmas” puede que no sea sólo por la lluvia, sino también por mis ojos. A ver cómo llevo estar separada de la familia en “la época más maravillosa del año”, en especial porque desde que vivo fuera (5 años ya) las navidades eran para mí sinónimo de estar junto a los míos.
 
Uno de los impresionantes escaparates que decoran el centro
 
21 de diciembre
Las galletas tipo turrón siguen apareciendo por los pasillos de la oficina. Y yo que pensaba que al no estar en casa no iba a ser una lucha el controlarse para no acabar con unos cuantos kilos como regalo de Reyes... Pascueros, pegatinas que simulan ser copos de nieve y hasta luces de Navidad decoran los puestos de trabajo. Hoy me he encontrado a una chica con un gorro de Santa Claus y calcetines de elfo en la sala de descanso.
 
También se lleva eso de poner árboles enormes en la calle
 
23 de diciembre
Hoy es uno de esos días en los que resulta fácil. Resulta extremadamente fácil el ejercicio de dar las gracias por 3 cosas antes de irse a dormir. De hecho me sale de forma automática, sin querer. Un muñeco de nieve me sonríe desde mi mini árbol de Navidad, el primero que tengo en mi vida, y pienso en lo linda que fue Laura al regalármelo. Tuvo el detalle cuando apenas nos conocíamos, me lo regaló a modo de “housewarming present” una costumbre que tienen aquí de reglarte algo para poner en casa cuando te mudas.
 
Estos son los susodichos
 
De las cálidas luces que proyectan sus pequeñas bombillas, mi vista pasa a asomarse por la ventana. Me quedo perdida en la noche, observando cómo los rascacielos me hacen guiños desde sus ventanas. Se repite entonces una sensación que experimentaba a veces en mi anterior ciudad: me asomaba al balcón, me quedaba escuchando los ruidos del barrio por un momento y me hacía consciente de que todo eso (la libertad de tener un piso, el poder ser independiente) lo había conseguido con mi esfuerzo. Era una sensación de saber que mis pasos me habían llevado a ese bienestar. Y mi mente entonces no puede dejar de ser consciente de que no ha sido sólo gracias a mí. Pienso en mis compañeros, en mis profesores, jefes, amigos, en mi familia… todos piezas únicas e increíbles del diseño de lo que soy hoy. Ahora es mi oído el que toma el control de mis pensamientos y da las gracias al destino por haberme presentado a Patrick Watson.
 

De nuevo me sorprendo al descubrir que estoy ilusionada por vivir el día de mañana y pasado: Nochebuena y Navidad. En un país donde no hace ni dos meses no tenía conocidos, tengo dos planes geniales. Mañana voy a cenar a casa de Carmen, una chica del grupo de españoles con la que he conectado muy bien, así también conoceré a más gente. Pretendía ir en autobús hasta su casa (en la quinta puñeta hacia la derecha), con este tiempo, con el transporte público funcionando regular, cargada con cosas para la cena… pero no me parecía bien que viniera la pobre a por mi, así que no le dije nada. Al final se ha ofrecido ella a recogerme, así que nada: otra vez en plan señorita.
 
Para rematar, el día de Navidad mi jefe me ha invitado a su casa. Me da un poco de vergüenza porque va a ser una cena íntima familiar pero con lo cálidos que son no me cabe duda de que será genial. Laura iba a ir (y yo en su coche, estos viven cinco puñetas más lejos que Carmen, no se puede ir en autobús) pero le surgió otro plan, así que me recogen también.
 
Aquí es cuando me paro y me pregunto: ¿y esto? De verdad, a veces nos quejamos de las personas, a veces hay momentos en los que no me puedo creer que sea tan “pupas de la vida” pero otras… simplemente no puedo creer que tenga tanta suerte, que haya tantas personas a mi alrededor que se porten así de bien conmigo.
 
 Aquí los edificios guiñadores
 
Muchos me dicen que soy valiente por haber venido tan lejos sola. Y puede ser. Pero de verdad que me estoy sintiendo arropada, de verdad que estoy a gusto en mi piso (una sorpresa se avecina al respecto, por cierto), sigo alucinando con el trabajo, haciendo cosas de las que no me creía capaz, creciendo, soñando… en definitiva, que no me arrepiento para nada de mi decisión de venirme a vivir aquí. También me alegra saber que sigo teniendo amigos de verdad en España que se acuerdan de mí a pesar del caos que suponen estas fechas y dedican tiempo a hablar conmigo.
 
El tiempo aquí es asqueroso, sí, la comida… hmmm corramos un tupido velo y hay muchas cosas que no me caben en la cabeza pero creo que en el fondo eso no hace más que reforzar lo que ya sé, como diría mi querida tocaya: “en casa se está mejor que en ningún sitio”.
 
