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jueves, 15 de marzo de 2018

67. Sol y nieve

Hola Soletes,

Si, de verdad soy yo. Sigo viva… casi más viva que nunca, podríamos decir. Siento mucho haber tardado tanto en escribir, laboralmente es la etapa más estresante que he tenido desde el cambio de trabajo a finales de octubre: estoy escribiendo un proyecto de investigación, tengo que entregar un capítulo para un libro, un resumen para un congreso y un artículo para el número especial de una revista. Personalmente… pues he estado entretenida. He decidido hacer este post para poneros un poco al día porque si no, me temo que os ibais a quedar otro mes a pan y agua: en dos días vuelo a casa y luego voy a un congreso en Copenhague, así que ibais a tardar en tener noticias.

He decidido titular a este post “Sol y nieve” porque lo que voy a contaros son dos viajes que he hecho en este tiempo: una escapada de fin de semana a Portland con Jay y un congreso en Anaheim con visita a Disneylandia incluida. Este post tiene tanto fotos como “chicha”, para al menos podáis viajar un poco conmigo. Abróchense los cinturones porque despegamos ya.

Parte 1: Portland (nieve)
16 de febrero
Este es uno de esos momentos, esos puntos de inflexión en la vida en los que precisamente por lo intenso de lo vivido se hace difícil encontrar tiempo para escribir, uno de esos en los que me alegraré hasta el infinito de haber escrito porque son mágicos, sorprendentes y totalmente impredecibles. Mañana voy a Portland con Jay. He cogido un Airbnb esta tarde para la primera noche, la segunda noche no tengo ni idea de lo que haremos… la idea era ir un poco a la aventura y a ver qué nos encontramos. Si podemos, me encantaría ir a algún sitio a ver algo de naturaleza pero se supone que el domingo nieva. A saber. Me encanta la idea de coger coche y simplemente perdernos por ahí, de descubrir cosas nuevas. Y también de ir descubriendo a Jay. Me está encantando conocerlo, tengo esa sensación como cuando ves una serie que te encanta y no puedes parar de verla, y al mismo tiempo no quieres ver todos los capítulos para que no se acabe y conozcas toda la trama.
 
17 de febrero
Me encantan los viajes por carretera, el Noroeste del Pacífico es precioso, los momentos que pasamos en el coche son simplemente mágicos... como si estuviéramos conectando con el universo a través del movimiento del coche y las notas que resonaban en la cabina, envolviéndonos y obligándonos a estar presentes mientras las siluetas de los árboles ajenos a todo se iban desdibujando con la velocidad de nuestro discurrir por las carreteras. Es otro nivel, es darme cuenta de lo contenta que puedo llegar a estar, es añadir una pequeña chispa a la felicidad tranquila de la que ya disfrutaba antes.

Parada en Olympia, capital del estado de Washington para ver el Ayuntamiento
Es curioso cómo los lugares a veces se reducen a simples escenarios que parecen transformarse dependiendo de la compañía: la Portland de esta escapada no se parece en nada a la que vi en noviembre. Gracias a ir con alguien de aquí, he vivido una experiencia que no podría haber vivido de otra manera. Hemos ido a un bar roquero, con personajes muy interesantes y dibujos en el techo y allí Jay me ha enseñado lo básico de jugar al billar. Él es bastante pro (el chiquillo tiene múltiples talentos… me pregunto si algún día dejará de sorprenderme), ha sacado sus palos desmontables y me ha enseñado cómo lo hace. Me ha encantado verlo en ese ambiente, fluyendo concentrado calculando ángulos, disfrutando del juego. La parte en la que me enseñaba ha sido tan sexy como en las películas, pero muy sutil... tocando mis caderas o empujándome hacia adelante cuando era necesario. ¿O a lo mejor la película está en mi cabeza? Ni idea, lo importante es que me ha encantado.
 
