domingo, 21 de enero de 2018

66. First dates: edición Seattle (Capítulo 8: Cuando menos te lo esperas)


“Como daba besos lentos duraban más sus amores”
Ramón Gómez de la Serna

Ay Soletes, qué de cosas os he de contar… eso sí, escribo esto para honrar la promesa que hice en el post anterior pero lo dejaré aquí. Parece que tiene buena pinta y no tiene mucho sentido airear más mis intimidades, así que tomadlo como algo único, porque no habrá más (al menos hasta que llegue la novela de verdad y nadie pueda saber qué fue real y qué me inventé). Pero no adelanto acontecimientos, empiezo por el principio.

1 de enero, 6 de la tarde
¿Será hoy ese “día menos pensado” que tanto ansiamos que llegue? Aún no me creo lo que acaba de ocurrir… De nuevo parece ser que las cosas de las películas suceden en la vida real. Tras mi paseo para ver el primer atardecer del año decidí pedir un Uber para volver: se había hecho de noche y la temperatura había descendido de forma considerable. Estuve a punto de cancelarlo porque me ponía en la app que iba a tardar 10 minutos en llegar y me estaba congelando… pero decidí esperar, a saber dónde estaba el siguiente conductor con el que intentaran conectarme. Jay llegó en un Lexus muy bonito y nada más verlo pensé, “Vaya, qué rollo más guay tiene ese chico, mira que los asiáticos no suelen parecerme atractivos… pero este sí que lo es”. Tras 10 minutos hablando comprobé que además tenía tema de conversación y era interesante. Dejamos a una pareja que estaba en el asiento de atrás (motivo por el cuál yo me había sentado delante) y el tema de conversación cambió un poco. Jay me preguntó si estaba de visita o vivía aquí, empezamos a hablar de mi trabajo y de pronto, en un semáforo, se queda mirándome las manos y exclama:
- ¡No llevas anillo!
- Me las miro y le digo: “¿qué pasa?”.
- ¿No estás casada?
- No.
- ¿Y tienes novio?
- No.
- Guau, pues deberías…
- Créeme que lo he intentado, pero los hombres interesantes que he conocido en esta ciudad o bien son gais o están casados.
Silencio…
- ¿Te gustaría salir alguna vez?
Shock…
- Eh… vale.
- Eres muy mona, así que me encantaría (inciso: no sé si os pasa a vosotros, pero parece que el día que más cutre vas y más fea te sientes, es cuando más ligas. En mi caso, día de resaca post-fin de año, con un gorro para protegerme del frío, nada de maquillaje, etc. Así que sí, monísima, hermosa como una osa…)
- Tú también eres muy mono…
- Perfecto, si quieres podemos ir a cenar y luego vemos una película. Ahora cuando paremos te pido el móvil.
Momento algo incómodo, sonrisas, intercambio de números y apretón de manos (muy cálido, por cierto) para despedirnos. Bienvenida de nuevo a Ciudad Esmeralda, querida Dorothy.

Y así es como he tenido mi primer encuentro fortuito con un chico americano que (a priori) parece genial y me ha propuesto el clásico “dinner and a movie” (cena y película) de una primera cita en EEUU. Y lo más importante: no me han entrado los miedos sin sentido y le he dicho que sí.

Jay y yo vamos a tener la cita el día de Reyes y eso me recuerda a que cuando era pequeña solía pedir un novio en mi carta (supongo que esa idea me parecía más entretenida que la de tener más juguetes). Cotilleando su perfil de Uber he visto que tiene muy buenas críticas de otros pasajeros, que habla lengua de signos (me lo como) y que le gusta la naturaleza.

Nos escribimos mensajes durante unas horas... Me pregunta qué me define, qué cosas forman parte de mi rutina. Le digo que soy muy curiosa y tengo intereses variados pero que si tuviera que elegir dos escogería escribir y viajar. Me dice que le encanta, que él también es creativo y aventurero… que está escribiendo un libro y ya me contará mejor en persona.