24 de diciembre
7 de la tarde
Ha sido un día raro, nunca había trabajado en Nochebuena (tampoco es que me haya matado hoy, todo sea dicho) y creo que ahora entiendo un poco mejor a todos esos médicos de guardia, camareros, personal de seguridad, taxistas, periodistas o quien quiera que le toque dar el callo mientras la gran mayoría de los mortales se divierte. Vas recibiendo mensajes de WhatsApp con fotos ñoñas, vídeos cursis y festivos, el Facebook se llena de personas con gorritos de Papá Noel y cuernos de reno. Ves las mesas rebosantes de platos, los jersey festivos, y se hace raro. Es como cuando en pleno febrero ves las fotos en bañador de aquellos que se han ido de viaje de fin de carrera al Caribe. Te gustaría vivir lo mismo que ellos pero tampoco es que tengas la disposición de estar ahí en medio… quizás es como cuando vas a una fiesta, no bebes nada y tus amigos están “contentillos”. Por una parte te gustaría estar en su rollo y pasarlo así de bien, pero no. Pues así es como me he sentido hoy. No he tenido esos nervios en la barriga al prepararlo todo, esa ilusión por reencontrarme con mis tíos y mis primas como cada año pero no me está dando tanta pena como esperaba. A ver, un poco sí. Pero como siempre: no es tan malo. Pienso que ya vendrán más años, que así valoro más lo que me pierdo. He de decir que un poco de cuerpo de fiesta sí que tengo, a ver qué me espera en casa de Carmen. Jujuju.
 
Laura hoy me ha dado mis regalos, yo estoy esperando a Reyes porque pensé que le haría más ilusión. La verdad es que no me esperaba tantas cosas: un clavel aéreo (una mini planta muy graciosa), licor, bombones y un palo de selfie.
 
1.45 de la mañana
Es madrugada. Madrugada de verdad, casi las 2 de la mañana, toda una hazaña estar despierta a estas horas en este país. La cena ha estado genial: he comido jamón serrano por primera vez desde que llegué a Seattle, en una tapa con huevos de codorniz que estaba riquísima, también había queso y chorizo, y lomo a la mostaza antigua,  todo regado con un vinito español y otro de California. Carmen es un amor, además de hacer la cena y traerme hasta aquí nos ha regalado un calcetín lleno de chuches, y nos ha preparado un juego para la sobremesa. Hoy he practicado mi inglés, me he reído y he tenido una noche diferente. Una vez hube llevado el gorrito de elfo y el de Papá Noel un buen rato, tuve que tragarme mis pensamientos de las horas anteriores sobre lo lejano que me parecía todo eso.
 
Ñam, ñam
 
25 de diciembre (fun, fun, fun)
Son las nueve de la noche y estoy exhausta, ha sido un día larguísimo. Esta mañana tuve un maxi Skype con mi familia. Habría unas 20 personas a la vez en mi salón, se fueron algunas y llegaron más… fue muy bonito, cantamos villancicos típicos de Extremadura, me pusieron un poco al día de sus vidas, les conté un par de curiosidades, vi a una peque que hacía mucho que no veía. Me dio un poco de pena al principio, pero después se me pasó.
 
A las 4.30 me recogió mi jefe para cenar a las 5. Me sorprendió que tuviese un coche deportivo azul intenso, no sé por qué me me imaginaba un Mustang o algo así, en algún color oscuro o plateado. La media hora de camino fue agradable, hablamos de comida, de las luces de Navidad y cosas por el estilo. Cuando casi llegábamos a su casa, pude comprobar que las ostentosas luces navideñas de las películas son reales, sus vecinos además decidieron que incluir un muñeco de Darth Vader, con su espada laser encendida, sería el colofón perfecto para este año.
 
Hasta al Space Needle le han colocado un "gorrito" de luces a modo de árbol de Navidad

¡La cena estaba deliciosa! Una receta francesa de estofado con una ternera que casi se deshacía en la boca, ensalada de: espinacas, pasas, nueces, pera al horno y tostadas con queso azul, patatas asadas con romero y calabaza a la plancha con un toque de pimienta. De postre hemos tomado mi ya clásica tarta de piña.
 
Sencillamente, me encanta
 
¡Me han regalado una cesta enorme llena de cosas apetitosas! También dos CDs de música folk antigua. Esto es genial, genial para conocer esta cultura y entender estas tradiciones. De nuevo me han llevado y traído, de nuevo me he sentido muy cómoda y de verdad que he pasado una noche cálida y agradable. En un momento dado, me encontré a mí misma intentando explicarles la expresión “tener más años que un saco de gnomos”, en fin, yo y mis cosas… espero no haberles espantado.
 
Parece que he sido una niña muy buena, tengo más cosas de las que podría haber imaginado
 
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Si tuviera que resumir mi impresión general sobre las fiestas, diría que no son muy diferentes a las de España: las familias se reúnen, se intercambian regalos, se come más, se compra mucho, se escuchan villancicos y todo está decorado. Hasta tienen el típico mensaje de Navidad, sólo que en vez de darlo el Rey lo da el Presidente. Quizás las principales diferencias sean que no hay tantos días de vacaciones y que no se celebra el día de Reyes. Siento si ha sido una decepción en ese aspecto, veremos si fin de año se vive de manera diferente. Lo sabré y lo sabréis la semana que viene. Hasta entonces, que disfrutéis del último suspiro de este 2015 que casi casi se nos va.


PD: mientras terminaba de escribir estas líneas una buena amiga me ha dicho que ha sido mamá por primera vez. Ese sí que ha sido un regalo precioso. Les mando un beso especial a ella y a su bebita.

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