Estaba más oscuro de lo que parece
Terminamos la noche con él jugando al póker y yo mientras escribiendo. El sitio al que fuimos era bastante raro, de alguna forma me recordaba al casino que aparece en Twin Peaks, pero sin la parte de las “chicas”, claro. Llamamos por teléfono para ver si había sitio en la mesa de póker y nos dijeron que sí, pero que el lugar no estaba exactamente donde Google maps decía… tenía pinta de clandestino. Por fuera estaba decorado con diamantes, corazones, picas y tréboles que iban de suelo a techo, por lo que quedaba bastante claro qué se hacía en el interior. No sé si me llamaron más la atención los que organizaban aquello o los jugadores. Al entrar, nos recibió una especie de Betty Boop escotada y que casi parecía que iba a una comicon a hacer un cosplay… no sé a quién parecía más interesada en seducir, si a Jay o a mí. Nos dirigió a un mostrador donde Jay compró las fichas y nos pusieron una pulsera (como esas típicas de los resorts de todo incluido: los jugadores las tenían verdes y los no jugadores azules). El/la croupier de su mesa (no llegué a averiguar qué artículo sería más adecuado ponerle) era también de lo más curioso. Los otros jugadores también parecían sacados de una película: hombrecillos con pinta de dedicar mucho tiempo al juego, de ser infelices en sus rutinas y necesitar una inyección de adrenalina o de buscar un lugar donde sentirse atendidos y ser importantes. Yo estaba muerta de sueño tras una semana bastante intensa, así que no miento si digo que me alegré cuando terminó la partida y nos fuimos a descansar.
 
18 de febrero
Tras una noche de calor inesperado que llevamos como pudimos (nivel: no sé cómo se baja la calefacción así que voy a enchufar el ventilador del techo), llegó una mañana de abrazos, de prepararse el desayuno mutuamente, de conducir de nuevo cogidos de la mano con la ciudad cuan videoclip mientras canciones de rockeros muertos hacían de banda sonora.
 
Una cosa interesante que ha pasado es que Jay y yo queríamos ir al mismo sitio sin saberlo. Se llama The Grotto, es el sitio que me quedé con las ganas de ver la otra vez que vine a la ciudad porque estaba muy lejos. Él quería ir a un sitio “con un acantilado” que no sabía cómo se llamaba. Encontré “el que yo decía” por internet y resultó ser el mismo. El sitio en cuestión es un santuario en medio de unas montañas y unas cuevas. Se respiraba un ambiente muy espiritual y único, por lo visto van muchos peregrinos allí. Mientras una nevada espontánea nos sorprendía, mi primer impulso ha sido ir a besarlo para celebrarlo. A él le ha hecho mucha gracia. Hemos tenido momentos de ver la nieve caer, momentos de estar cogidos de la mano y mirar al infinito. Y un momento místico de entrar en una capilla, supuestamente milagrosa, en la que no sé muy bien cómo he acabado comunicándome con no sé quién y pidiendo una señal de cómo manejar las cosas o por qué camino tirar. Ha sido raro, este chico me está haciendo cuestionarme cosas que no me había cuestionado desde hacía tiempo. De verdad, ¿tiene que venir un desastrillo con patas con el que conectes hasta en lo más extremo para poner todo tu mundo del revés y quitarte vendas de los ojos que no sabías que tenías?
 
Aquí la nevada inesperada

Una de las pocas copias en bronce de La Piedad, de Miguel Ángel que hay en el mundo

Aquí la cueva
Tras volver del sitio mágico, hemos hecho un poco de turismo por la ciudad y le he hablado a Jay de los sitios que visité la otra vez que fui a Portalnd. Para terminar el día, le he acompañado a un torneo de billar… suele jugar y le hacía ilusión ir a uno en Portland. He dormido fatal, así que estoy aquí a base de té a ver si aguanto. Situación actual: otro bar motero que podía ser perfectamente como el Merlotte’s de True Blood, personajes variopintos, música Country, y yo con el Mac escribiendo. Me parecía bien venir porque también me apetecía verlo en su ambiente y saber cómo me siento yo en estas situaciones pero he comprobado lo que sospechaba: que nunca podré ser esa chica que va a todos los partidos de su chico, y se limita a sonreír desde la grada. No, creo que prefiero que (exceptuando ocasiones especiales), si no vamos a estar con más gente, cada uno haga sus cosas y ya nos encontremos al terminar. Principalmente porque no es que me sobre el tiempo, y tengo la sensación de que él también estaría más a gusto sin tener que estar “pendiente” de mí, simplemente porque el billar es una actividad individual que requiere concentración.
 
