sábado, 22 de julio de 2017

54. ¿Sabéis lo que se ve desde la torre más alta de Toronto?

Pues yo tampoco lo sé, Soletes, porque era muy caro subir, las colas son larguísimas y apenas tuve tiempo. Lo que sí puedo deciros es que ni de broma se ve "Torontoentero" porque la ciudad es enorme. En el post de esta semana os hablo de mi intensa visita a la ciudad.

SÁBADO
No sé cómo me las arreglo. No importa el tiempo que dedique a preparar un viaje, la semana anterior acaba siendo un frenesí de papeleos, cosas por terminar, compras de última hora y jaleos varios. Pero merece la pena, siempre merece la pena. Cada vez es más fácil: tengo un par de bolsas medio hechas con "los imprescindibles del avión" que termino de arreglar en un segundo. Si vais a viajar este verano os recomiendo este post, por si os lo perdisteis.

Cuando me ha sonado el despertador pensaba que me había equivocado al poner la hora, no podía ser que tuviese tanto sueño, pero no: 3.30, hora correcta. A las 4 me estaba esperando mi conductor, que al ser a esa hora y no haber tren, contraté el viaje por adelantado porque no me fiaba de que no hubiese conductores de Uber despiertos y me quedara en tierra. El servicio se llama Wingz y está muy bien, lo recomiendo para estos casos. Las combinaciones de vuelo Seattle-Toronto eran muy malas, así que tenía varias opciones: levantarme antes de que pusieran las calles, hacer escalas larguísimas y sin sentido, pagar un pastón o llegar a media noche sin internet en el móvil ni dólares canadienses a una ciudad que no conozco... me quedé con el madrugón y llegar a las 2 de la tarde. Quitando un pequeño incidente por el cual los ordenadores de Air Canada no funcionaban y no me dejaban embarcar, el viaje fue bien (aunque llegamos con retraso).

Toronto (expectativa)
Me dirijo a Toronto, la ciudad más grande de Canadá y también su capital económica (la política es Ottawa). Nunca he estado allí y tengo mucha curiosidad por verla. Por ese motivo voy a hacer un experimento para este post: escribir mis expectativas y la realidad de lo que vivo después.

Lo poco que sé de Toronto es que limita con el estado de Nueva York por el norte, que en ella se encuentra la CN Tower, famosa por su suelo de cristal (tiene 500m de altura y fue la torre más alta de comunicaciones hasta 2010) y que es casa de los Blue Jays (un equipo de baseball). El propósito de mi viaje es asistir a un "summer institute" que tendrá lugar de lunes a viernes. Una especie de curso-congreso-visita de laboratorio. Ha sido una odisea meter ropa para todo eso en la maleta de mano... para eso y para la lluvia y solazo que anuncia la previsión meteorológica. No me han cabido las botas, deseadme suerte.

Cuando llegue (y pase inmigración y aduanas) tengo que coger un tren, un metro y caminar hacia el colegio mayor donde me alojaré toda la semana. Espero que con el retraso haya alguien en portería todavía para darme la llave... Luego iré al banco a cambiar unos cheques en dólares canadienses que tengo desde hace años, no los he cambiado antes porque te cobran un pastón por el cambio de divisa si lo haces en otro país. Y finalmente, a patearme la ciudad hasta que el cuerpo aguante. Me han dicho que la parte que da al mar es preciosa, así que voy con intención de hincharme de andar.

Por cierto, he visto el contorno de la ciudad por la ventana del avión... qué bonita.

Toronto, 9 pm (realidad)
La llegada ha sido apoteósica: el tren estaba muy bien (os lo recomiendo si vais) pero en el metro había un montón de escaleras, obras, me he perdido y me han cerrado el banco.

Me resulta relajante lo "super nice" que es la gente por aquí. En Seattle son amables, pero esto es otro nivel. También hay mucha diversidad racial y cultural, más que en Seattle: muchos indios, negros y árabes (de hecho una mujer se acaba de sentar a mi lado a rezar y nadie la mira extrañado). Y oigo mucho hablar español, eso me ha sorprendido. Al igual que el olor a marihuana: pensaba que aquí sólo era legal la medicinal y no habría tanta gente fumando.





La ciudad es preciosa, la parte del campus me recuerda al Reino Unido.


Pero no hay que dejarse engañar, la parte del centro (o al menos la del "entretainment district" está llena de rascacielos. Algunos son impresionantes.

Lo que me ha enamorado sin duda ha sido la parte del agua... qué paz. Eso sí, resulta que no es el mar sino el lago Ontario (que es uno de los Grandes Lagos de Norteamérica y tiene casi 20.000km2, por cierto). Al llegar allí tenía un agobio considerable: el banco cerrado, mi habitación oscura y polvorienta (nada que ver con el Colegio Mayor que tenía en mi peliculera cabeza) y el baño... ay madre, me he encontrado lo más asqueroso que he visto en mi vida. No entraré en detalles, pero el WC no tragaba y alguien se había quedado a gusto. Con deciros que preferí hacer pis en un bar... Una vez más, ponerme andar sin descanso hasta encontrarme con una masa de agua me ha salvado de la locura. Me resulta curioso pensar que he cruzado todo un continente por mi cuenta, así como quien va a por pipas. Sonrío mientras disfruto de los últimos sorbos del licuado de frutas del bosque y me alejo de la música en directo para volver a la residencia antes de que oscurezca más. Sí, parece que Toronto promete.

