Mostrando entradas con la etiqueta Portland. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Portland. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de marzo de 2018

67. Sol y nieve

Hola Soletes,

Si, de verdad soy yo. Sigo viva… casi más viva que nunca, podríamos decir. Siento mucho haber tardado tanto en escribir, laboralmente es la etapa más estresante que he tenido desde el cambio de trabajo a finales de octubre: estoy escribiendo un proyecto de investigación, tengo que entregar un capítulo para un libro, un resumen para un congreso y un artículo para el número especial de una revista. Personalmente… pues he estado entretenida. He decidido hacer este post para poneros un poco al día porque si no, me temo que os ibais a quedar otro mes a pan y agua: en dos días vuelo a casa y luego voy a un congreso en Copenhague, así que ibais a tardar en tener noticias.

He decidido titular a este post “Sol y nieve” porque lo que voy a contaros son dos viajes que he hecho en este tiempo: una escapada de fin de semana a Portland con Jay y un congreso en Anaheim con visita a Disneylandia incluida. Este post tiene tanto fotos como “chicha”, para al menos podáis viajar un poco conmigo. Abróchense los cinturones porque despegamos ya.

Parte 1: Portland (nieve)
16 de febrero
Este es uno de esos momentos, esos puntos de inflexión en la vida en los que precisamente por lo intenso de lo vivido se hace difícil encontrar tiempo para escribir, uno de esos en los que me alegraré hasta el infinito de haber escrito porque son mágicos, sorprendentes y totalmente impredecibles. Mañana voy a Portland con Jay. He cogido un Airbnb esta tarde para la primera noche, la segunda noche no tengo ni idea de lo que haremos… la idea era ir un poco a la aventura y a ver qué nos encontramos. Si podemos, me encantaría ir a algún sitio a ver algo de naturaleza pero se supone que el domingo nieva. A saber. Me encanta la idea de coger coche y simplemente perdernos por ahí, de descubrir cosas nuevas. Y también de ir descubriendo a Jay. Me está encantando conocerlo, tengo esa sensación como cuando ves una serie que te encanta y no puedes parar de verla, y al mismo tiempo no quieres ver todos los capítulos para que no se acabe y conozcas toda la trama.
 
17 de febrero
Me encantan los viajes por carretera, el Noroeste del Pacífico es precioso, los momentos que pasamos en el coche son simplemente mágicos... como si estuviéramos conectando con el universo a través del movimiento del coche y las notas que resonaban en la cabina, envolviéndonos y obligándonos a estar presentes mientras las siluetas de los árboles ajenos a todo se iban desdibujando con la velocidad de nuestro discurrir por las carreteras. Es otro nivel, es darme cuenta de lo contenta que puedo llegar a estar, es añadir una pequeña chispa a la felicidad tranquila de la que ya disfrutaba antes.

Parada en Olympia, capital del estado de Washington para ver el Ayuntamiento
Es curioso cómo los lugares a veces se reducen a simples escenarios que parecen transformarse dependiendo de la compañía: la Portland de esta escapada no se parece en nada a la que vi en noviembre. Gracias a ir con alguien de aquí, he vivido una experiencia que no podría haber vivido de otra manera. Hemos ido a un bar roquero, con personajes muy interesantes y dibujos en el techo y allí Jay me ha enseñado lo básico de jugar al billar. Él es bastante pro (el chiquillo tiene múltiples talentos… me pregunto si algún día dejará de sorprenderme), ha sacado sus palos desmontables y me ha enseñado cómo lo hace. Me ha encantado verlo en ese ambiente, fluyendo concentrado calculando ángulos, disfrutando del juego. La parte en la que me enseñaba ha sido tan sexy como en las películas, pero muy sutil... tocando mis caderas o empujándome hacia adelante cuando era necesario. ¿O a lo mejor la película está en mi cabeza? Ni idea, lo importante es que me ha encantado.
 
