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domingo, 26 de noviembre de 2017

63. Totó, ahora sí que no estamos en Kansas


Hola Soletes, en el post de hoy os hablo de mi experiencia empezando a trabajar en el Hospital de Niños de Seattle. Como supongo recordaréis, llevo yendo allí una vez por semana desde hace casi dos años (en este post resumía las primeras impresiones que tuve por aquel entonces, ay parece otra vida) así que estaba convencida de que ya sabía lo que me iba a encontrar, que entendía los entresijos de la institución… pero me equivocaba, vaya si me equivocaba. A continuación, tenéis un resumen del primer atisbo de esta organización desde dentro. Pasen y lean.

6 de noviembre
Salgo de mi primer día de trabajo preguntándome si no he tenido un sueño extraño en el que todo transcurre dentro de un anuncio de Coca-Cola. He pasado unas ocho horas junto a otras 35 personas, que también empezaban hoy, realizando una especie de orientación laboral. La organización completa tiene casi 7.000 personas, así que no debería sorprenderme que un grupo tan numeroso comenzara en un día cualquiera del mes. El grupo se componía de personajes de diferentes perfiles: había desde enfermeras a jefes de servicio, personal de recursos humanos o finanzas, técnicos de laboratorio o investigadores postdoctorales.

En este mundo alternativo en el que todo es blanco y celeste y todos son tan excepcionales y sobresalientes en sus habilidades y buen hacer (casi dan miedo, vaya) que te hacen preguntarte qué haces tú ahí, tuvimos un maestro de ceremonias (porque aquello parecía un show más que una clase) que nos fue guiando por algunos de los datos del hospital, intercalando las explicaciones con vídeos: el presidente dándonos la enhorabuena por haber sido elegidos para formar parte de la empresa y hablándonos de la responsabilidad que ahora teníamos, vídeos típicos de campañas de recaudación de fondos con empleados felices y sonrientes, vídeos entrañables de pacientes agradecidos, etc.

Por tener, tuvimos hasta juegos: por equipos, tuvimos que definir qué eran para nosotros las palabras que componían el texto de misión y visión de la empresa, emparejar unas cifras con el concepto al que correspondían y luego tuvimos un concurso (con pulsadores y todo) en el que competíamos a ver qué grupo se sabía mejor el código de colores de las emergencias del hospital. La verdad es que también ha sido inspirador y entretenido, se han esforzado mucho en que no nos muriéramos de aburrimiento y absorbiéramos la mayor cantidad de información posible.


Detrás de las acreditaciones con las que accedemos a las instalaciones, y que debemos llevar puestas en todo momento, tenemos la “chuleta” por si dicen el color por megafonía para que sepamos qué es. Lo curioso es que los colores cambian de hospital a hospital…

Entre las cosas más interesantes que aprendí está la historia del hospital. La institución, que hoy se compone de miles de trabajadores encargados de atender el hospital en sí (donde se trata a los pacientes, con varios edificios), la parte de investigación (en la que trabajo yo) y la parte de fundación, encargada de recaudar fondos empezó con una sola persona. Anna Clise, una recién llegada a una Seattle que se había fundado hacía menos de 50 años, fundó en 1907 el hospital junto con 16 amigas a las que consiguió reclutar. Como muchas grandes hazañas filantrópicas, esta mujer fue motivada por la muerte de su segundo hijo (que tenía artritis reumatoide): al darse cuenta de que esta parte del país no tenía demasiados recursos para niños, decidió fundar un hospital infantil cuyo lema fuese “atender a quien lo necesite sin importar de donde viene (raza, religión o género) ni si puede pagar el tratamiento”. Estas mujeres comienzan a recaudar fondos en la comunidad, alquilan siete camas del entonces Hospital General de Seattle y consiguen algunos médicos que donan sus horas de trabajo para ellas.


Este es el logo original (cuando se llamaba Hospital Ortopédico Infantil), la verdad es que da un poco de miedo.

Tras más de cien años, el hospital, exclusivamente dirigido por mujeres hasta 2004, y altamente dependiente de donativos, ha ido creciendo hasta convertirse en lo que es hoy: centro de referencia para los estados de Washington, Wyoming, Alaska, Montana y Idaho, que sigue atendiendo gratis a familias sin recursos. Casi desde el principio aparecieron las “guilds”, palabra que no sé muy bien cómo traducir (supongo que asociación o cooperativa sería lo más correcto), básicamente son grupos de voluntarios que se reúnen para hacer actividades de recaudación de fondos que luego donan al hospital, hay 450 de ellas, con miles de miembros en total que han recaudado millones de dólares en conjunto.