DOMINGO
Cataratas del Niágara (expectativa)
Otra de las cosas que sabía de Toronto es que está cerca de las Cataratas del Niágara, consideradas una de las maravillas de Canadá. En cuanto me enteré de que venía, miré cómo podía apañármelas para ir, porque llevo con la espinita clavada desde que estuve en Halifax en 2012 y me quedé con las ganas. Como el congreso empieza el lunes, reservé tickets para un bus por internet que me dejaba tiempo suficiente para pasar cinco horas allí y volver para ver a una amiga (una chica que conocí el verano pasado mientras hacía una estancia predoctoral en el Hospital de Niños).

Me han recomendado que coja un barquito que te lleva a la base, que es impresionante... si me da tiempo lo haré. También me han dicho que se puede hacer un poco de senderismo ¡genial! Me las imagino majestuosas e impresionantes, pero me da miedo que sean súper turísticas, que estén a rebosar de gente y que en mis fotos solo salgan hordas de asiáticos en chubasquero. Me da en la nariz que la visión romántica de la película de Marilyn Monroe que lleva el mismo nombre, deberá quedar para la imaginación. Es gracioso, la primera imagen que tengo de las cataratas pertenece a la película de Superman II, donde tenían que ir a investigar una posible estafa en unos hoteles y viajaban a las cataratas. Era muy pequeña pero las imágenes se me quedaron grabadas.

Aquí tenéis la escena, creo que estuve en esa misma barandilla, jajaja.

Cataratas del Niagara (realidad)
Las Cataratas son verdes, verdes y blancas, no sé por qué me las esperaba azules. Si que son impresionantes y majestuosas, no importa que haya mucha gente, hipnotizan y calman igualmente. Si alguna vez estáis cerca no lo dudéis: id. Hoy ha sido un día raro, he hecho dos amigos. Al bajar del autobús he descubierto que paraba en el antiguo pueblo de Niagara Falls, hoy desierto y con pinta de abandonado, y que las cascadas no estaban allí. Había un hombre con cara de estar tan perdido como yo, hemos empezado a hablar y hemos terminado siendo compañeros de aventuras. En los 50 minutos que se tardaba en llegar andando me ha hablado de su trabajo como contable en Rumanía, de su mujer y de su hija, muy interesante. La zona de las Cataratas es todo lo contrario, pensada para turistas con dinero, comprende: hoteles, casinos, miradores, tiendas y restaurantes. No me dio tiempo de hacer lo del barco: las colas eran de casi dos horas. Mi amigo y yo terminamos yendo a comer juntos a un restaurante con vistas y sentándonos al lado en el autobús de vuelta. Se bajó antes de llegar, sin apenas despedirse, ni siquiera sé su nombre… aunque bien pensado, ¿para qué? Supongo que cumplió su función, hacer los tiempos de espera más amenos.
Vista panorámica

El mencionado barquito, que por cierto se sigue llamando "Maid of the mist" igual que en la película (y eso que es de 1980)

Vista desde el restaurante
Esta fue la anécdota del día... el hombre de la foto (cuyos dientes de oro no se aprecian) decidió que quería una foto conmigo porque era "muy guapa" (me he cortado a propósito, para seguir con la tradición de no aparecer en el blog). Entre mis habilidades se encuentra atraer a este tipo de personajes... PD: la cara del amigo no tiene desperdicio.
De vuelta en Toronto que, por cierto, es una especie de Nueva York del norte, descubrí que existen las ardillas negras, son más grandes y muy graciosas. Decidí ir a comprar algo sano para comer, porque en la residencia no daban nada y en los alrededores sólo había tiendas de comida rápida. Pregunté a un chico que me crucé por la calle y acabó acompañándome al supermercado (cuando os digo que los canadienses están hechos de otra pasta no exagero…). Me contó que estaba terminando ingeniería informática y que había ido a Seattle para una entrevista en Amazon pero no lo habían cogido, también me dijo que en algunas partes de la ciudad hay túneles subterráneos que la gente utiliza cuando nieva o hace mucho calor… Cuando llegamos a la puerta de Sobeys se despidió y siguió su camino. Me hizo mucha ilusión volver a ese supermercado, me recordó a mi estancia de 2012 y, de alguna forma puso en perspectiva todo lo que había cambiado (yo) en estos años.

LUNES
CSI Pain (expectativa)
Ya lo sé, el nombre del curso suena a un capítulo de la serie de televisión y tiene gracia porque en el fondo sí que vamos a investigar pero no un crimen, sino sobre dolor.

Los tres primeros días se parecen más a unas clases (para las que, por cierto, me acaban de dar acceso al campus virtual y resulta que tengo que leerme unos artículos para el lunes ¡yuhu!). El jueves tenemos un minicongreso con pacientes y profesionales y en él se hará un concurso de unos videos que habremos preparado previamente (por lo que me he tenido que traer el portátil) para los cuales aún no han explicado qué hay que hacer... a saber lo que sale. El viernes visitaré un centro de rehabilitación de dolor vinculado al hospital universitario y un laboratorio que realiza pruebas de sensibilidad y tolerancia al dolor en humanos (sí, esas cosas existen; no, no es tan horrible como suena y hay que pasar millón y medio de comités éticos antes de tocarle un pelo a nadie).

Parece que los días van a ser intensos... todo eso tendrá lugar de 8 a 5 y por las tardes han programado actividades sociales: una recepción el primer día, un partido de baseball el segundo, un picnic en una isla el tercero y una cena de clausura el cuarto. La verdad es que estos congresos son medio trabajo, medio vacaciones, no me puedo quejar, y con la excusa de ir a aprender o exponer mi trabajo estoy conociendo un montón de lugares interesantes.

