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domingo, 29 de julio de 2018

69. Extraños en la noche

“Strangers in the night
Exchanging glances
Wondering in the night
What were the chances”
Strangers in the night, Frank Sinatra
 
Hola Soletes, la verdad es que no sabía a qué dedicar mi siguiente post y, muy a mi pesar, la inspiración ha venido de la forma más inesperada. Mis últimas semanas han consistido básicamente en trabajar durante casi todo el día, ducharme, cenar y dormir, por lo que no tenía nada digno de reseñar. ¿Os acordáis de lo que os conté de los botes de el lago? Pues resulta que cuando intentamos ir a coger uno el sitio estaba cerrado. Había en la puerta un cartel diciendo que uno de los trabajadores había desaparecido el 4 de julio y lo estaban buscando... así que me quedé preocupada y sin paseo. Otra excepción a la rutina es que fui con Ojitos, que por cierto: ¡ha vuelto a Seattle!, al Dragon Fest, una celebración de la cultura asiática que tiene lugar en el distrito internacional. En una frase: tremendo calor, nos pusimos hasta arriba de comida y se les ocurrió poner un escenario en pleno sol sin toldos... o sea que tampoco hay nada digno de reseñar. Así que aquí va una de esas historias curiosas que supongo que podrían pasar en cualquier parte del mundo pero que a veces creo que sólo me pasan a mí. ¿Tenéis las palomitas a mano? 
 
29 de julio
1.00AM
Por fin a dormir. Las temperaturas llevan varios días subiendo de 30 grados, lo que supone un calor inusual para Seattle que convierte mi minúsculo apartamento en un invernadero que se queda recalentado incluso por la noche. Como consecuencia, estoy durmiendo con la ventana abierta. Resulta que están arreglando la autopista que está a tres calles de mi edificio y a veces hacen un ruido insoportable, por lo que me encontré durmiendo con antifaz y tapones. Había sido un día largo y pensé que una noche de sueño reparador sería lo que me ayudaría a recuperarme. Ilusa de mí.
 
2.54AM
Mi corazón palpita con fuerza, algo va mal pero no sé qué es. Salgo del mundo de los sueños mientras me doy cuenta de que alguien está aporreando mi puerta y, a duras penas, atino a quitarme los tapones, atino quitarme el antifaz, y no atino del todo a ponerme los pantalones (es verano, así que a veces duermo con una camiseta). Me acerco a la puerta con mil posibilidades rondando por mi cabeza: ¿hay un incendio y los bomberos vienen a sacarme?, ¿algún vecino borracho intenta entrar al apartamento equivocado?, ¿A mi ex le ha dado un chispazo y ha venido aquí de madrugada? Me asomo a la mirilla y no hay nadie. El corazón me va a mil por hora y no puedo volver a dormirme… me siento vulnerable, como si tuviera que permanecer alerta.
 
Unos minutos después veo unas sombras en el pasillo. Me preparo para abrir la puerta cuando llamen pero no sucede, en lugar de eso oigo cómo algo se arrastra por el suelo. Enciendo la linterna del móvil para no delatar que estoy despierta y alumbro la zona cercana a la puerta. Han metido una tarjeta por la ranura… creo que descartamos los bomberos.
 
Básicamente la nota me preguntaba que si había movido los altavoces, que nunca antes había oído mi música y que ahora parecía que los tenía en su dormitorio. Y que le gustaban mis listas de reproducción. 
 
¿Qué? ¿Alguien pensaba que estaba dando una fiesta y por eso aporreaba mi puerta? Pero a quién se le ocurre no asegurarse primero, pegar la cabeza a la puerta para asegurar que la música venía de ahí o algo. En mi apartamento no se escucha absolutamente nada. En fin, mañana lo diré por el muro virtual de la comunidad.
 
Prueba A
 
Tras mucho luchar me quedo dormida sobre las 5.
 
6.00AM
Llaman otra vez.
 
Salgo de la cama como un rayo, esta vez decidida a tirarle de las patillas a quien sea que me esté haciendo pasar por este sufrimiento y me encuentro con mi vecina de al lado, una mujer de unos 50 años a la que apenas he visto en los 6 meses que lleva viviendo aquí. Me quedo muy sorprendida, se me queda mirando con cara extrañada de que yo tenga cara obviamente de dormida (y supongo que de cabreo) y de que estén todas las luces de mi casa apagadas. Le preguntó si ha sido ella la que ha estado llamando a mi puerta por la noche y ha dejado una tarjeta por debajo de la puerta y me dice que sí, que se va a volver loca que lleva toda la noche escuchando música y que le perdone, que pensaba que era yo porque no tiene más vecinos al lado. Así que le digo que seguramente serán los de arriba o los de abajo, que se queje a la inmobiliaria. 
 