Estaba más oscuro de lo que parece
Terminamos la noche con él jugando al póker y yo mientras escribiendo. El sitio al que fuimos era bastante raro, de alguna forma me recordaba al casino que aparece en Twin Peaks, pero sin la parte de las “chicas”, claro. Llamamos por teléfono para ver si había sitio en la mesa de póker y nos dijeron que sí, pero que el lugar no estaba exactamente donde Google maps decía… tenía pinta de clandestino. Por fuera estaba decorado con diamantes, corazones, picas y tréboles que iban de suelo a techo, por lo que quedaba bastante claro qué se hacía en el interior. No sé si me llamaron más la atención los que organizaban aquello o los jugadores. Al entrar, nos recibió una especie de Betty Boop escotada y que casi parecía que iba a una comicon a hacer un cosplay… no sé a quién parecía más interesada en seducir, si a Jay o a mí. Nos dirigió a un mostrador donde Jay compró las fichas y nos pusieron una pulsera (como esas típicas de los resorts de todo incluido: los jugadores las tenían verdes y los no jugadores azules). El/la croupier de su mesa (no llegué a averiguar qué artículo sería más adecuado ponerle) era también de lo más curioso. Los otros jugadores también parecían sacados de una película: hombrecillos con pinta de dedicar mucho tiempo al juego, de ser infelices en sus rutinas y necesitar una inyección de adrenalina o de buscar un lugar donde sentirse atendidos y ser importantes. Yo estaba muerta de sueño tras una semana bastante intensa, así que no miento si digo que me alegré cuando terminó la partida y nos fuimos a descansar.
 
18 de febrero
Tras una noche de calor inesperado que llevamos como pudimos (nivel: no sé cómo se baja la calefacción así que voy a enchufar el ventilador del techo), llegó una mañana de abrazos, de prepararse el desayuno mutuamente, de conducir de nuevo cogidos de la mano con la ciudad cuan videoclip mientras canciones de rockeros muertos hacían de banda sonora.
 
Una cosa interesante que ha pasado es que Jay y yo queríamos ir al mismo sitio sin saberlo. Se llama The Grotto, es el sitio que me quedé con las ganas de ver la otra vez que vine a la ciudad porque estaba muy lejos. Él quería ir a un sitio “con un acantilado” que no sabía cómo se llamaba. Encontré “el que yo decía” por internet y resultó ser el mismo. El sitio en cuestión es un santuario en medio de unas montañas y unas cuevas. Se respiraba un ambiente muy espiritual y único, por lo visto van muchos peregrinos allí. Mientras una nevada espontánea nos sorprendía, mi primer impulso ha sido ir a besarlo para celebrarlo. A él le ha hecho mucha gracia. Hemos tenido momentos de ver la nieve caer, momentos de estar cogidos de la mano y mirar al infinito. Y un momento místico de entrar en una capilla, supuestamente milagrosa, en la que no sé muy bien cómo he acabado comunicándome con no sé quién y pidiendo una señal de cómo manejar las cosas o por qué camino tirar. Ha sido raro, este chico me está haciendo cuestionarme cosas que no me había cuestionado desde hacía tiempo. De verdad, ¿tiene que venir un desastrillo con patas con el que conectes hasta en lo más extremo para poner todo tu mundo del revés y quitarte vendas de los ojos que no sabías que tenías?
 
Aquí la nevada inesperada

Una de las pocas copias en bronce de La Piedad, de Miguel Ángel que hay en el mundo

Aquí la cueva
Tras volver del sitio mágico, hemos hecho un poco de turismo por la ciudad y le he hablado a Jay de los sitios que visité la otra vez que fui a Portalnd. Para terminar el día, le he acompañado a un torneo de billar… suele jugar y le hacía ilusión ir a uno en Portland. He dormido fatal, así que estoy aquí a base de té a ver si aguanto. Situación actual: otro bar motero que podía ser perfectamente como el Merlotte’s de True Blood, personajes variopintos, música Country, y yo con el Mac escribiendo. Me parecía bien venir porque también me apetecía verlo en su ambiente y saber cómo me siento yo en estas situaciones pero he comprobado lo que sospechaba: que nunca podré ser esa chica que va a todos los partidos de su chico, y se limita a sonreír desde la grada. No, creo que prefiero que (exceptuando ocasiones especiales), si no vamos a estar con más gente, cada uno haga sus cosas y ya nos encontremos al terminar. Principalmente porque no es que me sobre el tiempo, y tengo la sensación de que él también estaría más a gusto sin tener que estar “pendiente” de mí, simplemente porque el billar es una actividad individual que requiere concentración.
 