Tengo mucha curiosidad por saber cómo será el ambiente y los compañeros. Se tratarán todo tipo de temas novedosos: optogenética (modificar las células genéticamente para poder activarlas o desactivarlas con luz de determinados colores), pruebas sensoriales, nuevas tecnologías y traducción del conocimiento. Creo que aprenderé mucho y que acabaré rendida, pero será una experiencia genial que me apetece un montón. Tengo curiosidad con lo del vídeo... Ah, se me olvidaba, me ofrecí a formar parte del equipo de Twitter y tengo que ir informando de todo. A ver cómo se me da eso de escribir en inglés en tiempo real.

CSI Pain (realidad)
La gente es majísima, las conferencias han sido interesantes y el día ha sido intenso. Ha venido una productora de vídeos a darnos instrucciones sobre cómo hacer el nuestro… Madre mía, espero no decepcionarlos. Lo de Twitter mejor de lo que pensaba. Cuando ha terminado todo hemos ido a un pub de inspiración británica y hemos bebido y comido juntos: puede sonar raro pero la verdad es que en situaciones así es donde a veces nacen colaboraciones que desembocan en grandes logros profesionales. Me he pedido un coctel que se llama woo-woo, ahí lo dejo.

MARTES
Baseball! (expectativa)
Nunca he visto un partido de baseball... mis amigos dicen que es aburrido pero a mí me hace mucha ilusión, en la lista de cosas típicas de Estados Unidos ir a uno y comerse un perrito caliente está de las primeras. Ya, sé que esto es Canadá pero resulta que los Blue Jays son el único equipo de baseball canadiense que juega en la primera división de EEUU (por tanto, sus contrincantes son equipos de allí). Cada vez que juegan contra los Mariners (el equipo de Seattle) la ciudad se llena de una marea de canadienses vestidos de azul. Me resultaba muy curioso que hubiese fans en la otra costa pero supongo que al ser el único equipo canadiense es como si fuese su equipo de baseball nacional. Dicen que son buenos, la verdad es que tengo muchas ganas de verlos en acción. Espero enterarme de algo... un amigo me lo estuvo explicando un poco en su casa pero yo no hacía más que ver a muchachos corriendo de un lado a otro y lanzando escupitajos. Con suerte iré con alguien que me lo pueda explicar.

Baseball! (realidad)
No hubo partido. Bueno, sí que hubo pero al final no jugaron en casa. Me quedé un poco chafada pero he decidido que lo que haré será ir a algún partido en Seattle y listo (si voy ya os contaré qué tal). Por el lado bueno, tuve tiempo de ver a mi amiga (el domingo no pudimos quedar). Fui con ella y algunos compañeros del curso a cenar y tomar algo.

Ah, conseguí acabar el vídeo tras varios problemas técnicos y muchas tomas falsas de meteduras de pata con el inglés… me dio la 1.30 de la mañana pero lo conseguí. A ver qué opinan, espero que cumpla los criterios (básicamente consistía en explicar nuestra investigación en lenguaje llano, respondiendo a tres preguntas en dos minutos).

MIÉRCOLES
¡Picnic! (expectativa)
Me imagino a la gente a la orilla del mar, luciendo sombreros de paja y bebiendo vino rosado sentados en mantas en el suelo... como si de un óleo impresionista se tratase, para qué os voy a engañar. Que luego a lo mejor todo es solana, bichos, y aguas de esas que huelen mal con el calor... Pero tengo la esperanza de que me suban los "puntos de glamour" con esto.

¡Picnic! (realidad)
La isla está inundada. Por lo visto pasa alguna que otra vez todos los veranos… Los ferris no circulan y es imposible visitarla. ¿Sabéis lo que hicimos en su lugar? Exacto: más bebidas. Que conste en acta que me tomé una o dos sidras cada día y tampoco llegábamos tan tarde… pero bueno, aun así, creo que en esta semana he tenido más esparcimiento de este tipo que en varios meses en Seattle.

Por cierto: fui al banco, resulta que los cheques dejan de ser válidos tras seis meses (aunque no lo pone por ningún lado). Yuhu. Me los van a tener que hacer de nuevo. Ah, y mi vídeo gustó: fue seleccionado entre los 10 mejores (sobre 30) para proyectarlos en el congreso.

JUEVES
Congreso (expectativa)
Hay un concurso de vídeos en el congreso... a ver cómo va, qué vergüenza.

Congreso (realidad)
Estuvo bien. Mi vídeo no ganó pero me dieron una tarjeta regalo de Starbucks por ser finalista. Tras el congreso, hubo un coctel y luego… Exacto: cenar y tomar algo. Fuimos a un coreano delicioso, luego a un sitio donde hacían helados con el cono a base de masa de churros (no los probé porque estaba llena) y terminamos en un sitio muy chulo charlando. Con la excusa de ir a un lado u otro he podido ver diferentes barrios de Toronto y me ha encantado, tiene una mezcla impresionante y no me parece demasiado ajetreada para lo grande que es. Al ser la última noche que teníamos todos juntos, lo alargamos hasta la una… y luego tocó hacer la maleta.

Los churro-helados eran algo así (fuente)

VIERNES
Visitas (expectativa)
Con la que han liado para que podamos hacer una visita de dos horas (cursos online, declaraciones de las vacunas que tenemos puestas, acreditación temporal...) espero que sea algo bueno... a lo mejor nos ponen hasta un pijama, jajaja, espero que no. Tras eso se acabará lo bueno... igual puedo ver algo más o igual me tengo que ir directa al aeropuerto.