Entonces me dice: “corre, entra mi casa que quiero que escuches la música”. A todo esto, yo estaba sin sujetador, con los pelos de loca de acabarme de despertar, descalza, y en pijama. No sé por qué, le hice caso y me dirigí a su apartamento mientras recordaba cómo alguna que otra vez la había oído discutir a gritos por teléfono y recé porque no estuviera loca de verdad. Entré en su apartamento y por el camino pise una toalla mojada (que supongo que habría puesto originalmente debajo de su puerta intentando amortiguar la música infernal que venía de "mi apartamento"), qué asco. Llegué a su dormitorio, decorado con muy buen gusto, por cierto, y no se oía ni una mosca. Me dijo, totalmente frustrada, que cuando vino a llamar a mi puerta pasó lo mismo, que la música paró un rato... que por eso pensaba que era yo.
 
Le dije que si le volvía a pasar podía avisar a la patrulla de cortesía, que para eso estaba. Emprendí el camino de salida hacia la puerta, lo único que quería era irme a intentar descansar de una vez. Ella se volvió, me sonrió y me dijo: “soy Rachel, por cierto”. Le estreché la mano y me largué como alma que lleva el diablo.
 
 Eso es lo que he dormido hoy según mi Fitbit: poco tirando a una m*****
 
11.30AM
Me voy a meter en la ducha y escucho un ruido fuera. Veo a mi vecina en el pasillo, entre su apartamento y el mío, de pie sin moverse, mirando al infinito. No ayuda a que me sienta mejor.
 
1.45PM
Oigo más ruidos y me asomo cuan vieja cotilla por la mirilla. Veo a la susodicha hablando con un hombre, que entiendo es de mantenimiento del edificio. Parece que está enfadada. No oigo bien lo que dice pero me parece que no habla de la música… habla de oír arañar, de que no está loca (cosa que empiezo a plantearme como posibilidad) y de que estaba en la cama y tocó “el cuerpo”. Seguidamente dice que se va abajo, que cuando acaben tiren las sábanas a la basura.
 
Sí, me vine arriba y me puse a jugar a los detectives... ¡Tenía derecho a la verdad!
Madre mía, esto sí que me interesa… ¿Y si hay una plaga de ratones o algo? Y, ¿qué es eso de “el cuerpo”? (he preguntado a un par de amigas si se puede usar en inglés para referirse a animales, a ratones o cucarachas y me han dicho que no. Quizás no lo oí bien.
 
Viene otro hombre y junto con el primero (el de mantenimiento) entran en el apartamento pegando un portazo. No oigo nada más hasta que la guapa decide volver y pregunta: “¿Habéis encontrado alguno/a?” entiendo que debieron de contestarle que no, porque lo siguiente y último que escuché fue: “Pues entonces tenemos un problema”.
 
Y así me he quedado, sin saber qué narices cree ella que ha pasado, qué ha pasado de verdad y si tengo que preocuparme porque me coman las ratas o por tener una vecina con un trastorno bipolar que irrumpa en mi piso a media noche (digo esto porque sé que un brote de manía se puede desencadenar por la falta de sueño y a veces vienen acompañados de alucinaciones). Pero así es Seattle, Soletes, no importa el lugar ni la hora: el espectáculo está servido.
 
Fin(?)
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Por cierto, Soletes, en dos días viene mi familia a visitarme. Estoy muy contenta e ilusionada, pues hace como cinco años que no vamos los cinco juntos de viaje. El fin de semana que viene haremos un viaje por carretera alrededor de la Península de Olympic, tal como hice con mis hermanas el marzo pasado, cuando nos encontramos con el hombre lobo (podéis volver a leer el post aquí). Al otro vamos a visitar Vancouver, así que prometo volver con uno o dos post viajeros ilustrando esas nuevas aventuras. 
 
Disfrutad de las vacaciones si os contáis entre los afortunados que tenerlas.

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domingo, 1 de mayo de 2016

23. Tulipanes, fugas de agua y desnudos involuntarios

Hola Soletes, esta semana os traigo un post un poco variado. He hecho bastantes cosas en estos días y tengo planeadas otras tantas que pueden ser de vuestro interés, así que he decidido centrarme en lo más interesante para “ponerme al día” e ir contando las cosas conforme vayan ocurriendo. Así que venga, aquí empieza este post tan loco como la primavera.
 