Ha pasado otra cosa rara, al llegar al sitio del torneo Jay me ha dicho: creo que si te pones en esa mesa puedes ver la partida desde ahí. En la mesa en la que me he sentado había un mapa, en cada mesa uno distinto. Era del sur de España, en concreto cerca de la parte donde me siento yo un nombre ha llamado mi atención: “Málaga”, era un mapa tan grande que hasta podría decir dónde estaba mi casa. ¿Cuáles son las probabilidades de poder ver tu casa en un mapa de una mesa cualquiera, de un bar cualquiera, de una cuidad cualquiera de Estados Unidos? Encima se lo digo a Jay y me dice que puede ser una señal, que él ha elegido este sitio y me dijo que me sentase justo en esa mesa para verle bien. De verdad, no puedo con tanto misticismo. Corto y cierro.
 
Para que veáis que no os engaño...
19 de febrero
Acabamos por volver a su casa a las tantas. Por el camino de vuelta paramos en Tacoma en una especie de museo de Chihuli al aire libre que está ahí escondido para quien lo quiera ver.


Estas son algunas de las piezas que se pueden ver gratis
20 de febrero
Ya en Seattle hemos ido a dar un paseo a un sitio precioso, uno de esos que te hacen ver que no estabas tan enamorada como creías de la ciudad porque aún puedes quedarte más prendada de ella. ¿Habrá sido la compañía quizás? La cuestión es que al final hemos vuelto ya de noche, linternas en mano y tenía la sensación como de estar caminando dentro de un sueño. Como en aquellos campamentos de verano en los que estaba tan cansada que parecía que yo flotaba por los días en vez de los días pasar y proveerme de experiencias. Me ha dado un poco de miedo pero me he dejado llevar y he vuelto a casa sana y salva.
 
Sin palabras...
 
Parte 2: Disney (sol)
Cuando tenía 5 años lanzaron La Sirenita en vídeo. Antes de empezar había un anuncio diciendo que abrían Disneyland París. Corría 1992 y yo tenía mi primer sueño de la infancia. Recuerdo que mi mejor amiga y yo hicimos planes: preparamos nuestras bicicletas con comida y muñecos y nos decidimos a ir. Málaga-París en bicicleta, no está nada mal. Obviamente, nuestros padres lo descubrieron a tiempo y nos quitaron la idea de la cabeza. A medida que crecía, seguí con esa espinita y al descubrir que el parque original estaba en Estados Unidos también quise ir. Cuando cumplí 18 años mis padres me llevaron por sorpresa a Disneyland París y fue de ensueño. Ahora, gracias a que un congreso al que voy se celebra allí voy a tener la oportunidad de conocer el parque original, el que Walt Disney soñó. Ahora que lo pienso: qué egocéntrico ponerle a un parque de atracciones tu apellido, ¿no?. Es curioso pensar que si Walt Disney se hubiera llamado “Smith” sería “Smithlandia”.
 
3 de marzo
Jay me recogió, me llevó a su casa, me cocinó sopa de tomate y un sándwich mixto a la plancha que estaba riquísimo y me llevó al aeropuerto puntualmente.
 
Voy en el avión rumbo al congreso, objetivo: aprender cosas nuevas y pillar un poco de solecito californiano. Acaban de decir que vamos a aterrizar en Orange County: California here we come! ¡¡No me creo que vayamos a ir a Disney hoy!! Seguiremos informando.