Sonrío pensando que hay que ver tanto lío con la app y mira lo que se ha cruzado en mi camino como salido de la nada… Sonrío con más intensidad cuando pienso que si no fuese por el bagaje de los siete capítulos anteriores quizás habría huido ante su propuesta, sin duda la experiencia me ha servido para prepararme un poco para este momento.

2 de enero
A media mañana recibo un mensaje preguntando cómo va mi día y ya no paramos con el tonteo… fotos, reflexiones varias y más conexión aún. Me encanta todo lo que me dice, le encanta todo lo que le digo. Decidimos no hacernos más preguntas hasta vernos en persona porque los dos nos estamos emocionando mucho… además, estamos de acuerdo en que hay ciertas cosas que es mejor hablarlas en persona. Y entonces aparecen los miedos: ¿y si es un psicópata?, ¿y si no nos gustamos al vernos otra vez?, algo así es demasiado bueno para ser verdad… ¿o no?

4 de enero
Hace un frío de dos pares… frío que Jay y yo hemos templado con un poco de tonteo. Quería llamarme por teléfono, ¡uy, no! Si no me gusta nada normalmente, menos me gusta en inglés y con alguien a quien apenas conozco y a quien no le tengo pillado el acento. A ver si no se chafa por no querer… en fin, quiero que llegue ya el sábado, por favor. Voy a hacer un poco de elíptica que la verdad es que estoy nerviosilla y necesito quemar eso, a ver si duermo bien, que llevo varias noches con sueños inquietos.

6 de enero
Por la mañana
Es raro, ahora todo es puro, todo es esperanza, nada está corrupto… la fantasía impera sobre la realizad, esa que por mucho que nos empeñemos nunca será perfecta. Pero, ¿quién quiere perfección? Lo perfecto es aburrido, además de irreal. Nada (ni nadie) es “perfecto” en realidad. Supongo que me toca hacer lo que sé que funciona: respirar y esperar. Esperar a que por fin decidamos sitio y hora. Ponerme mi mejor sonrisa y salir a la calle. Y conocerlo mejor. Y enfrentarme a los miedos. Y honrar lo que dije de abrazar 2018. Y vivir.

12 de la noche
Al despedirnos tras habernos estado besando durante unos minutos me dijo: “dame un abrazo” y mientras nos abrazábamos susurró: “me gustas mucho”. Le dije que a mí también. Nos besamos otra vez y en este último beso mordió mi labio inferior de una forma que me hizo tener que contenerme para no devolverle el beso con más pasión y empezar algo que quizá sería difícil de parar. Dorothy, contrólate que quieres ir despacio... Fue un beso dulce, de los que no despeinan, muy de primera cita americana (beso que, por cierto, tuve que iniciar yo porque él no acababa de lanzarse). Me gustó lo tierno y a la vez fuerte que es. Tiene una dualidad que me resulta desconcertante y atractiva a partes iguales.

Se han pasado más de cinco horas en apenas un suspiro. Hemos hablado mucho, visto una película un tanto densa y cenado algo. Jay parece una persona realmente compleja… ha tenido un pasado muy duro que ha compartido conmigo… No tiene por qué ser algo malo, las mejores personas que conozco han salido adelante de situaciones realmente duras y eso no las hace sino ser conscientes de lo valiosa que es la vida y la importancia relativa de las cosas.

Jay no bebe. Le gusta darme pellizquitos cariñosos en el brazo. Me ha preguntado si he llegado a casa bien. Es muy inteligente y tiene conocimientos que me han dejado sorprendida, del mismo modo me ha sorprendido cuando se ha quitado el gorro ver que llevaba la mitad inferior de la cabeza rapada y la mitad superior con un pelo largo recogido en uno de esos moñitos hipsters que tanto se llevan por aquí. Odia el cilantro tanto como yo y sabe imprimir cosas en 3D… Lo dicho, la cosa promete.

9 de enero
Hoy hemos tenido una llamada de teléfono muy interesante, de casi media hora. Lo he sugerido yo... me he alegrado de ser valiente. Hemos hablado de cine, de festivales y de tonterías… ha sido divertida y me ha enseñado que tenemos cosas en común. Hemos quedado en ir el sábado a un teatro de improvisación para el que tenía entradas (regalo de un amigo con la instrucción de usarlas en una cita, por cierto).