Visitas (realidad)
Me han encantado las dos. Por la mañana, tras dormir 5 horas (cosas que le pasan a una por cierrabares) he trotado unos 20 minutos disfrazada de psicóloga (pantalones de vestir y blusa) por el calino de Toronto: 33 grados a las 8 de la mañana. El director del centro de rehabilitación de dolor nos ha recibido, nos ha explicado cómo funciona el servicio, nos ha dado un tour por el hospital y nos ha dejado ver la intervención con una paciente. El papeleo ha valido la pena.

Como no nos guardaban el equipaje en ningún lado, tras eso he vuelto a la residencia, he acabado de hacer la maleta corriendo, antes de que se pasara la hora del check out, y he trotado una media hora hacia el segundo hospital. Allí nos han explicado un protocolo para probar la sensibilidad al dolor en humanos y he podido hacer un montón de preguntas.

Tras eso, me he reunido por última vez con mis compañeros, me he puesto ropa cómoda por fin, hemos comido y me he ido. La verdad es que me ha dado pena... Aunque no ha tenido tanto glamour como la escuela de verano a la que asistí el año pasado, he conocido a gente muy muy apañada que sinceramente espero volver a encontrarme en lo profesional y lo personal. Necesitaba esto para quitarme el mal sabor de boca de la gente rancia del último congreso.


Para terminar y tras un viaje un poco accidentado (la app de Uber y el wifi sin funcionar, que me abrieran la maleta en el aeropuerto, que el avión se rompiese y tuviésemos que cambiar de puerta de embarque, llegar a Seattle una hora después de lo previsto y pensar que me habían perdido la maleta) llegué a mi piso casi a la 1 (4 de la mañana hora de Toronto). Por cierto, si viajáis de Canadá a EEUU recordad que a veces se hace la entrada al país (aduana e inmigración) desde Canadá, así que id con tiempo.

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Pues aquí acaba esta aventura. Estoy cansada pero deseando viajar otra vez... pensando si podré planear una escapada o algún camping en este mesecillo que me queda antes de ir a mi tierra, para aprovechar el verano en Ciudad Esmeralda. Qué le vamos a hacer Soletes, no tengo remedio.

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lunes, 10 de julio de 2017

53. Es una aventura hacerse la manicura

Hola Soletes,

El otro día me di cuenta de que cuando me ocurre algo surrealista o me alucina alguna cosa de este país siempre pienso “uh, esto va pal blog”, incluso hago el comentario en voz alta si estoy con algún amigo. La realidad es que, si lo dejo estar, al final me acaba pareciendo lo más normal del mundo y no escribo sobre ello. El otro día me preguntaron qué hago para divertirme y se me olvidó por completo que “escribir” estaba en la lista… caí en la cuenta de que hace dos semanas compartí una entrada del año pasado, así que llevo bastante tiempo sin escribir y os merecéis que siga con la rutina.

Ya expliqué el motivo por el cuál he estado sin pasarme por aquí: mis padres han estado de visita dos semanas y hemos vivido muchas aventuras: desfile del solsticio con los correspondientes ciclistas desnudos, visita a las principales prácticamente todas las atracciones de Seattle, viaje por carretera para recorrer el estado con su parada de rigor en bares de carretera, licorerías, tiendas legales de marihuana y puestos familiares de cerezas, pasar la noche en los bosques, conciertos, etc. etc. Hubo muchas pequeñas cosas reseñables, pero ninguna merecedora de un post entero por lo que puede que más adelante las utilice como parte de alguno (sobre los parques naturales del Estado de Washington, por ejemplo). He animado a Emma y Enrique a escribir un post para compartir con vosotros su visión si les apetece (y tienen tiempo), así que quizás en unas semanas podáis disfrutar de una versión extendida de esta historia y de alguna que otra foto de la cámara de Enrique.

Hoy estaba poco inspirada, la verdad es que tanto jaleo me ha dejado exhausta: dos semanas de trabajar, planear y hacer turismo han hecho que sólo tenga ganas de “no hacer nada” los fines de semana… Pero echaba de menos escribir, poner en palabras lo vivido y compartirlo con vosotros. Por aquí todo sigue más o menos igual, con la salvedad de que mi amada Ciudad Esmeralda resplandece más que nunca con el sol de julio y eso me hace querer estar fuera y pasear constantemente, tal como les ocurre a las decenas de parejas que se dedican a abrazar a su churry con un brazo y consumir su “lo que sea frappé” de Starbucks con la otra mano. Aquí tenéis un par de fotos para que os hagáis una idea del marco.





Quitando eso, lo único reseñable desde la última vez que publiqué es que asistí por primera vez a una barbacoa del 4 de Julio que organizó Ashley. Fue bastante parecida a la imagen de película que tenemos: hamburguesas, cervezas, banderas americanas y flores decorando las mesas, juegos familiares junto al lago, mantas en el césped para sentarte a descansar y fuegos artificiales por la noche. La verdad es que conocí a varias personas muy interesantes en ese evento, a ver si vuelvo a verlas, porque en esta ciudad nunca se sabe.