La verdad es que sí que es naranja...
10 de la noche
Pues ya lo he hecho: he visitado Disneyland. Como siempre que esperas algo con mucho anhelo, la realidad se aleja de tu perfecta fantasía. Todo era más pequeño de lo que esperaba (el castillo de París es el doble de grande, por ejemplo) y predominaba un aire de nostalgia vintage. Aun así, me ha encantado conocer algunos clásicos: Piratas del Caribe, crucero por la jungla, los cohetes y los coches. También he descubierto cosas nuevas: un submarino inspirado en Buscando a Nemo en el cuál vas bajo el agua y se las apañan para proyectar animaciones… al mezclarse con las algas y los corales que son reales, da la sensación de que los personajes están vivos de verdad. Por último, he revisitado una de las atracciones que más me gustó de París:  una basada en Toy Story en la cual eres del mando estelar y tienes que vencer al emperador Zurg, para ello tienes una pistola laser y un coche que puedes girar y te dan puntos cuando aciertas en unas dianas. Queríamos ir al Space Mountain pero Barbara y yo estábamos cansadas, heladas, y la cola era de hora y media… así que nos fuimos al hotel a descansar y eso fue todo.
 
Por pequeño que fuese, no negaré que transmitía magia...

Los cohetes famosos

El cuarto de Andy <3
5 de marzo
El resto de los días transcurren entre charlas, talleres, ratos de trabajar al sol en la piscina con canciones Disney de fondo y descansos en nuestra habitación temática. Tras eso vuelvo a Seattle, a un inesperado sol, al trabajo sin final y a Jay. Me ha gustado el Condado Naranja… creo que volveré.

Detalle de la habitación
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Soletes míos, lo dicho. Me voy a la cama que me han dado las tantas y mañana me espera un día de acabar cosas a marchas forzadas y preparar la maleta. Escribiré para contaros qué tal Copenhague y su nieve. Eso sí: no sé cuándo… intentaré que sea pronto.

¡Mil besos!

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sábado, 11 de febrero de 2017

43. Cereza

un paso a la vez no importa a donde me llevara 
las nubes van y vienen me basta poco para ser feliz
la vida es muy corta para seguir llorando
por eso yo prefiero comerme una cereza
porque mañana
mañana pasara lo que tenga que pasar…

Cereza, Sara Valenzuela

5 de febrero
1 de la tarde.
Estoy volando al encuentro con mi destino. Queda una hora para llegar al aeropuerto internacional de San Francisco y voy a ponerme a repasar la presentación. La semana pasada la expuse en el hospital de niños y me hicieron un montón de sugerencias útiles para mejorarla, así que ahora voy más segura. La verdad es que la situación fue un poco rara, pues como recordaréis de hace dos post, también me he postulado para un trabajo allí. En esa línea, y para no perder la costumbre de "las cosas que me pasan" estaba llegando a mi puerta de embarque en Seattle y dé repente veo una cara familiar trabajando en su Mac en una mesa. Era la jefa del hospital de niños. Mi impulso fue ir a saludarla y decirle que me alegraba de verla, me salió así, y creo que hice lo correcto. Me deseó suerte y pensé otra vez en lo raro que es todo. Por una parte, estoy más tranquila: si lo de Stanford no llega a buen puerto, la opción B no es nada despreciable.

3 de la tarde
Y de nuevo, lo que más se echa de menos son los abrazos. Ese momento en el que apoyas tu cabeza en el pecho de otra persona y los latidos de su corazón te dicen que todo va a ir bien, sin que haga falta hablar. Lo que daría ahora mismo por uno de esos... Pero toca ser fuerte otra vez, crecerse en la distancia y comerse con patatas las inseguridades y las dudas. Toca respirar hondo y apoyarse en todo el amor que llega en forma de emails, notas de voz y mensajes que WhatsApp. Sé que los míos están conmigo y eso es lo importante. Sé que voy a hacerlo lo mejor que sepa y eso es lo que cuenta, no importa el resultado.

A nivel de consecuencias claro que importa, siento que este es uno de esos puntos de inflexión que pueden determinar mi futuro... pero ¿quién sabe? tampoco tengo claro qué camino es mejor que otro. Así que como dice la canción: un paso a la vez, no importa a dónde me llevará... mañana pasará lo que tenga que pasar.

Ahora voy al hotel en Uber. El vuelo ha llegado más tarde de la cuenta y cogiendo dos trenes y un bus tenía casi dos horas más de camino, y llueve. Prefiero pagar un poco más y tener un rato para descansar antes de la cena con Sandy (la chica de la que os hablé en el post anterior).