13 de enero
Ha sido una cita perfecta, la típica que me habría encantado vivir cuando tenía 15 años. No tengo ningún pero que ponerle… bueno, quizás que me confesara que al principio pensase que España estaba en Sudamérica… pero se lo perdono, al fin y al cabo, es estadounidense. Jay me recogió, fuimos a cenar Phö, una sopa vietnamita deliciosa cuyo caldo dejan cocer durante 24h, y estuvimos charlando. Esta vez me preguntó mucho por mí y por mi historia. Después fuimos a por bubble tea, tartaletas de fruta de mi sitio preferido de Chinatown y nos dirigimos al teatro.


Aquí el famoso Phö

En el coche hablamos un montón de música, seguí comprobando que tenemos cosas en común y hubo un momento que casi me hizo vomitar arcoíris. Me estaba diciendo que hace años le dio por levantarse todos los días con una canción pero que no se acordaba del nombre y no la había vuelto a encontrar… adiviné cuál era (By your side, de Sade) y se la puse. Se puso muy contento y me pidió que la reprodujera en su móvil para que se escuchara por los altavoces del coche. Cuando la canción, que es bastante romántica, llevaba un poco sonando me miró y me cogió de la mano. Me dio muchísima vergüenza, no sé por qué, más que besarlo por primera vez incluso. Supongo que lo otro fue simplemente impulsivo y físico, preludio de una despedida, esto fue más íntimo, más sostenido, con más significado. Desde luego, esto de dejarse querer es un verdadero arte…

El teatro fue increíble… nos reímos durante toda la función, fue un rato muy relajado y divertido. Me gustó ver esa faceta distendida y desenfadada de él. A las 10 me estaba acompañando a la puerta de mi bloque… y yo lo estaba besando otra vez porque él tampoco se decidía. Esta vez fue un beso de los que sí despeinan, madre mía... tuve que mirar hacia abajo y respirar hondo para parar… lo inevitable, y decir buenas noches. Él aprovechó para besarme en la frente. De verdad, creo que no he conocido a nadie capaz de trasmitir tanta fuerza y delicadeza a la vez, y eso me vuelve loca.

Un rato después, nos estábamos escribiendo mensajitos y me envió las líneas más bonitas que nadie me ha escrito nunca. Me decía algo así: “Tu energía y tu capacidad para personificarla sin importar quién está mirando o quién hay alrededor me dice mucho sobre tu carácter y la confianza en quién eres. Creo que eres consciente de ti misma, de en lo que te has convertido y de lo que quieres llegar a ser. Eso para mí es muy atractivo y difícil de encontrar. Espero que nunca pierdas ese sentido de espíritu libre y que te permitas brillar en todas las situaciones. Me encanta compartir momentos con alguien que desata su potencial como tú… definitivamente eres alguien especial.”

15 de enero
Oh, oh… Tengo síntomas, creo que me ha pegado algo. No duermo bien, no tengo apetito aunque me ruja la barriga, me cuesta concentrarme, me paso el día entre suspiros y a veces se me pone una sonrisa tonta, de esas que hacen que la gente te mire raro por la calle. Ay, espero que no sea grave. Aunque tiene pinta de enfermedad de transmisión sentimental…
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Pues Soletes, tal y como anunciaba, se acabó lo que se daba. El sábado hemos quedado otra vez y estoy deseando que llegue… pero lo que sea que pase quedará entre nosotros. La idea de esta sección especial del blog era hablar sobre las primeras citas en Estados Unidos, y esta ya será la tercera… así que prefiero hacer un fundido a negro y dejar que vuestra imaginación termine de perfilar la historia. Quién sabe, si la cosa va bien, puede que Jay empiece a aparecer como personaje recurrente del blog, tal como ha pasado con mis amigos. Deseadme suerte y fuerza para seguir siendo valiente… Os escribo pronto.