La verdad es que me han impresionado, no tenía ni idea de que el instituto de investigación, que está afiliado a la Universidad de Washington, tiene sólo 11 años y está entre los cinco mejores de Estados Unidos. En concreto, mi grupo de investigación está considerado el mejor en mi campo… hola vértigo, aquí vamos otra vez. Además del prestigio, de lo moderno y bien estudiado de las instalaciones (todas pensadas para ser ergonómicas, eficientes, seguras, ecológicas y respetuosas con el paciente) que una de mis hermanas calificó como “la Disneylandia de los hospitales” cuando las llevé a visitarlo, cuidan mucho al empleado. Por ejemplo, en mi edificio (además de la típica cocina con varias neveras, microondas, cafeteras, etc.) hay un gimnasio gratis 24h y paraguas que te puedes llevar a casa si resulta que ese día llueve mucho. Como están preocupados por el medio ambiente, los problemas de parking y la salud de los empleados, además de tener una tarjeta de autobús con viajes ilimitados por el precio de lo que cuestan dos viajes, cada día que vas andando, en bicicleta o en autobús te dan incentivos económicos (unos 4€ si vas al centro de trabajo y 1€ si trabajas desde casa, hay flexibilidad siempre que a tu jefe le parezca bien). También te prestan una bicicleta si es el método que quieres usar o te reparan la tuya si se te rompe y te pagan un taxi un cierto número de veces al año si no has ido en tu coche y tienes alguna urgencia. Ah, y por ser empleado tienes descuentos en hoteles, viajes, compras online, el cine, la factura del teléfono... Se encantan ellos mismos y hacen por transmitirlo: me regalaron un bolígrafo, una libreta y un termo del hospital el primer día y por lo visto organizan varios eventos sociales para que los empleados se conozcan entre sí (por ejemplo, helado gratis en verano y café en invierno o un concurso, que ganó mi equipo, para ir a un scape room).

El contrapunto es todo el papeleo que hay que hacer, los mil cursos online sobre seguridad, privacidad, “hay que ser bueno con todo el mundo”, “qué hacer si viene un terrorista a tu oficina” y otras cosas igual de sorprendentes. Por ejemplo, para que te den el incentivo de transporte, tienes que indicar cada día cómo has ido a trabajar, para que te paguen tienes que confirmar que has ido a trabajar, etc. Ah, se me olvidaba, y tienes que decirles qué seguro médico quieres, si quieres plan de pensiones y otros jaleos varios en los que espero no haber metido la pata porque, siendo sincera, no he acabado de enterarme del todo.

9 de noviembre
Hacía tiempo que no estaba tan abrumada (no voy a decir cansada porque me repito más que el ajo) pero vaya intensidad de todo: de equipo, de infraestructura, de cosas por hacer… Barbara, la otra postdoc que empezó conmigo y con la que fui a Florida sigue siendo genial, de verdad que me alegro de tenerla en el equipo, me siento más tranquila y más fuerte con ella.

Hoy ha sido mi tercer día. De momento voy bien, luchando mucho conmigo misma para no exigirme demasiado y tener paciencia por no tenerlo todo listo para antes de ayer, pero voy viendo como poquito a poco voy solucionando cosas y todo va encajando. Objetivo para esta semana: paciencia. Tras llamar a emergencias ayer sin querer, tratando de contactar con los informáticos para decirles que no me funcionaban la mitad de las cosas, tuve un golpe de realidad y me di cuenta de lo diferente que es trabajar aquí con respecto a ser una “simple” voluntaria. Creo que nadie, salvo yo misma, esperaba que fuese a estar al 100% desde el principio, así que he de bajar mi listón o me va a dar algo.


Ya me voy haciendo un “hogar” laboral aquí. Este es mi cubículo. No se ve pero el otro "muro" es de cristal y puedes escribir con rotulador (es una chorrada, pero es algo que veía en las películas y siempre había querido hacer).

Objetivo para la siguiente semana: reunirme con todos mis nuevos compis y superiores y ver en qué podemos colaborar y planificar cómo integrar hábitos de vida saludables en mi rutina, que últimamente es un desastre. He dicho.

15 de noviembre
Me han dicho que estoy rompiendo las reglas… pero creo que no en el mal sentido. En la formación del primer día coincidí con Pamela, una chica americana cuya energía me encanta, que resulta que trabaja en mi misma planta. Habla español y dice que quiere practicarlo, así que vamos a empezar a hacer una “comida en español” una vez a la semana con un par de personas que están en la misma situación. Por lo visto eso es raro, eso de hacer migas con personas de otros departamentos no es algo habitual. Pero me da igual, en ninguna de las interminables normas que nos explicaron el primer día estaba eso escrito y no voy a mentir: me encanta romper las reglas que no están escritas, si no sería todo muy aburrido.

17 de noviembre
Otra semana superada, acabo de volver de un “happy hour” de seis horas… madre mía qué diferente es este ambiente, parece que se toman en serio lo de “work hard, play hard”, pero con el sueldo (que, por cierto, cobraré cada dos semanas) que aún no sé en qué consiste después de impuestos no sé yo si me va a dar para pagar los precios desorbitados de los cócteles que se sirven en Ciudad Esmeralda.

Parece que ya le voy cogiendo el truco a todas las chorradas burro-cráticas que hay que hacer, o al menos sé con quién hay que hablar si yo no tengo ni idea, pero soy consciente de que aún me queda mucho por andar. Me doy hasta final de año para estar integrada, creo que eso tiene más sentido.