Bienvenidos a la soleada California

5 de la tarde
El tiempo está feo. A pesar de las nubes, el aire huele a sur... un escalofrío me recorre el cuerpo debido a la extraña familiaridad y me descubro pensando "podría vivir aquí".  La habitación que me han dado acaba en 8, mi número preferido. Cuando llego a la puerta me pregunto cómo un sitio como este puede ser tan caro...


Parece de esas pelis de asesinos en serie sádicos.

Entonces, abro la puerta y la respuesta viene sola: vaya palacio



Hasta han dejado un cacao e hilo dental... algodones, lima, picoteo...

En un par de horas voy a cenar, ahora haré un ensayo y a la vuelta creo que me daré un baño de espuma ¡Podría acostumbrarme a vivir así! La verdad es que estoy tranquila, todo este entorno me resulta acogedor y cómodo.

10 de la noche
Me propongo sumirme en un plácido sueño. Ya está todo preparado, solo me quedan unas cosas de última hora para mañana. Acabo de volver de la cena, ha ido genial. Mañana me recoge Sandy, que es la primera con la que me reúno, así que nada de estrés respecto a llegar tarde o encontrar el sitio. Ya ha merecido la pena esta experiencia, sólo con que la gente de aquí me dedique este tiempo y podamos colaborar en el futuro, me compensa.

6 de febrero (el gran día)
7.30
¿Puede haber mejor forma de levantarse? Me desperezo en una cama que es blanda como una nube y tiene cinco almohadas... hmmm, he dormido casi nueve horas. Va a tener razón mi abuela: nací para princesa. De hecho, ayer me iba a haber dado un baño para relajarme pero leí que hay sequía en California y cambié de idea... ya me lo daré en Seattle, que otra cosa no, pero agua tenemos.

En fin, miro el móvil y veo una increíble cantidad de mensajes: SMS, WhatsApp, Facebook, Instagram... personas de allí, personas de aquí. Todos se acuerdan de mí, me mandan su energía positiva y sus buenos deseos. No puedo quitarme la sonrisa de la cara, ¿cómo no voy a dar lo mejor de mí después de esto? Se lo debo. Mientras me hago un moño, miro en el espejo el mensaje de mi camiseta morada de la Universidad de Washington, que reza: "be boundless (sé ilimitado)" y mi imagen me devuelve una sonrisa. Eso pienso hacer, a la ducha, a disfrazarse de persona formal, a desayunar y a por el día.

21.12
Vaya día... la entrevista ha ido genial. No sé si les habré gustado o no, pero al menos creo que lo he hecho bien. No me he puesto demasiado nerviosa y creo que he sabido contestar a lo que me preguntaban. Eso sí, ha habido un par de incidentes de los míos, mis preferidos son, por orden cronológico:

(1) Cuando he dicho "puke the patients" en vez de "poke the patients" (algo así como “vomitarles a los pacientes” en vez de pincharles), espero que no se diesen cuenta…
(2) Cuando he descubierto que el pantalón que me acababa de comprar para ir elegante tenía varios agujeros. Me he pasado el día tapándolos de forma estratégica.
(3) Cuando el Uber me dejó en el sitio equivocado y no encontraba el correcto.
(4) Cuando al final del día no conseguía encontrar un baño público, la biblioteca requería un carnet para entrar y acabé colándome en un edificio para hacer pis.
(5) Cuando el conductor que debía llevarme al aeropuerto me canceló el viaje y casi pago 15 dólares más por ser hora punta y no querer esperar en la lluvia.
(6) Cuando casi me quedo por el camino por culpa de la nieve.

 Voy por partes.

El desayuno fue muy a lo "California" un batido de fruta fresca cargado de antioxidantes, un té Chai orgánico y un bagel de pan de espelta con "bacon" de pavo. Sandy me recogió un poco tarde y fuimos para la clínica del dolor infantil de Stanford. Tras acabar de charlar con ella, me entrevistó una médico. La verdad es que fue un poco seca, no me miraba a la cara y nos sobró tiempo... por último me vi con una psicóloga que es un amor, muy dinámica y entusiasta. La vedad es que, aunque no me cojan, creo que he hecho muy buenos contactos.