Campos de tulipanes (10 de abril)
Mientras recorríamos las carreteras polvorientas pude descubrir que había niños vendiendo limonada con puestos improvisados en el patio delantero de su casa, había granjas de todo (mermelada, alpacas, árboles de navidad, tulipanes…), había graneros rojos como en las películas, todo parecía una película. Así ha sido mi primer viaje por carretera o roadtrip, como lo llaman aquí. Ha sido un plan de “solo chicas” con una compañera de mi trabajo muy apañada a la que llamaremos May y dos amigas suyas: una tailandesa y otra china. Hemos ido al Skagit Valley y al pueblo que hay más cerca: Mount Vernon. Para que os hagáis una idea, está a medio camino entre Seattle y Canadá. Por el camino hemos pasado moteles y carteles de casinos y reservas indias. Por esa zona, más hacia el interior, en las montañas, es por donde se rodó Twin Peaks, (en Snoqualmie), a ver si puedo ir a visitar esa zona.
 
Me ha encantado el día. Me hacía falta un poco de aire puro y es curioso el gran contraste que hay con la superpoblada ciudad. A ver, ayer iba flipando mientras caminaba por la quinta avenida y recordaba la deliciosa cena que acababa de experimentar (creo que no tardaré en poder hacer un post sobre sitios donde comer) pero conectar con la naturaleza es necesario de vez en cuando. Los campos de tulipanes eran inmensos, los colores brillantes y la sensación… indescriptible. Os dejo unas fotos para que podáis ver lo que yo vi.




La última me recuerda a El Mago de Oz, a la parte en la que cruzan un campo de amapolas


¡Fugas de agua! (5 a 15 de abril, más o menos…)
El día 5, cuando llegué, noté algo raro en la bañera: estaba llena de mijitas marrones, como de óxido. Con el cansancio que tenía decidí dejar el mal rato para el día siguiente e irme directa a la cama (era más de media noche). A la mañana siguiente, cuando me duché, pude observar con más detalle que había un reguero que bajaba por la pared y llegaba hasta el interior de la bañera. Mientras me estaba duchando empezó a salir agua de una pequeña portezuela cuadrada que había en el techo… genial.

Foto de la bañera con su porquería incluida 

Nada más salir fui directa a la oficina de la inmobiliaria a contarles lo que pasaba. No me daba la gana de contarlo por email y que pasaran días hasta que me hicieran caso… Cuando se lo conté al encargado me miró extrañado pero tomó nota. Al día siguiente vino uno de mantenimiento a contarme una historia acerca de que un vecino de arriba se había dado un baño, el agua había caído por el agujero de seguridad (¿sabéis lo que os digo? Normalmente se sitúan debajo del grifo y sirven para que no se desborde el agua) y se había filtrado a los pisos de abajo… Eso no cuadraba con la nueva fuga, pero bueno, quedamos en que les avisara si volvía a salir, no lo tomaron como algo urgente porque el agua caía dentro de la bañera (siempre y cuando tuviera cuidado y dejase la cortina bien cerrada).Y, efectivamente, el agua salió de nuevo por el techo. Tuve que llamarlos de urgencia por la noche… para cuando me devolvieron la llamada estaba parando, así que quedaron en venir al día siguiente.

Para no hacerme pesada os diré que tras más de una semana de idas y venidas me lo acabaron arreglando. Sam se presentó y me contó la misma teoría de las bañeras… y hasta que no se la desmonté con datos (registro de fugas con tiempos y demás) no accedieron a abrir la dichosa portezuela y hurgar a ver qué pasaba. Uno de los días al llegar a casa encontré esta nota, de su puño y letra.

Traducción: “Las tuberías de encima de tu bañera estaban flojas y eso causaba el problema. Ya lo hemos arreglado. Gracias por tu ayuda. Sam”

Parece que desde que me mudé el piso de arriba había estado vacío y entraron a vivir los nuevos inquilinos mientras yo estaba fuera, por eso no había notado el problema hasta ese momento. Desde entonces me he encontrado varias veces con Sam y siempre me saluda y me pregunta si todo va bien. Yo creo que es porque me tiene miedo, a estas alturas seré “la pesada del décimo”. Parece que el muchacho es un poco sosainas, y bastantes dosis de chicos sosos he tenido ya en mi vida.