Esta ha sido una semana agridulce. Por una parte estoy contenta: las reuniones han ido bien y los compañeros parecen muy abiertos y deseosos de colaborar. Por otra un poco triste: una de las postdocs, con las que he colaborado bastante, se vuelve a su país de forma repentina… como ya decía, en esta ciudad más vale que te prepares para los adioses inesperados, porque son muchos los amigos que se van casi sin avisar. Para terminar con un sabor más dulce, ha llegado a mi correo electrónico la guinda del pastel: la confirmación de que me aceptan una presentación en un congreso que tendrá lugar en California en Marzo (y aquí si presentas algo te pagan los gastos de viaje). ¿Y dónde? Nada menos que en el Hotel Disney, en Disneylandia (el original que fundó Walt Disney). Eso, Soletes, es poco menos que mi sueño de la infancia… lo que me hace, una vez más, pensar que la manera en la que los sueños se cumplen es muy muy rara, que nunca sabes hacia dónde te llevarán tus pasos pero seguro que el camino tiene sorpresas escondidas para recompensar tu esfuerzo. Prometo contarlo todo en el post correspondiente.

19 de noviembre
Mañana es lunes otra vez, y esta va a ser una semanita corta: el jueves es Acción de Gracias y he decidido que necesito un descanso. Me voy de Seattle, necesito un par de días en soledad, un tiempo conmigo misma, sin agenda ni objetivos, en los que pueda descansar, bajar el estrés y dejarme llevar. Sé que mi viaje a España y mis “vacaciones” de Navidad están a la vuelta de la esquina pero siendo realista también sé que de lo que se dice descansar tendré más bien poco tiempo. Así que este es mi momento, unas mini vacaciones en… en el próximo post os lo cuento.

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sábado, 10 de junio de 2017

52. Más sabe el diablo por viajero que por diablo

Mi profesor de psicología del ocio y el turismo decía que un viaje es una experiencia que se disfruta tres veces: al prepararlo y planificarlo, durante el mismo y al recordarlo. Además, los viajes te abren la mente, te hacen conocer otras culturas, otras formas de vivir sumergiéndote en ellas y en sus paisajes, su comida, su ritmo de vida, sus expectativas sobre lo que es apropiado… Además, te ponen a prueba: no es raro que interpretes mal un mapa y termines en la otra punta del sitio al que querías ir, que no te quede otro remedio que hacerte entender por alguien que no habla tu idioma o que, por no faltarle al respeto a tu anfitrión, acabes comiéndote ese plato típico que juraste que no probarías. Pero hay cosas que sí se pueden prevenir: no hay nada que deje más chafado que perder un avión por organizarte mal o verte muerto de hambre o frío, o cargado cuan burro por no hacer bien la maleta.

De eso precisamente es de lo que quería hablaros hoy. Mis queridos padres (les llamaré Enrique y Emma en honor a los tíos de Dorothy) vienen de vacaciones a Ciudad Esmeralda el próximo jueves y se quedan aquí dos semanas. Ellos han viajado por Europa antes pero nunca han cruzado el charco, así que me encontré a mí misma haciéndoles listas de cosas importantes y dándoles consejos sobre lo que para mí es obvio pero que puede que para quien no esté acostumbrado a los viajes largos no lo sea.

Ya que tenía la idea medio montada, he decidido compartirla con vosotros y crear una especie de “To do list” para viajes intercontinentales (aunque muchas cosas se pueden aplicar a cualquier tipo de viaje en avión). Está organizada por orden cronológico, desde los preparativos hasta la llegada a la ciudad, y dividido en secciones para que os sea más fácil encontrar lo que buscáis. Pues lo dicho: pongo a vuestro servicio mi experiencia adquirida en 20 vuelos intercontinentales y unos pocos más (he perdido la cuenta) de corta distancia. Como ya he comentado alguna vez, no me considero una aventurera en absoluto, pero a fuerza de tanto viajar hay cosas que me salen solas, en fin, que más sabe el diablo por “viajero” que por diablo. Aquí van:

Antes del viaje
A la hora de comprar el vuelo
  •  Os recomiendo mirar en Kayak y Google flights usando los calendarios de precios y buscarlos con tiempo. Cuando veáis algo decente mirad por si acaso en la aerolínea, que a veces están más baratos.
  •  Elegir “fechas flexibles” os puede ahorrar bastante dinero.
  • Otro truco es mirar en aeropuertos cercanos (eso sí, aseguraos de que no os salga más caro el viaje de una ciudad a otra o que tengáis que pagar una noche de hotel porque el vuelo es muy temprano).
  • Al elegir los asientos, lo ideal es un sitio cerca del ala, que es donde menos se notan las turbulencias. Si tenéis prisa en una escala, entonces mejor en la parte de delante. Esto puede hacerse normalmente después de comprar el billete, no hay que esperar al check in.
  •  Si tenéis alguna intolerancia alimentaria o preferís un menú especial (vegetariano, Kosher…) podéis hacerlo online.
  • Merece la pena dedicar un momento a haceros una cuenta de viajero frecuente. Si viajáis mucho, más tarde podréis canjear las millas por descuentos o vuelos, o si no podéis regalarlas. En mi experiencia, también te hacen más caso si hay algún problema.