Tras eso llamaron a un Uber para mí y me dirigí al laboratorio de dolor pediátrico de Stanford. El conductor me dejó donde no era y tuve que andar un rato bajo la lluvia hasta que di con el sitio. Ahí me cité con otra postdoc, a la que llamaremos Gina, y me invitó a comer. La chica es súper maja, muy entusiasta también y muy amable. Le pregunté si en la zona había clases de tango y qué tal eran las zonas de naturaleza por los alrededores: me encantó la respuesta a las dos preguntas.

Creo que alguna vez os he comentado que Seattle es la cuarta ciudad más cara de EEUU, pues bien: San Francisco es la segunda y está muy por encima de LA, que es la tercera. He hecho mis averiguaciones y parece que se puede vivir con el sueldo que tendría si me cojen y que se puede llegar a los sitios en transporte público.

Estaba acabando de comerme la ensalada (también muy Californiana: espinacas con edamame, quinoa, tofu, semillas de lino trituradas y unas cuantas cosas más) cuando de pronto dice Gina "mira quién está ahí". Me giro y veo a la jefa. Yo sin la chaqueta, con la boca llena y rezando por no tener espinacas entre los dientes cuando le sonreí dándole la mano. En fin.

Volvimos al laboratorio y expuse mi presentación. Sólo asistieron tres personas: la jefa, Gina y la asistente de investigación. Eso sí, se unió a nosotros otro chico más por videoconferencia. Creo que fue bien, no me trabé demasiado y creo que contesté a las preguntas de una forma bastante decente.

Tras eso, me reuní con la asistente de investigación y el chico de la conferencia y finalmente con la jefa. Me hizo preguntas del tipo: dónde te ves en 5 años y en 10. Le expliqué que claramente me veía en Málaga, y todo el plan que había trazado para conseguirlo. Le pareció bien. Al finalizar me despedí de todas con un abrazo, me pareció curioso, lo tomé cono una buena señal: incluso si no me seleccionaban, al menos les había gustado.

Al finalizar las entrevistas, cogí un bus gratuito que me dejó en el campus de Stanford para ver la arquitectura y demás. Llovía bastante, pero me dio igual. Los edificios, pintados de color marrón claro, me recordaron a la escenografía de La máscara del Zorro, no sé por qué. Al doblar una esquina, me encontré con unas galerías coronadas con arcos, que recordaban un poco a un monasterio. No pude evitar preguntarme cuántos grandes científicos habrían tenido la idea que les dio el Nobel paseando por aquellos lares. En resumen, me ha parecido un lugar mágico al que me encantaría volver.



El día había sido largo, ya sólo quedaba volver a casa. Ya sabéis que por cómo soy yo, demasiado bien estaba yendo la cosa: resulta que en Seattle se tiró nevando todo el día con lo que eso conlleva: cortes de luz, carreteras y escuelas cerradas y caos general.

Ashley se había ofrecido a ir a recogerme pero me dijo que no sabía seguro si iba a poder porque habían cerrado su calle durante el día. Le dije que no se arriesgara, que se quedase en casa que yo podía coger un Uber o el tren, en caso de que no hubiera conductores dispuestos a salir con ese tiempo o que la autopista estuviera cerrada. Me dijo que vendría si podía.

Ya en el aeropuerto de San Francisco vi que habían cancelado el vuelo anterior al mío y me temí que de verdad la cosa estuviese tan mal como para que los aviones no pudieran aterrizar. Por suerte salimos sin incidentes, aunque llegué con bastante retraso. Menos mal que Ashley pudo recogerme… es más linda, la pobre despierta hasta tan tarde. Aun así, no pude meterme en mi apreciada cama hasta pasada la una, pero lo hice con la satisfacción del deber cumplido y la promesa de que la incertidumbre no duraría mucho tiempo.

En teoría debería saber algo la semana que viene, os mantendré informados. Gracias por seguir ahí.

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