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lunes, 8 de enero de 2018

65. Todo, ahora


“Every inch of sky's got a star
Every inch of skin's got a scar
I guess that you've got everything now”
Everything Now, Arcade Fire

27 de diciembre
He estado 21 días sin escribir, siento que casi podría haber protagonizado un capítulo de la serie de documentales. Ya se ha pasado mi tiempo en España... como siempre, ha volado, y volando rumbo a Seattle escribo yo. Han sido unas semanas de estar muy arriba: nervios, acontecimientos importantes... pero todo ha salido bien y aunque exhausta, estoy muy contenta y sé que, por fin, me puedo relajar.

La vuelta al trabajo va a ser dura pero me la voy a tomar con calma... necesitaría unas "vacaciones de las vacaciones", como suele decirse, que no voy a tener. Aunque, bien pensado, como tampoco han sido vacaciones al uso (he trabajado a distancia), creo que simplemente me hace falta descansar. Tendré ocho semanas sin salir de la ciudad (a no ser que me tienten con ir de camping o algo así) y quiero aprovechar para reestablecer buenos hábitos de vida (básicamente volver a meter el ejercicio en mi rutina y cocinar cosas sanas). Pero este fin de semana me lo daré para estar en casa y descansar, a no ser que surja algún plan molón para fin de año que ya es este domingo, madre mía.

Casi pierdo el segundo vuelo, nos esperaron porque en el primer vuelo había 15 personas que también venían a Seattle. De momento voy alucinando con el avión de Norwegian en el que voy: la comida es más cutre que en Delta y si quieres manta y auriculares tienes que pagar, pero el avión es muy nuevo, tiene unas ventanas enormes cuyos cristales se oscurecen si pulsas un botón (en lugar de tener persianas), cabina presurizada para reducir el jet lag y puedes pedir cosas de la carta y del duty free desde el monitor de tu asiento y pagar con tarjeta de crédito ahí mismo. 



Al llegar a Seattle me esperaban tres sorpresas: 1) hora y media de cola para cruzar la frontera, 2) que mis maletas no han llegado conmigo (era de esperar por lo apresurado de la escala), 3) una imagen bastante inusual: la ciudad nevada. En fin, las navidades no han terminado, supongo que es apropiado. Vamos a por nuevas aventuras: ¿tendré por fin las "navidades blancas" que no tuve hace dos años?

29 de diciembre
Hoy, volviendo del trabajo he vuelto a tener esa sensación de puzle completado, de cómo unas cuantas piezas que habían estado dando vueltas se han colocado, al fin, en su sitio. Durante estos días en mi tierra se han cerrado etapas importantes con momentos muy bonitos: oficié la boda de dos amigos y pude ver lo felices que estaban, estuve con Ray la semana antes de defender su tesis y lo vi crecerse ante el final apoteósico de esa maratón y hacerlo de maravilla, renové el visado por última vez, una amiga tuvo un bebé… eso unido a seguir comprobando que el cariño de los míos (amigos y familia) no cesa aunque esté lejos.

A pesar de estar cansada y con jet lag, he ido al trabajo contenta, con ganas de hacer cosas, señal inequívoca de que me gusta lo que hago. He tardado poco en sentirme como pez en el agua en mi piso, en esta ciudad que es también un poco mía (lluvia incluida). Volvía por las ya oscuras calles, viendo cómo las luces navideñas se reflejaban en el húmedo asfalto, pensando si cenaría hoy mi sushi preferido o el falafel que acababa de comprar y ha sonado una canción que lo ha puesto todo en su sitio. Everything now de Arcade Fire me ha hecho sonreír desde dentro, una de esas sonrisas que te llegan a los ojos sin poder evitarlo: lo tengo todo, lo tengo ahora. Tengo estrellas brillando en mi cielo y cicatrices que me recuerdan lo que he aprendido. No tiene sentido querer más: cosas buenas, cosas malas, experiencias que no borraría por nada.