Papeleos y gestiones
  • Haz fotocopias de todo y ponlas también en Dropbox, Google drive o envíatelas por email.
  •  Apúntate en el registro de españoles viajando al extranjero.
  • Consulta la web del Ministerio de Asuntos Exteriores, allí encontrarás recomendaciones sobre vacunas, zonas peligrosas del país al que viajas y diversos consejos (si por desgracia ocurre algún desastre como una guerra o un terremoto, te tendrán localizado y sabrán que tienen que buscarte).
  • Avisa al banco de que estarás fuera para que no te cancelen las tarjetas si ven un pago “raro”, más aún si vas a estar en otra zona horaria, porque puede que te llamen para confirmar el pago cuando abran, mientras tú estés durmiendo.
  •  Seguro de salud, imprescindible para ir con tranquilidad. Si viajas por Europa la tarjeta sanitaria europea es suficiente. Si vas fuera, a no ser que tengas un seguro privado con cobertura mundial, deberás contratar uno. Yo recomiendo IATI seguros, mis hermanas tuvieron muy buena experiencia con ellos.
  • Mira las condiciones de roaming de tu compañía de teléfono. Por ejemplo, con Vodafone ahora no te cuesta más caro.
  • Asegúrate de mirar la forma más barata de cambiar dinero. A veces lo mejor es tu banco, a veces incluso sacar en un cajero del país de destino. Por ejemplo, con EVO no hay comisiones por cambio de divisa.
  • Mira la página web del aeropuerto al que te dirijas a ver con cuánto tiempo de antelación recomiendan llegar: a veces en verano hace falta mucho más (y no es bueno confiarse), pero algunos aeropuertos lo gestionan muy bien y no es agradable descubrir que has madrugado para llegar tres horas antes “por si acaso” y luego descubrir que tienes que esperar dos horas en la puerta de embarque sabiendo que tienes casi un día de viaje por delante. También podéis investigar si tienen wifi gratis para los viajeros.
  • Si no conocéis bien el idioma del país que visitáis, una buena idea es que la persona a la que vais a ver (o la agencia de viajes) os escriba una carta en el idioma local explicando quienes sois, por qué vais, durante cuánto tiempo y su número de contacto. Así podréis presentarla en la frontera si no os entienden bien.
  • La mayoría de los aviones tienen entretenimiento para los vuelos largos. No obstante, a veces la selección de películas en un idioma que entendamos puede ser reducida, la salida de sonido puede no funcionar, etc. Llevar música descargada o algún libro electrónico en el móvil o la Tablet os puede salvar del aburrimiento o el hastío.
  •  Si no vais a tener datos móviles en el sitio al que vais y no queréis ir cargando con mapas en papel, podéis descargarlos en vuestro móvil con la aplicación de Google maps y tenerlos disponibles sin conexión. Así podéis explorar las ciudades (o los bosques) sin miedo a perderos, a no ser que sea esa la idea, claro…
  • Aseguraos de que el país al que vais no exija visado para entrar (o exención de visado como el ESTA para EEUU o el ETA para Canadá). OJO: hay páginas que son un timo y pretenden cobrarte cientos de dólares por dichos documentos cuando las oficiales (en los links de antes) te piden en torno a 10 dólares.

Maleta de cabina
En mi opinión, esto es tanto o más importante que la maleta de bodega (si es que decidís facturar), puede marcar la diferencia entre un vuelo genial y uno agobiante.
  • Los líquidos en una bolsa de plástico transparente, si no queréis que los guardias de seguridad os canten las cuarenta.
  •  Chicle. ¿Se os tapan los oídos al despegar y aterrizar? Masticad un chicle durante esas fases y problema resuelto.
  • Almohada para el cuello: ideal para que no se te caiga la cabeza en el de al lado si los asientos no son de los que tienen orejeras.
  •  Zapatillas de viaje. Sí, para el avión. Supone una enorme diferencia pasar 9, 11, 13 horas o las que sean en la comodidad de unas zapatillas en lugar de zapatos apretados. La ropa también debe ser suelta.
  • Aspirina infantil: se recomienda tomar una en los vuelos largos para mejorar la circulación y evitar la hinchazón de piernas.
  • Algo para hidratar los labios y los ojos. El aire de los aviones suele ser bastante seco, unas lágrimas artificiales y un cacao apañado pueden hacer milagros.
  •  Algún analgésico. Los nervios del viaje, el madrugón, el cargar con la maleta, el estrés de que vaya todo bien, el ruido… es posible que como consecuencia os pueda doler la cabeza. No viene mal tener algo a mano, son muchas horas para estar aguantando.
  •  Un bolígrafo. Para rellenar el formulario de aduanas, apuntar la cinta por la que saldrá la maleta o dejarle una nota de amor al azafato.
  • Kleenex. No hace falta que explique para todo lo que sirven, ¿no?
  • Carpeta transparente para llevar los papeles. Para evitar microinfartos pensando que os habéis dejado el pasaporte en casa y poder ir poniendo todo lo que os den en el mismo sitio: tarjetas de embarque, resguardo de la maleta, formulario de aduanas…
  •  Pañuelo grande de tela. Desde abrigaros el cuello hasta taparos la cara si no queréis que vean cómo se os cae la baba mientras dormís.
  •  Guía Lonely Planet. Son mis preferidas para investigar de forma independiente. Además, pueden hacer el vuelo de ida más ameno y ayudaros a planificar el viaje mientras voláis.
  •  Snacks sanos. En los vuelos largos a veces te ceban, pero no siempre son cosas sanas o con fibra: cacahuetes, pretzels, galletas… a veces te hacen desear tener algo más fresco que llevarte a la boca. Los tomates cherry, las zanahorias baby, un puñado de cerezas o una manzana pueden venir genial para estos casos (o para las escalas), tienen mucha agua y mucha fibra (y antioxidantes para ayudar con el jet lag). OJO: si os sobran tiradlos antes de pasar aduana si no se pueden llevar vegetales al país (no pasa nada por tenerlos en el avión).
  •  Cargador de móvil y adaptador de corriente. Si son de los que van con USB mejor, porque algunos aviones sólo tienen eso.