En resumen, como no me convencía hacer un relato extenso ni del viaje de mis padres ni del 4 de Julio, voy a aliñar el post con una de esas anécdotas que mientras vivía pensé “esto va pal blog”. Fue precisamente con Ashley con quien la viví. Ella, Laura y yo decidimos ir a hacernos la manicura a la hora del almuerzo (esta es otra de las cosas que chocan de este país: en muchos trabajos puedes manejar los horarios como quieras). Ella tenía un viaje y yo tenía un congreso, así que pensé que sería una experiencia divertida que me ayudaría a tener “manos de señorita” durante toda la semana.

Entramos en la tienda y había tres mujeres vietnamitas atendiendo a otras clientas (por lo visto es muy típico que negocios de este tipo sean regentados por mujeres de Vietnam). La imagen del lugar era un poco de “peluquería de barrio cutre” pero los mullidos sillones dorados con una especie de minijacuzzy para los pies (para los que se hacían la pedicura spa) me hizo pensar que quizás las apariencias engañasen. Además, en cada puesto de trabajo había un cartel con su “licencia de manicurista” bien visible, para que supieras que estaba todo en regla (es un milagro que no se necesite una licencia para masticar chicle en este país…). Efectivamente, mi impresión era cierta: las mujeres eran muy profesionales y realizaron un trabajo excelente. Además, la manicura incluía un masaje de cuello y hombros (y de piernas si te hacías la pedicura).

Me hizo mucha gracia que hablasen entre ellas en su idioma, a grito pelado, y que de fondo tuviesen puesto en bucle un DVD con “las mejores actuaciones de Madona”. No pude evitar acordarme de la segunda parte de El diario de Bridget Jones.

 En concreto de la escena de la cárcel.

Hasta ahí todo más o menos normal. Entonces apareció nuestra invitada estrella: una mujer se raza negra, aún no sé si borracha, loca o las dos cosas. Por lo visto había dejado el salón hacía un rato y no estaba satisfecha con el resultado, a ratos gritaba que le devolvieran su dinero, a ratos se quedaba frita en uno de los sofás. La situación era un poco incómoda, pues las manicuristas le decían que debía esperar a que termináramos nosotras y la ignoraban el resto del tiempo. La cosa se puso interesante cuando la mencionada mujer se dirigió a la estantería de las pinturas de uñas, cogió una y dijo: “vale, si no me devolvéis el dinero me llevo esto a mi casa”. Viendo que hacían caso omiso a su amenaza, decidió dar un “golpe de efecto”: atravesó la tienda rauda y veloz, “secuestró” una caja enorme de regaliz rojo y gritó: “pues entonces me llevo esto, lo digo en serio”.

Se llaman Red Vines y son bastante populares (para que os hagáis una idea, el bote pesaba unos 2kg y vale en torno a 25 dólares)

Motivada por nuestra cara de circunstancias, una de las mujeres decidió ir a hablar con ella para asegurarle que ahora le atenderían y esto pareció calmarla. Se puso de buen humor, comenzó a decir que eran como su familia y que las quería mucho. Seguidamente, supongo que para confraternizar decidió sentarse a mi lado. No tenía escapatoria: tenía una mano fresca y la otra raptada por la mujer que me atendía. Por un azar del destino vio mi acreditación del hospital y se puso a preguntarme que si era médico o enfermera… pensando que a continuación venía una consulta de salud, le dije que no, que hacía investigación. Se puso loca de contenta: sin hilar bien las frases y de forma atropellada, me preguntó si conocía al Dr. Nomeacuerdo que vivía en un barco. Cuando le dije que no se mostró decepcionada, me dijo que era muy famoso, que había hecho un estudio de cómo se transmitía el SIDA en las lesbianas monógamas y que la respuesta eran los juguetes… claro, todo el sentido del mundo. A estas alturas yo hacía como la que intentaba centrarse en su masaje y cerraba los ojos, esperando que se aburriera y se fuera… No tuve suerte. Nuestra nueva amiga tuvo tiempo de hacer unas cuantas preguntas acerca de las edades de los participantes que incluimos en nuestros estudios. Tan pronto le dijeron que ya la atendían, perdió el interés y se fue tan tranquila a su sillón, sin esperarse a oír la respuesta. En conclusión: en Seattle, hasta hacerse la manicura puede ser una aventura.
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PD: este sábado de madrugada vuelo a Toronto. Si mis planes salen bien, tendré cosas bastante interesantes que enseñaros a la vuelta, de momento mantengo la intriga. Mi intención es escribir en el avión y publicar al siguiente fin de semana, que es cuando vuelvo, así que (en principio) se mantiene el ritmo habitual de publicaciones.

¡Hasta pronto!

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sábado, 10 de junio de 2017

52. Más sabe el diablo por viajero que por diablo

Mi profesor de psicología del ocio y el turismo decía que un viaje es una experiencia que se disfruta tres veces: al prepararlo y planificarlo, durante el mismo y al recordarlo. Además, los viajes te abren la mente, te hacen conocer otras culturas, otras formas de vivir sumergiéndote en ellas y en sus paisajes, su comida, su ritmo de vida, sus expectativas sobre lo que es apropiado… Además, te ponen a prueba: no es raro que interpretes mal un mapa y termines en la otra punta del sitio al que querías ir, que no te quede otro remedio que hacerte entender por alguien que no habla tu idioma o que, por no faltarle al respeto a tu anfitrión, acabes comiéndote ese plato típico que juraste que no probarías. Pero hay cosas que sí se pueden prevenir: no hay nada que deje más chafado que perder un avión por organizarte mal o verte muerto de hambre o frío, o cargado cuan burro por no hacer bien la maleta.