Ha pasado otra cosa rara, al llegar al sitio del torneo Jay me ha dicho: creo que si te pones en esa mesa puedes ver la partida desde ahí. En la mesa en la que me he sentado había un mapa, en cada mesa uno distinto. Era del sur de España, en concreto cerca de la parte donde me siento yo un nombre ha llamado mi atención: “Málaga”, era un mapa tan grande que hasta podría decir dónde estaba mi casa. ¿Cuáles son las probabilidades de poder ver tu casa en un mapa de una mesa cualquiera, de un bar cualquiera, de una cuidad cualquiera de Estados Unidos? Encima se lo digo a Jay y me dice que puede ser una señal, que él ha elegido este sitio y me dijo que me sentase justo en esa mesa para verle bien. De verdad, no puedo con tanto misticismo. Corto y cierro.
 
Para que veáis que no os engaño...
19 de febrero
Acabamos por volver a su casa a las tantas. Por el camino de vuelta paramos en Tacoma en una especie de museo de Chihuli al aire libre que está ahí escondido para quien lo quiera ver.


Estas son algunas de las piezas que se pueden ver gratis
20 de febrero
Ya en Seattle hemos ido a dar un paseo a un sitio precioso, uno de esos que te hacen ver que no estabas tan enamorada como creías de la ciudad porque aún puedes quedarte más prendada de ella. ¿Habrá sido la compañía quizás? La cuestión es que al final hemos vuelto ya de noche, linternas en mano y tenía la sensación como de estar caminando dentro de un sueño. Como en aquellos campamentos de verano en los que estaba tan cansada que parecía que yo flotaba por los días en vez de los días pasar y proveerme de experiencias. Me ha dado un poco de miedo pero me he dejado llevar y he vuelto a casa sana y salva.
 
Sin palabras...
 
Parte 2: Disney (sol)
Cuando tenía 5 años lanzaron La Sirenita en vídeo. Antes de empezar había un anuncio diciendo que abrían Disneyland París. Corría 1992 y yo tenía mi primer sueño de la infancia. Recuerdo que mi mejor amiga y yo hicimos planes: preparamos nuestras bicicletas con comida y muñecos y nos decidimos a ir. Málaga-París en bicicleta, no está nada mal. Obviamente, nuestros padres lo descubrieron a tiempo y nos quitaron la idea de la cabeza. A medida que crecía, seguí con esa espinita y al descubrir que el parque original estaba en Estados Unidos también quise ir. Cuando cumplí 18 años mis padres me llevaron por sorpresa a Disneyland París y fue de ensueño. Ahora, gracias a que un congreso al que voy se celebra allí voy a tener la oportunidad de conocer el parque original, el que Walt Disney soñó. Ahora que lo pienso: qué egocéntrico ponerle a un parque de atracciones tu apellido, ¿no?. Es curioso pensar que si Walt Disney se hubiera llamado “Smith” sería “Smithlandia”.
 
3 de marzo
Jay me recogió, me llevó a su casa, me cocinó sopa de tomate y un sándwich mixto a la plancha que estaba riquísimo y me llevó al aeropuerto puntualmente.
 
Voy en el avión rumbo al congreso, objetivo: aprender cosas nuevas y pillar un poco de solecito californiano. Acaban de decir que vamos a aterrizar en Orange County: California here we come! ¡¡No me creo que vayamos a ir a Disney hoy!! Seguiremos informando.

La verdad es que sí que es naranja...
10 de la noche
Pues ya lo he hecho: he visitado Disneyland. Como siempre que esperas algo con mucho anhelo, la realidad se aleja de tu perfecta fantasía. Todo era más pequeño de lo que esperaba (el castillo de París es el doble de grande, por ejemplo) y predominaba un aire de nostalgia vintage. Aun así, me ha encantado conocer algunos clásicos: Piratas del Caribe, crucero por la jungla, los cohetes y los coches. También he descubierto cosas nuevas: un submarino inspirado en Buscando a Nemo en el cuál vas bajo el agua y se las apañan para proyectar animaciones… al mezclarse con las algas y los corales que son reales, da la sensación de que los personajes están vivos de verdad. Por último, he revisitado una de las atracciones que más me gustó de París:  una basada en Toy Story en la cual eres del mando estelar y tienes que vencer al emperador Zurg, para ello tienes una pistola laser y un coche que puedes girar y te dan puntos cuando aciertas en unas dianas. Queríamos ir al Space Mountain pero Barbara y yo estábamos cansadas, heladas, y la cola era de hora y media… así que nos fuimos al hotel a descansar y eso fue todo.
 
Por pequeño que fuese, no negaré que transmitía magia...