Maleta de bodega
En este caso cada uno decide, aquí lo más importante es hacer acto de conciencia y pensar si de verdad necesitáis ocho camisetas para cinco días, ese bolso tan mono que sólo pega con esos zapatos tan incómodos, y cosas por el estilo… Solete: visualízate a ti mismo acarreando la maleta por esos aeropuertos de Dios, cargando con ella en las posibles estaciones de metro sin escaleras mecánicas, respira, y vuelve a pensar lo de las camisetas.
  • Líquidos grandes. Es obvio, vale, pero por si acaso.
  • Que no cunda el pánico si se te ha olvidado algo: hay tiendas. Si no sabes cómo se dice en el idioma de destino, San Google será tu amigo.
  • Bolsas de plástico herméticas. Puedes guardar desde ropa sucia hasta los restos de ese paquete de arroz que te puede salvar de morir de hambre.
  • Botiquín. Este “por si acaso” nunca está de más, sobre todo si en el país al que viajes hay algún medicamento que no sea fácil encontrar. Lleva la receta (o una carta del médico) por si te ponen problemas en aduanas.
  • Ropa ligera que te puedas poner en capas: algo fresco (es verano) pero también algo cálido para el avión y las noches, no importa dónde vayas.
  • Sitio libre. Para los recuerdos, caprichos y demás.
  • Pon toallitas suavizantes dentro para evitar el olor a cerrado.
  • Asegúrate de no llevar nada prohibido y de declarar los alimentos en aduanas si la legislación del país lo exige para evitar malos ratos. Por ejemplo, a EEUU y Canadá no se pueden traer carnes, fruta

Vuelo
Si habéis llegado al avión: enhorabuena, lo habéis conseguido. Hora de sentarse, relajarse, y tomárselo con calma.
  • Para empezar lo que os comentaba en el apartado de la maleta: zapatillas, aspirina y chicle.
  • Bebed mucha agua. El jet-lag se parece bastante a una resaca: los síntomas empeoran con la deshidratación. Aceptad bebidas cuando os las ofrezcan y si necesitáis más: pedidlas, que para eso están las azafatas.
  • Moveos. Es importante que deis algún que otro paseo por el pasillo, vayáis al servicio, os estiréis… ayudará bastante a que no se os hinchen las piernas.
  • Y hablando de ir al servicio: la “hora punta” suele ser después de comer, así que es buena idea ir cuando veáis que pasan con los carros hacia la parte delantera para empezar a servir las comidas. También es buena idea ir cuando anuncien que falta media hora para aterrizar o justo al bajar: tened cuidado con no meteros directamente en una cola de inmigración o fronteras porque entre eso, la maleta, etc. a lo mejor pasa una hora antes de que encontréis otro baño.
  • Si bebéis vino, que sea blanco. No es broma, he sido testigo de verdaderos dramas causados por el derramamiento de vino tinto… el blanco no se ve.
  • Antes de bajar: repasad que no os hayáis dejado nada (en el bolsillo del asiento, en el compartimento superior), más vale dedicar unos momentos a asegurarse de que esté todo, os lo dice una a la que el jet lag le jugó una mala pasada y se dejó el poster cuando iba a un congreso.
  • Calma en la frontera. A veces hay cola. A veces la cola va lenta. Estamos cansados, queremos llegar… Es importante mantener la calma y ponerle buena cara al agente de seguridad de turno. Recordad que el premio está justo al otro lado. Volver a casa siempre es más rápido y fácil en ese sentido.