De eso precisamente es de lo que quería hablaros hoy. Mis queridos padres (les llamaré Enrique y Emma en honor a los tíos de Dorothy) vienen de vacaciones a Ciudad Esmeralda el próximo jueves y se quedan aquí dos semanas. Ellos han viajado por Europa antes pero nunca han cruzado el charco, así que me encontré a mí misma haciéndoles listas de cosas importantes y dándoles consejos sobre lo que para mí es obvio pero que puede que para quien no esté acostumbrado a los viajes largos no lo sea.

Ya que tenía la idea medio montada, he decidido compartirla con vosotros y crear una especie de “To do list” para viajes intercontinentales (aunque muchas cosas se pueden aplicar a cualquier tipo de viaje en avión). Está organizada por orden cronológico, desde los preparativos hasta la llegada a la ciudad, y dividido en secciones para que os sea más fácil encontrar lo que buscáis. Pues lo dicho: pongo a vuestro servicio mi experiencia adquirida en 20 vuelos intercontinentales y unos pocos más (he perdido la cuenta) de corta distancia. Como ya he comentado alguna vez, no me considero una aventurera en absoluto, pero a fuerza de tanto viajar hay cosas que me salen solas, en fin, que más sabe el diablo por “viajero” que por diablo. Aquí van:

Antes del viaje
A la hora de comprar el vuelo
  •  Os recomiendo mirar en Kayak y Google flights usando los calendarios de precios y buscarlos con tiempo. Cuando veáis algo decente mirad por si acaso en la aerolínea, que a veces están más baratos.
  •  Elegir “fechas flexibles” os puede ahorrar bastante dinero.
  • Otro truco es mirar en aeropuertos cercanos (eso sí, aseguraos de que no os salga más caro el viaje de una ciudad a otra o que tengáis que pagar una noche de hotel porque el vuelo es muy temprano).
  • Al elegir los asientos, lo ideal es un sitio cerca del ala, que es donde menos se notan las turbulencias. Si tenéis prisa en una escala, entonces mejor en la parte de delante. Esto puede hacerse normalmente después de comprar el billete, no hay que esperar al check in.
  •  Si tenéis alguna intolerancia alimentaria o preferís un menú especial (vegetariano, Kosher…) podéis hacerlo online.
  • Merece la pena dedicar un momento a haceros una cuenta de viajero frecuente. Si viajáis mucho, más tarde podréis canjear las millas por descuentos o vuelos, o si no podéis regalarlas. En mi experiencia, también te hacen más caso si hay algún problema.

Papeleos y gestiones
  • Haz fotocopias de todo y ponlas también en Dropbox, Google drive o envíatelas por email.
  •  Apúntate en el registro de españoles viajando al extranjero.
  • Consulta la web del Ministerio de Asuntos Exteriores, allí encontrarás recomendaciones sobre vacunas, zonas peligrosas del país al que viajas y diversos consejos (si por desgracia ocurre algún desastre como una guerra o un terremoto, te tendrán localizado y sabrán que tienen que buscarte).
  • Avisa al banco de que estarás fuera para que no te cancelen las tarjetas si ven un pago “raro”, más aún si vas a estar en otra zona horaria, porque puede que te llamen para confirmar el pago cuando abran, mientras tú estés durmiendo.
  •  Seguro de salud, imprescindible para ir con tranquilidad. Si viajas por Europa la tarjeta sanitaria europea es suficiente. Si vas fuera, a no ser que tengas un seguro privado con cobertura mundial, deberás contratar uno. Yo recomiendo IATI seguros, mis hermanas tuvieron muy buena experiencia con ellos.
  • Mira las condiciones de roaming de tu compañía de teléfono. Por ejemplo, con Vodafone ahora no te cuesta más caro.
  • Asegúrate de mirar la forma más barata de cambiar dinero. A veces lo mejor es tu banco, a veces incluso sacar en un cajero del país de destino. Por ejemplo, con EVO no hay comisiones por cambio de divisa.
  • Mira la página web del aeropuerto al que te dirijas a ver con cuánto tiempo de antelación recomiendan llegar: a veces en verano hace falta mucho más (y no es bueno confiarse), pero algunos aeropuertos lo gestionan muy bien y no es agradable descubrir que has madrugado para llegar tres horas antes “por si acaso” y luego descubrir que tienes que esperar dos horas en la puerta de embarque sabiendo que tienes casi un día de viaje por delante. También podéis investigar si tienen wifi gratis para los viajeros.
  • Si no conocéis bien el idioma del país que visitáis, una buena idea es que la persona a la que vais a ver (o la agencia de viajes) os escriba una carta en el idioma local explicando quienes sois, por qué vais, durante cuánto tiempo y su número de contacto. Así podréis presentarla en la frontera si no os entienden bien.
  • La mayoría de los aviones tienen entretenimiento para los vuelos largos. No obstante, a veces la selección de películas en un idioma que entendamos puede ser reducida, la salida de sonido puede no funcionar, etc. Llevar música descargada o algún libro electrónico en el móvil o la Tablet os puede salvar del aburrimiento o el hastío.
  •  Si no vais a tener datos móviles en el sitio al que vais y no queréis ir cargando con mapas en papel, podéis descargarlos en vuestro móvil con la aplicación de Google maps y tenerlos disponibles sin conexión. Así podéis explorar las ciudades (o los bosques) sin miedo a perderos, a no ser que sea esa la idea, claro…
  • Aseguraos de que el país al que vais no exija visado para entrar (o exención de visado como el ESTA para EEUU o el ETA para Canadá). OJO: hay páginas que son un timo y pretenden cobrarte cientos de dólares por dichos documentos cuando las oficiales (en los links de antes) te piden en torno a 10 dólares.