Es cierto que para seguir en contacto con las cosas que me importan (vida laboral y personal) tengo que ir volando de un lado al otro del mundo varias veces al año pero: ¿y qué? Me gusta viajar. Todo encaja de esa manera: allí sol, jamón y abrazos de los buenos; aquí un equipo de compañeros estelar, una ciudad que se hace querer y me ofrece experiencias únicas y libertad. Soletes, cierro 2017 sabiéndome feliz, sabiendo que quizás no se pueda tener todo en el mismo momento y lugar… pero que las decisiones que he ido tomando me han llevado a esta situación de amoldar el mundo y estirar el tiempo para llegar a lo más cercano posible a ello. Estoy a gusto y con ganas de seguir proponiéndome retos, y creo que eso es lo que importa.

Ya tengo planes para Nochevieja: iré a cenar a mi italiano preferido con Barbara, luego iremos a una fiesta de su edificio (de 10 a 12, como la mayoría de las fiestas aquí terminan cuando empiezan las de España) para, finalmente, subir a la azotea a las 12 para ver los fuegos artificiales que tiran desde el Space Needle (cosa que he querido ver desde que llegué, en aquellas primeras navidades en Ciudad Esmeralda). De nuevo las cosas salen casi mejor que si las hubiera planeado… mi objetivo era no estresarme y lo he hecho dejando que todo pase como tenga que pasar. Las uvas sí que las tengo, por supuesto, y me las comeré con mi familia por Skype. Mis maletas están a punto de llegar, así que tendré hasta un vestido medio decente que ponerme. Lo dicho: aunque da casi miedo decirlo, parece ser que todo encaja.

31de diciembre de 2017
Último día del año. ¿Por qué será que tenemos que esperar a que algo acabe para ponernos a hacer balance? Los días se suceden unos tras otros, secciones de 24 horas, que agrupadas en 365 (o 66) nos hacen ver que los años pasan, que cumplimos uno más, que nos hacemos viejos, etc. Pero es una ilusión, el tiempo es continuo y no se detiene por nadie. Es cierto que, de alguna manera, es la dimensión olvidada; la que no vemos y más fácilmente se nos escapa, creo que por ello hacemos estos esfuerzos en poner marcadores a este flujo incesante de segundos, minutos, horas y días. Por eso celebramos cumpleaños y años nuevos. Pero no dejemos que esto nos engañe… sobrevivir, en la mayoría de los casos, es algo fácil. Pasar sin pena ni gloria arrastrándose por la vida pueden hacerlo la mayoría de los seres que habitan este mundo. Creo que la magia, lo que realmente le da sentido a nuestro tiempo aquí es hacer que ese tiempo merezca la pena, que los momentos dulces compensen a los amargos, que no se nos escapen por el miedo a volver a saborear algo que no nos gustó. Por eso es tan importante pararse a celebrar los logros.

Empiezo el día con algo muy simple que comencé a hacer cuando me independicé, hace ya siete años: mirar por la ventana abierta con un té en la mano, admirando el cielo, los edificios que me rodean y los ruidos de las vidas que, ajenas a las mías, siguen su curso. Hoy además tengo a “Los delincuentes” de fondo y me estoy comiendo un Donut Old Fashioned recubierto de chocolate (una especie de donete gigante a lo rústico). Mi “yo ideal” me dice que debería haber empezado el día meditando con cuencos tibetanos de fondo y en ayunas. Pero mira, si me apetecían flamenquito y chocolate para salir de la cama, eso es lo que me merezco, habrá que dejar algo para los propósitos de año nuevo, ¿no? Y ahora a limpiar, casa y cuerpo, para terminar el año con todo en su sitio.

1 de enero de 2018
Me hace ilusión escribir ese número, el 8 siempre ha sido mi número preferido y espero que lo siga siendo. Ayer a las 3 brindé por Skype con mi familia tras engullir como pude unas uvas enormes y la tarde se pasó entre juegos. Cené con Barbara, me alegré un montón de verla y de poder ponernos al día. Seguimos charlando (y bebiendo) en su piso, donde conocí por fin a su perrita (que es adorable) y pasaron unas cuantas horas más entre vinos y confesiones. Cómo me alegro de que haya entrado en mi vida.