Al llegar…
Pooor fin en tierra firme y con permiso para recorrer vuestro destino soñado. Momento de hacer un último esfuerzo y no dejar que el cansancio os gane la batalla.
  • Llegar a vuestro destino. Si habéis hecho los deberes sabréis si hay algún tren desde el aeropuerto. Si no, un Uber os puede sacar del apuro. Si no tenéis ni idea de la mejor opción para llegar a la ciudad/ hotel, preguntad en el punto de información del aeropuerto antes de montaros en un taxi que os pueda dejar sin el presupuesto de medio viaje.
  • Nada de siestas. Si podéis, es mejor aguantar hasta que se haga de noche en el destino, eso os ayudará a coger el ritmo antes y disfrutar al máximo de los días.
  • Melatonina. Una pastilla media hora antes de dormir hará que os entre sueño y que no os despertéis en mitad de la noche. Es la hormona que produce nuestro cuerpo de forma natural cuando se hace de noche, no crea adicción ni tiene efectos secundarios. Se venden sin receta.
  • Salid al sol. Para ayudar al cuerpo a recuperarse y adaptarse lo mejor es un paseo al aire libre.
  • Mucha agua. Sí, sigue siendo necesaria una buena hidratación.
  • No seáis tímidos. Mezclaos con la gente del lugar, preguntadles por los mejores sitios para comer, dónde ver una puesta de sol, algún bar secreto…
  • Probad la comida o bebida del sitio, es parte de la experiencia.
  •  Perdeos… En lugares seguros y cuando tengáis tiempo (no el último día antes de coger el vuelo de vuelta). Una de las sensaciones más mágicas es salir un día sin mapa y girar a izquierda o derecha, o parar a placer según lo pida el cuerpo.
  • Llevad una cuenta de gastos, sobre todo si vais muchos días y la moneda es diferente de la vuestra, no es agradable estar el resto del año “castigados sin ocio” porque se nos haya ido de las manos el viaje en cuestión.

En concreto en Seattle…
En esta última sección os hablo de las cosas que son imprescindible saber para los turistas de Ciudad Esmeralda.
  • Alojamiento: los hoteles son muy caros, mejor empezad por AirBnB.
  • Por la noche evitad Downtown en torno a la tercera y la cuarta avenida y el Distrito Universitario.
  • Cuidado con las horas punta de trafico: podéis tardar hasta el triple de lo habitual en ir de un sitio a otro (suelen ser de 7 a 9 y de 4 a 6, más o menos).
  • Si tenéis pensado ir en bus, llevad el cambio justo (2.50$ o 2.75$) o se quedarán el billete que les deis. Guardad el ticket, ya que sirve para hora y media. Si vais muchos días mejor comprad una tarjeta (Orca), las venden en las estaciones y en algunos supermercados.
  • Llevad algo impermeable y con capucha, no importa la época del año.
  • Siempre hay cosas gratis por hacer.  Pinterest puede ser una buena fuente de información de cosas permanentes, y los eventos de Facebook de cosas puntuales (simplemente id a “eventos” y filtrad por ciudad).
  • El Citypass es un pack de entradas que podéis comprar y permite ahorrar bastante si queréis hacer lo más típico. Incluye: subida al Space Needle (de día y de noche), el acuario, un paseo en barco por el puerto, el museo de cristal de Chihuly y el MOPOP (un museo de arte pop y ciencia ficción).
  • Para orientarse: el mar está “hacia abajo” y las avenidas paralelas a él que van subiendo tienen números consecutivos (1st Ave, 8th Ave…). Las calles que las cortan tienen diferentes nombres.
  • En los Starbucks hay wifi gratis. Hay unos 400 Starbucks en Seattle. La ciudad tiene 700.000 habitantes. De nada.

Y hasta aquí los consejos basados en mi experiencia. ¿Qué os parecen?, ¿habíais probado alguno antes?, ¿tenéis uno infalible que no he mencionado? Estaré encantada de leer vuestros comentarios. Entre tanto, he de deciros que no sé si dentro de dos semanas podré publicar otro post, ni si quiera dentro de tres, así que: volveré cuando pueda, que quiero disfrutar de mis padres. Por cierto, ni mi banco es EVO, ni mi seguro IATI, ni mi compañía móvil es Vodafone (ni me pagan por mencionarlos, por supuesto, jajaja) simplemente los recomiendo porque creo que para esto dan las mejores condiciones, pero es sólo mi opinión personal.

¡Mil besos y a disfrutar!

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domingo, 28 de febrero de 2016

16. La planta 6

26 de febrero
Hoy he llegado a ese punto. Ese punto en el que he recorrido el camino sin pensar en la dirección, no he dudado si girar a la izquierda o a la derecha para llegar a la sala de conferencias, me he puesto un té en la cocina y he iniciado sesión con mis claves en uno de los ordenadores del espacio compartido para los postdoc.

Creo que ha llegado el momento de que os hable del piso 6. Antes de que, aquello que el primer día me pareció una especie de Disneylandia para científicos se convierta en la cosa más normal del mundo ante mis ojos.

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18 de noviembre
El viernes tengo una reunión con la directora del centro de investigación en desarrollo y salud pediátrico del Hospital de niños de Seattle, a ver qué le digo... lo prepararé un poco porque estoy algo nerviosa. Escribiré al menos un resumen de lo que hago, las líneas de investigación que me interesan y aquellas en las que me encantaría colaborar. Espero que haya suerte, me encantaría colaborar con ellos porque han hecho contribuciones muy importantes en el ámbito del dolor infantil, comparten conmigo los intereses por el sueño y las nuevas tecnologías (eHealth sobre todo) y sería la manera de no desconectar del todo del ámbito pediátrico durante estos dos años. Me encanta el hospital de adultos pero creo que aquí tendré oportunidades únicas de hacer contactos y aprender otras técnicas y perspectivas. Así que venga, a tragarse la vergüenza y “palante”.
 