Los cohetes famosos

El cuarto de Andy <3
5 de marzo
El resto de los días transcurren entre charlas, talleres, ratos de trabajar al sol en la piscina con canciones Disney de fondo y descansos en nuestra habitación temática. Tras eso vuelvo a Seattle, a un inesperado sol, al trabajo sin final y a Jay. Me ha gustado el Condado Naranja… creo que volveré.

Detalle de la habitación
------
Soletes míos, lo dicho. Me voy a la cama que me han dado las tantas y mañana me espera un día de acabar cosas a marchas forzadas y preparar la maleta. Escribiré para contaros qué tal Copenhague y su nieve. Eso sí: no sé cuándo… intentaré que sea pronto.

¡Mil besos!

Índice del blog 
(para acceder a todas las entradas)
Página de Facebook (para estar al día de las novedades)
Suscripción al blog (para que os lleguen las entradas por email)    

sábado, 9 de diciembre de 2017

64. “Thanksgiving 3.0: Camino de Oregón”


Mi primer Acción de Gracias, Soletes, fue muy especial. Estaba recién llegada a Ciudad Esmeralda, descubriendo asombrada la cultura y las tradiciones estadounidenses (lo podéis recordar aquí). Mi segundo Acción de Gracias también lo fue, me parece mentira que haga ya un año que hiciese una comida-cena improvisada en Santa Mónica con Ray, que por aquel entonces estaba en Los Ángeles (pinchad aquí para leer sobre ese viaje). Este año también ha sido especial: Ashley me había invitado a pasarlo con ella en la casa de su familia, en Portland y como nunca había visitado el Estado de Oregón y estaba en mi lista, decidí ir un par de días extra y conocerlo.

La cena sería el sábado, porque una de sus hermanas está haciendo la residencia de medicina y tenía el jueves (cuando se celebra de verdad) de guardia. Ella se iba antes, por lo que me vi el mismo jueves montada en un tren “Camino de Oregón. 

A veces se me olvida que estamos en el far far west… en inglés esta película se llama “the way west”, algo así como “camino al Oeste”

Jueves
Al final me llevo el portátil… Quería que esta hubiese sido mi escapada de desconexión, mi fin de semana tranquilo y con tiempo para mí ya que en Navidades soy consciente de que estaré rebotando por la geografía española como una pelota de ping-pong. En fin, supongo que no se puede tener todo: aún no llevo un mes en el nuevo trabajo y tengo mucho que demostrar… Además, no sé si os lo he dicho: en un par de semanas estaré oficiando la boda de dos buenos amigos y aunque es un honor, me tiene un poco intimidada, así que quiero prepararme bien. Sea como fuere, sacaré ratitos de ocio.

Al notar las gafas tirantes en las orejas, he sido consciente de cómo se me ha cambiado la cara al ver el tren que me llevaría a Portland. Puede que esté enamorada de viajar y por eso no puedo evitar la sonrisa tonta... En fin, cargada a mi pesar con el ordenador, una maleta de mano y una mochila pequeña me dirijo a mi asiento dispuesta a emprender esta aventura de tres días y medio.

Qué bonito es el paisaje… casi me da pena que sólo sean cuatro horas de camino.

Al llegar, lo primero que me sorprende de Portland es que la forma de salir de la estación es cruzando las vías del tren, sin barrera ni nada… más tarde compruebo que es práctica habitual a lo largo de toda la cuidad. Supongo que la gente está acostumbrada y no hay accidentes. Casi al llegar a la parada del cercanías que me lleva a mi alojamiento, me arrepiento de no haber cogido un Uber; el pensamiento de “Pero no seas floja, ¿dónde está tu espíritu aventurero? venga, que te ahorras casi 20 dólares” que me animó a coger el cercanías se transformó en “Jolín, que es de noche, vas con la maleta, por una ciudad que no conoces y estás cansada… mala decisión”. Casi me tengo que dar la razón en lo segundo: en menos de 5 minutos me piden dinero dos indigentes… no me da demasiado miedo porque me he juntado con un grupo de seis personas que también espera al tren, pero aun así no puedo evitar ponerme tensa.