A las 11 bajamos al hall. Pizzas, vino español y unos cuantos vecinos nos esperaban para amenizar la última hora de 2017. Allí conocimos a dos parejas gay muy interesantes: dos de la Marina y otros dos que eran planificador urbanístico y músico experimental, respectivamente.

Casi a las 12 subimos a la terraza. Esta vez no hubo cuenta atrás, no hubo beso a media noche. Pero hubo magia, champán y fuegos artificiales. Charcos congelados en la azotea que me hacían comprobar que estábamos bajo cero, a pesar de que yo no sentía el frío. Otro momento de pertenecer, de quedarme sin palabras y rendirme a recibir 2018 de la forma más surrealista. Este va a ser un buen año.

Hipnotizada por el momento, supe que hacía frío porque alguien lo comentó. Intentando no resbalarme cogí a príncipe Eric (otro de los vecinos al cuál acababa de conocer y al que no le cambio el nombre porque estoy demasiado orgullosa de haberle puesto ese apodo) por el brazo y como buen canadiense me acompañó hacia dentro. Bajamos al hall para continuar la fiesta y ya no había nadie... Y el chico planificador dijo: vamos a seguir la fiesta en nuestro apartamento. Cogimos las pizzas y el vino que quedaban y nos fuimos para allá.

No sé cómo pasó, no sé cómo la noche nos llevó ahí. Pero nos despedimos a las 3 de la mañana en un abrazo grupal a 5 bandas tras haber intercambiado teléfonos. En esas 3 horas hablamos de la vida, de lo que nos había traído a Ciudad Esmeralda, les puse motes a todos, bailamos canciones de los 80 (desde Madonna hasta Boy George), de algún modo Julio Iglesias acabó en la televisión, dos de los chicos improvisaron un dueto de piano, alentados por mí, y finalmente intenté enseñarles un poco de tango. No es mala forma de empezar el año, para nada.

El conductor del Uber que me llevó a casa era simpático y empezamos a hablar... acabó sacándome que me dedicaba a la investigación y me dijo sorprendido que cómo podía ser una científica si era una "party girl" (algo así como una chica fiestera). Casi me enfadé por el prejuicio, como si los que nos dedicamos a esto no tuviésemos derecho a divertirnos… Entonces seguimos hablando y resultó que él había venido a EEUU a hacer un máster en salud pública... Con su color negro de piel, acento africano y ropa étnica yo había asumido que estaba aquí para buscarse algo mejor... ¿Quién era la prejuiciosa ahora? Y, ¿podía yo culparle cuando llevaba una tiara de brillos y plumas que decía “feliz año nuevo”? En fin, creo que ya tengo otro propósito para 2018: dejar los prejuicios atrás, al menos un par más de los que ya han caído.

11 de la mañana
Me duele la cabeza. Encuentro brillantina en sitios extraños y noto un moratón que no me extraña tanto. Tengo poca voz pero aún me queda algo... no es mal balance para una nochevieja, no está nada mal, la verdad.

3 de la tarde
Me niego a recordar el 1 de enero de 2018 como el día que pasé tirada en la cama porque tenía resaca… no señor. Decido salir a la playa, quiero grabar en mis retinas cómo se apaga el primer día del año. Bajo las cuestas escuchando a Satie, necesito descubrir una versión dulce, tranquila e inusual de Seattle. Y lo consigo. Consigo parar un momento, respirar, escribir, sentir que estoy lista para lo que el año tenga que traerme. Le hago la promesa de ser valiente y no perder oportunidades.




6 de la tarde
¿Será hoy ese “día menos pensado” que tanto ansiamos que llegue? Aún no me creo lo que acaba de ocurrir. De nuevo parece ser que las cosas de las películas suceden en la vida real. Tras mi paseo para ver el primer atardecer del año decidí pedir un Uber para volver…

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… Soletes, estad atentos porque 2018 promete. En el siguiente post os cuento lo que pasó y cómo se desarrollaron los acontecimientos posteriores, dato que mientras escribo estas líneas, aún desconozco. Os doy un adelanto, el título será: “First dates: edición Seattle (Capítulo 8: Cuando menos te lo esperas)”.

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