A veces sale el sol mientras la lluvia cae sobre tu cabeza pero, por mucho que busques, no encuentras el arcoíris. A veces conoces a alguien capaz de terminar la letras de las canciones que tarareas y pensabas que a nadie más le gustaban o es tan improbable la forma en la que lo conoces que piensas que tiene que ser “una señal”. Primero crees en la magia pero después descubres que no era para tanto, que son hombres y no magos los que se esconden tras la cortina, que los sapos también se disfrazan de príncipe, que la vida no siempre es bonita aunque a veces nos invite a soñar. A veces no es el momento, a veces no es el lugar, a veces no es la persona. Al menos lo intentaste, al menos te queda el consuelo de “fue bonito mientras duró” aunque durase poco. Al menos lo que viviste fue verdad mientras lo vivías, y eso nadie te lo puede quitar. En este caso ni eso: deslumbre momentáneo aquella primera noche y fin. Mejor para mí, una pena menos.

Otro capítulo de “Ay que ver las cosas que te pasan” (25 de abril)
¿Sabéis esos momentos que pasan muy rápidos y muy lentos a la vez? Quizás sea porque al acelerarse el corazón y oír más latidos nos parece que ha pasado más rato. Pues eso fue lo que me ocurrió, no sé cuánto tiempo pasó desde que me hice consciente de que estaba desnuda frente a una puerta a punto de abrirse. Mi primera reacción fue taparme como pude, con los ojos como platos, y escuchar cómo el corazón me aporreaba el pecho. Cuando reaccioné, me abalancé sobre el pestillo de la puerta y lo sujeté con el afán de detener a quien fuese que estuviera al otro lado… quizás lo más rápido y lógico hubiese sido pensar cómo gritar en inglés: “eh, ¿qué haces? No abras la puerta que estoy en pelotas?” pero no me salió.

5 minutos antes…
Acababa de terminar de entrenar, y como el 99% de los que vivimos solos, practicando el “nudismo casero”, simplemente me fui desnudando de camino a la ducha, parando a beber agua por el camino, a poner la ropa sucia en su sitio… y entonces fue cuando lo oí: alguien estaba usando una llave en mi puerta de entrada. No me lo podía creer… era cierto que los de mantenimiento me habían dejado una nota en la puerta el día anterior diciendo que el lunes entrarían… pero se suponía que era hasta las 6 (y serían en torno a las 9 en ese momento). Además, qué menos que llamar a la puerta, ¿no?

Una vez hube sujetado el pestillo, iba a decir que no abrieran pero dejé de oír ruidos. Me asomé por la mirilla y no había nadie… sí que pude escuchar a dos personas hablando de fondo. Qué misterio… lo único que se me ocurre es que alguien se equivocase de puerta, intentara abrir la mía con su llave, y al darse cuenta de que no funcionaba se fuese corriendo. No es una hipótesis descabellada, ya que las puertas son todas iguales y, como están arreglando el edificio, la placa con los números de apartamento están colocadas en el suelo… además, si alguien ha llamado al ascensor en otro piso anterior al tuyo y vas pensando en tus cosas, es posible que te equivoques de piso y te bajes antes (a mí me ha pasado) por lo que creo que es posible despistarse e intentar abrir la puerta que no es. Se lo comenté a una compañera de trabajo y me contó que a ella le pasaba de vez en cuando en el primer edificio que vivió: la vecina de arriba se equivocaba de piso e intentaba entrar en su casa. En fin, otro misterio ¿resuelto?
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Se acabó lo que se daba, por esta semana. Espero que estéis disfrutando de este puentecito tan majo (vosotros que tenéis). Aquí os dejo los enlaces de siempre:

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domingo, 24 de enero de 2016

11. ¿Quién vive ahí?


18 de enero
Parece magia. Las pequeñas luces blancas van formando una fila alrededor de los muebles, iluminando los huecos de la mesa y la estantería de una forma casi teatral. En cierto modo me recuerdan a las candilejas, esas velas que iluminaban los teatros antiguos desde la parte de abajo del escenario. Quizás sea porque el suelo es de madera y parece uno, en cualquier caso, me hace sentir a gusto, me invita a vivir experiencias interesantes este “escenario” que he creado en mi pequeño apartamento. Como dicen un par de canciones: “que venga la magia”. Estoy preparada.