Llego a la parada donde tengo que bajarme y doy gracias a que no se baja nadie raro conmigo ni hay nadie en la estación. Lo que en el mapa de Google parecían 13 minutos de ir en línea recta por un barrio residencial, se convierten en más de 20 de arrastrar la maleta por calles oscuras y mal pavimentadas, gasolineras y otros negocios de polígono industrial. Ignoro a la gente rara con la que me cruzo y rezo porque no decidan que sería buena idea robarme el portátil. Un cocinero a tamaño real cuya mano “me apunta” me pega un buen susto hasta que me doy cuenta de que sólo es una más de las múltiples figuras decorativas de jardín que se acumulan en un establecimiento cerrado. Me río por dentro al tener un deja vu de mis primeros tiempos en Seattle cuando, literalmente, me asustaba hasta de mi sombra. Supongo que es la tensión por lo desconocido… a día de hoy me sé (más o menos) los barrios de Seattle y por uno así no pasaría sola andando de noche, ni de broma.

Tras abandonar la calle principal tengo que ir por carriles de tierra oscuros, sin aceras y con charcos, arrastrando la maleta… uso la linterna del móvil para ver algo y finalmente llego a la casa. Ahí la aventura continúa: tras encontrar la llave escondida en un candado con combinación, consigo abrir la puerta tras descifrar que la misma llave se usa en dos cerraduras distintas que abren en direcciones opuestas (ahí doy gracias a mis horas de videojuegos de la infancia). Subo la maleta a pulso por las escaleras enmoquetadas y por fin, puedo sentir que estoy sana y salva. La habitación está bien pero comparto baño con el hijo del dueño cuando en el anuncio ponía que era individual sorpresas de AirBnB. Aparte, esto está en la quinta puñeta, ahora entiendo que fuese tan barato, menos mal que llevaba un sándwich… a ver quién sale de aquí ahora a comprar la cena.



Aquí tenéis una foto del camino a la casa que saqué por la mañana, para que veáis que no exagero.

Este era el barrio
No tengo remedio… iban a ser 3 días y medio para mí, para no hacer nada… y ahora veo que he perdido el primero trabajando y viajando, que los dos últimos estaré con Ashley y que, por tanto, solamente me queda un día en el que quiero ver todo Portland, trabajar, y descansar… pues lo veo difícil, la verdad. A ver cómo me organizo.

Viernes
Hoy quiero explorar la ciudad e ir a varios sitios emblemáticos que me han recomendado... pero voy sin agenda cerrada, solamente me he apuntado a un walking tour (unas rutas guiadas de 2-3 horas que se hacen a pie) por la tarde para no perderme los esenciales. 


Aquí tenéis una creación del área de turismo donde te dicen todo lo que puedes hacer en función de tus gustos, la verdad es que está graciosa la idea.

Conforme pasa el día, voy conociendo mejor la ciudad. Su apodo es “La cuidad de las rosas” porque tienen rosas todo el año. La gente tiene un rollo parecido al de Seattle pero, en general, van con menos prisas y son un poco más cutres vistiendo. Aquí también huele a marihuana… aunque no es legal. Ah, y son muy ecológicos ellos y súper modernos (puedes pagar el bus con el móvil, por ejemplo, sin tener que bajarte una app especial). Su historia es mucho más oscura que la de Seattle… también se erigió en medio de la conquista del Oeste y sus principales negocios durante la fiebre del oro consistieron en prostitución y venta de alcohol… pero ellos además tenían unos túneles que daban al puerto donde se dice que había quien hizo fortuna secuestrando marineros y vendiéndolos a patrones de barco que iban hacia Shanghái, por lo que llamaron a esta práctica “Shanhaiing”


Lo primero que hago es ir a tomar el brunch a un sitio que me han recomendado. Me sorprende lo barato que es comparado con Seattle, pero no admiten reservas y tengo que esperar 45 min para terminar sentándome en la barra… por lo visto es lo común. La comida está riquísima y el ambiente está muy chulo. Merece la pena. Al pagar descubro otra cosa interesante: no sé si es cosa del Estado de Oregón o de ese restaurante en concreto, pero te piden que especifiques dos propinas: una para la cocina y otra para los camareros.

Para empezar pedí uno de sus famosos donuts de batata y chocolate
----
El tour guiado ha estado bien, hemos recorrido el centro de la ciudad y nos han explicado curiosidades varias. Casi mejor os las resumo acompañándolas de sus correspondientes fotos:


Esta es Portlandia, estatua que pretendía ser símbolo de la ciudad. El autor pidió derechos de imagen y, como consecuencia, no hay nada sobre ella (tazas, camisetas imanes…) por lo que nadie la conoce.


Este es un icónico teatro de la ciudad, en cuyo ascensor se rodó una de las escenas más emblemáticas de 50 sombras de Grey.


El nombre de la ciudad se decidió lanzando una moneda al aire… esta es la moneda.