Maleta de cabina
En mi opinión, esto es tanto o más importante que la maleta de bodega (si es que decidís facturar), puede marcar la diferencia entre un vuelo genial y uno agobiante.
  • Los líquidos en una bolsa de plástico transparente, si no queréis que los guardias de seguridad os canten las cuarenta.
  •  Chicle. ¿Se os tapan los oídos al despegar y aterrizar? Masticad un chicle durante esas fases y problema resuelto.
  • Almohada para el cuello: ideal para que no se te caiga la cabeza en el de al lado si los asientos no son de los que tienen orejeras.
  •  Zapatillas de viaje. Sí, para el avión. Supone una enorme diferencia pasar 9, 11, 13 horas o las que sean en la comodidad de unas zapatillas en lugar de zapatos apretados. La ropa también debe ser suelta.
  • Aspirina infantil: se recomienda tomar una en los vuelos largos para mejorar la circulación y evitar la hinchazón de piernas.
  • Algo para hidratar los labios y los ojos. El aire de los aviones suele ser bastante seco, unas lágrimas artificiales y un cacao apañado pueden hacer milagros.
  •  Algún analgésico. Los nervios del viaje, el madrugón, el cargar con la maleta, el estrés de que vaya todo bien, el ruido… es posible que como consecuencia os pueda doler la cabeza. No viene mal tener algo a mano, son muchas horas para estar aguantando.
  •  Un bolígrafo. Para rellenar el formulario de aduanas, apuntar la cinta por la que saldrá la maleta o dejarle una nota de amor al azafato.
  • Kleenex. No hace falta que explique para todo lo que sirven, ¿no?
  • Carpeta transparente para llevar los papeles. Para evitar microinfartos pensando que os habéis dejado el pasaporte en casa y poder ir poniendo todo lo que os den en el mismo sitio: tarjetas de embarque, resguardo de la maleta, formulario de aduanas…
  •  Pañuelo grande de tela. Desde abrigaros el cuello hasta taparos la cara si no queréis que vean cómo se os cae la baba mientras dormís.
  •  Guía Lonely Planet. Son mis preferidas para investigar de forma independiente. Además, pueden hacer el vuelo de ida más ameno y ayudaros a planificar el viaje mientras voláis.
  •  Snacks sanos. En los vuelos largos a veces te ceban, pero no siempre son cosas sanas o con fibra: cacahuetes, pretzels, galletas… a veces te hacen desear tener algo más fresco que llevarte a la boca. Los tomates cherry, las zanahorias baby, un puñado de cerezas o una manzana pueden venir genial para estos casos (o para las escalas), tienen mucha agua y mucha fibra (y antioxidantes para ayudar con el jet lag). OJO: si os sobran tiradlos antes de pasar aduana si no se pueden llevar vegetales al país (no pasa nada por tenerlos en el avión).
  •  Cargador de móvil y adaptador de corriente. Si son de los que van con USB mejor, porque algunos aviones sólo tienen eso.

Maleta de bodega
En este caso cada uno decide, aquí lo más importante es hacer acto de conciencia y pensar si de verdad necesitáis ocho camisetas para cinco días, ese bolso tan mono que sólo pega con esos zapatos tan incómodos, y cosas por el estilo… Solete: visualízate a ti mismo acarreando la maleta por esos aeropuertos de Dios, cargando con ella en las posibles estaciones de metro sin escaleras mecánicas, respira, y vuelve a pensar lo de las camisetas.
  • Líquidos grandes. Es obvio, vale, pero por si acaso.
  • Que no cunda el pánico si se te ha olvidado algo: hay tiendas. Si no sabes cómo se dice en el idioma de destino, San Google será tu amigo.
  • Bolsas de plástico herméticas. Puedes guardar desde ropa sucia hasta los restos de ese paquete de arroz que te puede salvar de morir de hambre.
  • Botiquín. Este “por si acaso” nunca está de más, sobre todo si en el país al que viajes hay algún medicamento que no sea fácil encontrar. Lleva la receta (o una carta del médico) por si te ponen problemas en aduanas.
  • Ropa ligera que te puedas poner en capas: algo fresco (es verano) pero también algo cálido para el avión y las noches, no importa dónde vayas.
  • Sitio libre. Para los recuerdos, caprichos y demás.
  • Pon toallitas suavizantes dentro para evitar el olor a cerrado.
  • Asegúrate de no llevar nada prohibido y de declarar los alimentos en aduanas si la legislación del país lo exige para evitar malos ratos. Por ejemplo, a EEUU y Canadá no se pueden traer carnes, fruta