Lo que parece casi alquimia es que hace menos de dos meses el apartamento consistiese en un hueco rectangular, todo pintado de gris, con unas cuantas cajas de cartón gigantes amontonadas en el centro. Quizás por eso me gustan tanto las manualidades, quizás por eso he aprendido a tejer. Me fascina el poder transformador que puede tener un poco de tiempo y creatividad. Cómo un espacio desangelado,  frío e inhóspito puede llegar a convertirse en un lugar para atreverse a soñar. Sé que es algo efímero, pues no creo que esté aquí más de dos años, pero merece la pena. Como dice un proverbio hindú que a veces me recuerda mi madre: "sólo poseemos aquello que podríamos salvar de un naufragio" y creo que ahí reside uno de los aspectos más agridulces de la vida: la belleza de lo efímero. Lo que creemos que tendremos ahí para siempre parece carecer de interés y se nos olvida que no poseemos nada, que no sabemos lo que va a pasar mañana y que es mejor disfrutar del presente. Por eso, aunque ya habéis ido siguiendo mis andanzas por la tierra de Oz, hoy quiero centrarme en mi guarida, mi nido, mi cubil, mi palacio.

5 de diciembre de 2015
Después de pasar la primera semana en un apartamento de Airbnb y el siguiente mes en un hotel, conseguí encontrar un apartamento habitable, que me admitieran como inquilina, dar de alta la luz, comprar los muebles, en fin, todo lo que ya relaté en los post 4 y 5. Una vez me entregaron las llaves y miré a mi alrededor fui consciente: había tomado la decisión de pasar los próximos dos años en un piso cuyo tamaño era la tercera parte del de mi anterior vivienda, no tenía habitaciones y costaba el triple.


Con vosotros, el lienzo en blanco (en marrón y gris, más bien)

Bueno, a ver qué podemos hacer con esto… la verdad es que el cuarto de baño está muy bien, sobre todo comparado con las cosas que he visto por ahí.


Aquí el protagonista de la fuga de agua de la primera noche

Anda, sí que era grande el armario… no me extraña que los niños tengan pesadillas con los monstruos que pueden esconderse ahí ¡Cabe una familia entera!


O uno muy grande

¡Genial! Ya están aquí los muebles. Estaba un poco preocupada por cómo abrirles la puerta a los de IKEA (aún no manejo bien eso de abrirla utilizando el móvil), o porque algún mueble no cupiese en el ascensor, pero todo ha ido bien.


En este momento tuve dudas acerca de si tendría que salir yo del piso para que cupiesen todos una vez montados… la percepción del espacio nunca ha sido mi fuerte

Ahora sólo tengo que abrir las cajas y empezar a montarlo. A ver dónde están las tijeras… ¡Aquí! ¿En serio?, ¿Vienen atadas con una brida? Bueno, voy a buscar los cuchillos de cocina y la corto con uno. El envase no se abre, es de plástico del duro. ¿Y si uso un abre latas?


Problema resuelto

Tras un duro día de trabajo (con el incidente de la fuga de agua incluido) me fui a la cama envuelta en el caos, deseando haber comprado una colchoneta para dormir en el suelo al estilo japonés y optado por una decoración minimalista.


Con lo bonito que estaba el piso vacío…

A la mañana siguiente me tocó enfrentarme a unas mesas y una estantería yo sola (para el sofá cama conté con la ayuda de Laura, menos mal). La verdad es que fue un buen método para tener la mente ocupada mientras venían los de mantenimiento.


El combate fue duro pero gané (creo) al menos todavía sigue en pie

Un incidente añadido que no comenté en los anteriores post es que me encontré con unas cuantas sorpresitas que tardaron varias semanas en arreglarme, de aquella manera, a fuerza de insistir. Lo comento porque cada vez estoy menos de acuerdo con eso de “estas cosas sólo pasan en España”.


Esta era mi preciosa caja de fusibles a medio terminar


Y este el congelador de una de las neveras (tengo dos pequeñas) nuevas. Let it go, let it go…

Volvemos al 18 de enero
No os aburriré con el resto del proceso, sólo os diré que tras muchas horas de pensar qué hacía, y algunos viajes a IKEA y otras tiendas de cachivaches, este es el resultado (que probablemente acabaré cambiando):


El nido


La isla de la cocina


La cocina

El baño

El rincón de las candilejas

Ahora le toca el turno a los exteriores, por supuesto.

Vistas desde la terraza del edificio, planta 15


Decoración de la entrada. Porque eso de plantar flores está demasiado visto.