Para finalizar os presento la maravilla local que tiene el Record Guinness al parque más pequeño del mundo. No es más que un alcorque normal y corriente que está en medio de la carretera… pero tiene historia. Cuando construían la cuidad, dejaron un boquete en medio de la carretera. Un periodista local, tras preguntar varias veces si iban a taparlo y no obtener respuesta, decidió tomar cartas en el asunto y hacerlo por sí mismo. Plantó unas flores y declaró en su periódico que era el parque más pequeño del mundo. A raíz de eso se ha convertido en un símbolo de la cuidad que a veces tiene como inquilinos playmobils, barbies u otros habitantes.

Desde luego que se esfuerzan por hacer justicia al lema de la cuidad “Keep portland weird” (mantén Portland raro).

Para terminar el día, he ido a Powell City of Books y es enooorme. Me he pasado un par de horas y no la he conseguido ver entera… Era de esperar, ya que es la librería más grande de Estados Unidos. Me he ido porque entre la espera en el sitio del brunch y el tour estaba harta de estar de pie. Ah, en este Estado no hay impuesto de venta (IVA) así que las cosas son un poco más baratas. Y, por supuesto, he tenido que aprovecharlo…




Otras cosas curiosas respecto al transporte son que no te puedes echar la gasolina tú mismo, sino que tiene que ser un trabajador de la gasolinera y que no puedes parar un taxi por la calle, tienes que pedirlo por teléfono (por lo visto tenían problemas con gente que subía y luego no quería pagar, así que ahora te obligan a dar tus datos antes).

Estaba tan cansada que no he querido ni buscar dónde comprar comida. He vuelto a la casa, he picado unos tomates cherrys que me quedaban, anacardos, atún y piquitos. Menos mal que venía preparada.

Sábado
El sábado por la mañana me recogió un amigo de Ashley y fuimos a su casa. Tal como ocurrió el primer año, me parece que son una familia ideal en una casa ideal: todos con carreras brillantes, muy monos, y allí currando desde las 12 de la mañana para que la opípara cena para 16 personas esté lista para las cuatro de la tarde. Todo se sucede como un ballet en el cual unos cortan las verduras, otros las colocan en bandejas, otros comprueban la temperatura del horno, se encargan de la salsa o trinchan el pavo con la sincronización perfecta para no meterse en el área de trabajo del otro (la gran cocina con isla central ayuda, la verdad…) y para que nada se enfríe antes de tiempo. Contrario al ambiente que a veces se vive en las fiestas de este tipo, todo se hace con calma, disfrutando de la conversación, aprovechando para saborear la primera copa de vino y comenzando a degustar los aperitivos que van saliendo primero. Entonces lo entendí: la cena empieza a las cuatro, la celebración, el momento familiar, empezaba a las 12.

¿dije pavo? Podéis llamarle señor don pavo mejor


Me dejaron encargarme de las servilletas y me hizo mucha ilusión

Antes de comenzar con la cena, tan variada como deliciosa, se leyeron unos textos de agradecimiento muy bonitos. Una vez hubimos terminado, entre todos fuimos llevando cosas a la cocina y recogiendo un poco. Luego jugamos al jungle speed y a Mascarade (un juego de mesa de esos de adivina quién es quién). Y como dos horas después pasamos a los postres (menos mal, porque si no creo que nadie habría probado bocado). Tras retirarse la mayoría de personas, los “jóvenes” (básicamente las hermanas de Ashley + parejas y yo) nos quedamos jugando a las cartas hasta casi media noche.



Domingo
Por la mañana pude trabajar un poco, luego comimos sobras (es tan divertido como las sobras de Navidad) y por la tarde visitamos una fábrica de cerveza artesanal.

-----
Termino este post desde el avión que me lleva a casa por Navidad, maravillada por una aurora boreal que he visto mientras sobrevolábamos Islandia y pensando que parece mentira que haga tres años que defendí mi tesis doctoral… parece otra vida llena de aventuras y sorpresas y ¿sabéis qué? Voy a hacer todo lo posible para que dentro de tres años lea esto y vuelva a sorprenderme de las cosas maravillosas que han pasado. Pero ahora es momento de tomarme un merecido descanso. Volveré en enero.

¡Felices fiestas y feliz 2018!

Índice del blog (para acceder a todas las entradas)
Página de Facebook (para estar al día de las novedades)

Suscripción al blog (para que os lleguen las entradas por email)