Vuelo
Si habéis llegado al avión: enhorabuena, lo habéis conseguido. Hora de sentarse, relajarse, y tomárselo con calma.
  • Para empezar lo que os comentaba en el apartado de la maleta: zapatillas, aspirina y chicle.
  • Bebed mucha agua. El jet-lag se parece bastante a una resaca: los síntomas empeoran con la deshidratación. Aceptad bebidas cuando os las ofrezcan y si necesitáis más: pedidlas, que para eso están las azafatas.
  • Moveos. Es importante que deis algún que otro paseo por el pasillo, vayáis al servicio, os estiréis… ayudará bastante a que no se os hinchen las piernas.
  • Y hablando de ir al servicio: la “hora punta” suele ser después de comer, así que es buena idea ir cuando veáis que pasan con los carros hacia la parte delantera para empezar a servir las comidas. También es buena idea ir cuando anuncien que falta media hora para aterrizar o justo al bajar: tened cuidado con no meteros directamente en una cola de inmigración o fronteras porque entre eso, la maleta, etc. a lo mejor pasa una hora antes de que encontréis otro baño.
  • Si bebéis vino, que sea blanco. No es broma, he sido testigo de verdaderos dramas causados por el derramamiento de vino tinto… el blanco no se ve.
  • Antes de bajar: repasad que no os hayáis dejado nada (en el bolsillo del asiento, en el compartimento superior), más vale dedicar unos momentos a asegurarse de que esté todo, os lo dice una a la que el jet lag le jugó una mala pasada y se dejó el poster cuando iba a un congreso.
  • Calma en la frontera. A veces hay cola. A veces la cola va lenta. Estamos cansados, queremos llegar… Es importante mantener la calma y ponerle buena cara al agente de seguridad de turno. Recordad que el premio está justo al otro lado. Volver a casa siempre es más rápido y fácil en ese sentido.

Al llegar…
Pooor fin en tierra firme y con permiso para recorrer vuestro destino soñado. Momento de hacer un último esfuerzo y no dejar que el cansancio os gane la batalla.
  • Llegar a vuestro destino. Si habéis hecho los deberes sabréis si hay algún tren desde el aeropuerto. Si no, un Uber os puede sacar del apuro. Si no tenéis ni idea de la mejor opción para llegar a la ciudad/ hotel, preguntad en el punto de información del aeropuerto antes de montaros en un taxi que os pueda dejar sin el presupuesto de medio viaje.
  • Nada de siestas. Si podéis, es mejor aguantar hasta que se haga de noche en el destino, eso os ayudará a coger el ritmo antes y disfrutar al máximo de los días.
  • Melatonina. Una pastilla media hora antes de dormir hará que os entre sueño y que no os despertéis en mitad de la noche. Es la hormona que produce nuestro cuerpo de forma natural cuando se hace de noche, no crea adicción ni tiene efectos secundarios. Se venden sin receta.
  • Salid al sol. Para ayudar al cuerpo a recuperarse y adaptarse lo mejor es un paseo al aire libre.
  • Mucha agua. Sí, sigue siendo necesaria una buena hidratación.
  • No seáis tímidos. Mezclaos con la gente del lugar, preguntadles por los mejores sitios para comer, dónde ver una puesta de sol, algún bar secreto…
  • Probad la comida o bebida del sitio, es parte de la experiencia.
  •  Perdeos… En lugares seguros y cuando tengáis tiempo (no el último día antes de coger el vuelo de vuelta). Una de las sensaciones más mágicas es salir un día sin mapa y girar a izquierda o derecha, o parar a placer según lo pida el cuerpo.
  • Llevad una cuenta de gastos, sobre todo si vais muchos días y la moneda es diferente de la vuestra, no es agradable estar el resto del año “castigados sin ocio” porque se nos haya ido de las manos el viaje en cuestión.

En concreto en Seattle…
En esta última sección os hablo de las cosas que son imprescindible saber para los turistas de Ciudad Esmeralda.
  • Alojamiento: los hoteles son muy caros, mejor empezad por AirBnB.
  • Por la noche evitad Downtown en torno a la tercera y la cuarta avenida y el Distrito Universitario.
  • Cuidado con las horas punta de trafico: podéis tardar hasta el triple de lo habitual en ir de un sitio a otro (suelen ser de 7 a 9 y de 4 a 6, más o menos).
  • Si tenéis pensado ir en bus, llevad el cambio justo (2.50$ o 2.75$) o se quedarán el billete que les deis. Guardad el ticket, ya que sirve para hora y media. Si vais muchos días mejor comprad una tarjeta (Orca), las venden en las estaciones y en algunos supermercados.
  • Llevad algo impermeable y con capucha, no importa la época del año.
  • Siempre hay cosas gratis por hacer.  Pinterest puede ser una buena fuente de información de cosas permanentes, y los eventos de Facebook de cosas puntuales (simplemente id a “eventos” y filtrad por ciudad).
  • El Citypass es un pack de entradas que podéis comprar y permite ahorrar bastante si queréis hacer lo más típico. Incluye: subida al Space Needle (de día y de noche), el acuario, un paseo en barco por el puerto, el museo de cristal de Chihuly y el MOPOP (un museo de arte pop y ciencia ficción).
  • Para orientarse: el mar está “hacia abajo” y las avenidas paralelas a él que van subiendo tienen números consecutivos (1st Ave, 8th Ave…). Las calles que las cortan tienen diferentes nombres.
  • En los Starbucks hay wifi gratis. Hay unos 400 Starbucks en Seattle. La ciudad tiene 700.000 habitantes. De nada.

Y hasta aquí los consejos basados en mi experiencia. ¿Qué os parecen?, ¿habíais probado alguno antes?, ¿tenéis uno infalible que no he mencionado? Estaré encantada de leer vuestros comentarios. Entre tanto, he de deciros que no sé si dentro de dos semanas podré publicar otro post, ni si quiera dentro de tres, así que: volveré cuando pueda, que quiero disfrutar de mis padres. Por cierto, ni mi banco es EVO, ni mi seguro IATI, ni mi compañía móvil es Vodafone (ni me pagan por mencionarlos, por supuesto, jajaja) simplemente los recomiendo porque creo que para esto dan las mejores condiciones, pero es sólo mi opinión personal.

¡Mil besos y a disfrutar!

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