20 de noviembre
La sede del hospital de niños donde trabajan las personas con las que colaboraré está en la octava avenida, en pleno centro de la ciudad. El edificio es enorme, hay un Starbucks en el vestíbulo y en las plantas superiores hay empresas como Amazon.
 
Te puedes tomar algo tan molón como un té “Oprah”. Sí, esta mujer tiene hasta una bebida con su nombre…
 
El centro de investigación en sí es una pasada. Todo es blanco, todo es coqueto, todo el mundo es “super nice” (muy amables), tienen personas que se encargan de los más pequeños detalles y parece que reciben una buena financiación. Eso sí: la seguridad es de mayor nivel que la de un bunker. Si no tienes acreditación tienes que ir a una recepción del cuarto piso, enseñar el pasaporte, permitir que le hagan una fotocopia y ponerte un pase temporal que debe permanecer visible todo el tiempo. Para que te dejen subir al sexto llaman por teléfono a la persona que te ha invitado y debe bajar personalmente a recogerte.
 
La reunión ha sido un éxito. Es extraño, es la primera vez que me pongo tan nerviosa desde que llegué. No entiendo bien por qué, quizás es por el renombre que tiene esta catedrática y todas las contribuciones que ha hecho, quizás es porque no la conocía de antemano y parece muy seria de primera impresión. A los pocos minutos de hablar con ella descubro que es un encanto: amable, abierta, colaborativa… me ha invitado a asistir a todas sus reuniones de grupo, me ha pedido que tras la reunión me reúna por separado con todos los miembros de su equipo para ver en qué podemos colaborar y me ha dicho que si quiero me puedo unir al “journal club” una especie de club de lectura científico donde van analizando libros y artículos. Wow. Me ha dejado sin palabras… creo que se me han gastado las gracias de tanto dárselas. Me resulta sorprendente que alguien que no te conoce esté tan dispuesta a ayudar y a abrirte las puertas de esa manera.
 
18 de diciembre
Hoy he ido a la primera reunión de grupo en el piso 6 y ha sido genial. Hay al menos dos proyectos en los que podemos colaborar: uno de dolor postoperatorio y sueño con seguimiento mediante un diario electrónico y otro utilizando una base de datos de una encuesta nacional a la que también van a darme acceso. Hay varias postdoc, aunque la mayoría terminando, pero me ha gustado mucho el ambiente que hay. No sé a cuánto me dará tiempo antes de que se vayan, pero espero que al menos pueda plantar unas cuantas semillas para colaborar en el futuro.
 
Ha pasado casi un mes desde la reunión inicial (no volví a ir porque estuve con la mudanza al piso y pillaron las Navidades en medio) y aún no tengo mi acreditación para entrar al hospital sin tener que hacer a la pobre jefa bajar dos pisos para recogerme. El proceso ha sido interesante: me han revisado los antecedentes penales (es la cuarta vez desde que pedí el visado), he tenido que rellenar una montaña de papeles, tengo pendiente hacer varios cursos online (cursos muy similares a los que ya hice en el hospital de adultos pero que como no son SUS cursos, parece ser que no valen…), rellenar unos documentos de declaración financiera y conflicto de intereses y el último paso es ir a ver a la enfermera ocupacional y a sacarme la foto para la identificación (espero que con el informe que he presentado sobre las vacunas sea suficiente…).
 
Lo que más me ha llamado la atención es el espacio: tienen vistas al Space Needle, una cocina, pequeñas oficinas con un ordenador, pizarras, sillas y mesas que están disponibles para reuniones… también tienen unos espacios para los “investigadores voluntarios” como yo, donde pueden registrarse con sus claves en el ordenador y se inicia una sesión propia. Algunos de ellos tienen programas para análisis de datos y acceso a bases de datos para buscar artículos. También tienen un autobús gratis que conecta el hospital con otros centros de investigación, entre los que afortunadamente se encuentra el mío, cosa que me viene de maravilla.
 
Lo segundo que me ha dejado con la boca abierta es la manera de organizarse. Tienen personas encargadas de escribir y revisar los proyectos para que pasen por el comité ético del hospital, asistentes de investigación que se encargan de gestionar contratos, reclutamiento de participantes para los estudios, licencias… Ah, y a las reuniones de los viernes cada semana lleva uno el desayuno, así que lo mismo hablan de los estudios en marcha mientras se comen unas uvas que preparan las presentaciones que harán en el siguiente congreso mientras se comen una rosca con queso crema o unas galletas caseras. Así da gusto empezar el día.
 
Por último, me asombra la cantidad de recursos que tienen: creo que para el “Journal Club” te dan los libros ellos (al menos a los empleados, yo no sé si entro en el cupo), tienen otro proyecto para formar a profesionales de la salud y científicos en las que lo mismo te enseñan a revisar un artículo que te dan pautas sobre cómo escribirlo. En definitiva: que el hospital de adultos está muy bien, no tengo queja, pero no había visto nada como esto.
 