Además tengo acceso a un gimnasio, que no está nada mal, a una piscina, un jacuzzi y una zona común con sofás y mesa de billar que se puede reservar si la quieres en exclusiva para algún evento (os pongo aquí la página web de la inmobiliaria que gestiona los edificios, por si queréis cotillear todo lo que os cuento). También tienen varios servicios incluidos como: mantenimiento, recoger los paquetes que te lleguen, regarte las plantas si no vas a estar en casa, hay una cafetería de autoservicio, cada mes organizan eventos (noche de juegos, concurso de cocina, fiesta de navidad, etc) y hay hasta una red social del edificio. Creo que, después de todo, sí que tengo algunas ventajas con respecto a mi piso anterior, de hecho, no creo que pueda volver a permitirme vivir en un sitio con todas estas comodidades.

23 de enero, pasada la media noche
Miro a mi alrededor y tengo un poco de miedo. De alguna manera estoy consiguiendo hacer muchas de esas cosas que tantas veces me había propuesto pero que quedaron convertidas en simples “buenos propósitos”. Estoy consiguiendo ser constante, que no me coma el caos y el desorden, cuidarme… Me encanta esto. El apartamento es algo material pero de alguna forma refleja todos esos logros, todas esas metas y sueños que se van cumpliendo. Casi no me creo que sea yo, que esto me esté pasando a mí. Las cosas aquí son muy diferentes y, en ciertos aspectos, más difíciles. Ese tiempo que ahora dedico a crear o invierto en proyectos personales es tiempo que dejo de pasar con mi familia y mis amigos… si pudiera elegir, escogería una y mil veces estar con ellos y ser un poco más desastre. Pero no puedo elegir. Por eso intento sacar provecho de la situación y explorar los “hobbies de interior” que me ayudan a teñir de color estos días grises y recogidos. Mi miedo es que esto no sea real, que en algún momento me abandone a la dejadez o se me acaben las ideas, que esté en una especie de “luna de miel” con la ciudad y empiece a odiarla un día, de repente. Supongo que no será así: como ya habéis podido comprobar, no sólo veo cosas bonitas en mi experiencia y, por tanto, creo que estoy siendo realista. Supongo que entonces mi miedo puede ser como esa sensación que tenemos a veces cuando pensamos que nos va demasiado bien, que en algún lado debe estar el fallo. Pues no quiero, me rebelo, me quedo con el “lo consiguieron porque no sabían que era imposible”. Me va a ir bien y punto. Decidido. Y dicho esto, me voy a dormir.

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-       Knock, knock
¿Han llamado?
-       Knock, Knock
Sí, qué raro que peguen a la puerta tan tarde, a ver si ha pasado algo y algún vecino necesita ayuda...

Abro la puerta y me encuentro a un armario empotrado con pinta de sueco y a un chico negro con pinta de ir muy bebido. Me arrepiento de no tener una cadena o algo que me permita impedir que entren por la fuerza. Les pregunto qué quieren y empiezan a contarme un rollo sobre que habían dejado los zapatos en el rellano y alguien se los había robado (todo eso gritando). Les digo que bajen la voz, que es más de media noche y habrá gente durmiendo, que llevo un rato escuchando a varias personas gritando y riéndose… Me dicen que están intentando irse pero no pueden porque no tienen zapatos, que si he visto algo. ¿En serio? Voy vestida con una bata rosa de un conejo, estoy en zapatillas y con un moño ¿Tengo pinta de haber estado por ahí? Les digo que no he salido y les cierro la puerta en las narices. Ante mi sorpresa, oigo que siguen llamando a más puertas… no me extrañaría que algún otro de sus amigos sea el que le ha robado los zapatos para hacer la gracia, o tal vez algún vecino que ha decidido tomarse la justicia por su mano y vengarse por todo el escándalo, quién sabe.

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Perdonad la interrupción Soletes, estoy tan desconcertada como vosotros. Pues listo, ya os he contado cómo es ese rincón de Seattle que sólo yo veo y que, de alguna manera, se ha convertido en mi lugar seguro en esta gran Ciudad Esmeralda. No voy a deciros que es mi casa porque soy de las que piensa que su casa está donde está su corazón… y el mío está muy muy lejos de aquí.

Volveré la semana que viene con un post que, como os comenté, incluye la colaboración de varias personas. El post es… no sé ni cómo describirlo. Sólo puedo deciros que viaja… mira, no os voy a decir nada sobre el contenido pero sí os voy a revelar el nombre, su título es: “Norte, sur, este y oeste”.


¡Que tengáis una semana genial!