23 de diciembre
 
10.50
Voy en el autobús hacia la cita con la enfermera ocupacional. Creo que he llevado los nervios bastante bien, intentando distraerme y demás. Pero no puedo evitar estar preocupada. ¿Me querrán pinchar?, ¿Me pondrán problemas con las vacunas? Espero que no… y si lo hacen pienso negarme . Eso sí, si me preguntan por la vacuna de la gripe seré sincera y diré que no la tengo.
 
12.00
Y ahora voy de vuelta. Me han pinchado. Tres veces. Me han vacunado de la gripe y del tétano-difteria-tosferina. Me han sacado sangre para ver si tengo las defensas de la varicela todavía. Espero que sí y que no me la tengan que poner otra vez… me he sentido un poco obligada, como si fuera una prisionera. Pero bueno, la enfermera ha sido muy amable y simpática. Espero no tener efectos secundarios y pasar todas las navidades mala. Lo que hay que hacer por la ciencia. En fin, ya me pueden toser en la cara pacientes griposos o me puedo pinchar con un hierro y quedarme tranquila. Sé que no es para tanto, que sólo son unos pinchazos pero aunque resulte paradójico a pesar de trabajar con el manejo del dolor, las agujas no me gustan nada de nada… desde luego, qué mejor que irte a casi 10.000 km de casa para seguir superando miedos.
 
Ya tengo mi acreditación y es lo importante. Me siento como un agente doble: en la carcasa de plástico transparente tengo por un lado la que me da acceso a la planta 14 (hospital de adultos) y por otro la que me permite acceder a la 6 (hospital de niños).

8 de enero
Hoy he tenido otra reunión en el hospital de niños y me he sentido como pez en el agua. La acreditación no funcionaba pero por lo demás ha ido bien. He conseguido encontrar la sala de reuniones y la cocina, y volver en el bus secreto cuya parada está escondida y he hecho aportaciones y sugerencias para una investigación de la que se estaba hablando sin que me diera un colapso.


Aquí las vistas desde la parada, son “cool” hasta para anunciar lo que hacen

28 de enero
Síndrome del impostor total. Me da miedo que vean que no sé analizar bases de datos complejas, les diré la verdad: tengo más experiencia en pruebas de usabilidad, en evaluación momentánea, en revisiones sistemáticas, en análisis factorial… pero que hay otros análisis que no he hecho nunca (ni sé usar algunos programas estadísticos que utilizan ellos).

Estoy haciendo cursos online, leyendo… más no puedo hacer. A ver, sé que no están aquí para evaluarme ni juzgarme. Les explicaré mis ideas, les propondré colaborar en un par de cosas y a ver cómo va. Si les decepciono supongo que no volverán a contar conmigo y ya está, tengo a los del otro hospital y los de España que sí confían en mí.  
 
Supongo que ya se me pasará, es normal al principio… los comienzos nunca son fáciles y sólo exponiéndose a estas situaciones y sintiéndose vulnerable es posible no acomodarse y crecer. Quizás me imponen un poco por lo maniáticos o perfeccionistas que son para todo: lo de las vacunas, lo del examen de español que tengo que hacer ahora…
 
¿No he contado lo de el examen? Bueno, preparaos para otra historia surrealista. En uno de los proyectos, les habían criticado porque el 10% de los pacientes de un hospital donde estaban reclutando participantes para un estudio son de habla hispana y no entienden bien el inglés y por eso se les estaba excluyendo. No tenían dinero para contratar intérpretes de español (pueden cobrar 300 dólares la hora). La solución propuesta fue que yo tradujese los materiales y les hiciese el proceso de consentimiento informado: ¿quién mejor que una hablante nativa para encargarse de esto? Pues parece que no es suficiente, los del hospital requieren que la persona encargada pase un examen del idioma que sea, no importa que sea su primera lengua. Lo surrealista no termina ahí: tras un largo y tortuoso proceso resulta que no me pueden hacer el examen porque no soy empleada, pero si no me hacen el examen no puedo realizar esa tarea. ¿La solución? Pues no lo sé, aún estamos en ello y la verdad es que me estoy quedando sin ideas. Si no les vale mi pasaporte español ni mis notas de la carrera y no me quieren examinar no sé qué más entregarles. Si lo que quieren es un certificado de Español latino, creo que les pediré a mis padres un informe de las innumerables películas Disney que habré visto de pequeña con ese doblaje, desde luego deberían computar como horas de practica…

26 de febrero
Como os comentaba, hoy me he sentido un poco “en casa” mientras estaba en el piso 6. Cuando hemos acabado la reunión me he puesto a trabajar un rato y después he ido a comer con dos de las postdocs que son muy apañadas. Ha sido un rato muy divertido donde he podido desconectar y conocerlas un poco mejor. Ya de paso he descubierto un restaurante mediterráneo donde ponen un falafel de muerte. Me encanta Seattle.


Una de las tazas que puedes coger si necesitas, así no tengo que cargar con la mía
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Hasta aquí mi visión del hospital de niños, os mantendré informados de los avances. Ah, con el paciente muy bien: no puedo dar detalles por aquello de la confidencialidad pero creo que hemos conectado y que le resultará útil lo que aprenda en terapia. Ya os contaré cómo acaba la historia.

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Besos desde el lluvioso Seattle