jueves, 15 de marzo de 2018

67. Sol y nieve

Hola Soletes,

Si, de verdad soy yo. Sigo viva… casi más viva que nunca, podríamos decir. Siento mucho haber tardado tanto en escribir, laboralmente es la etapa más estresante que he tenido desde el cambio de trabajo a finales de octubre: estoy escribiendo un proyecto de investigación, tengo que entregar un capítulo para un libro, un resumen para un congreso y un artículo para el número especial de una revista. Personalmente… pues he estado entretenida. He decidido hacer este post para poneros un poco al día porque si no, me temo que os ibais a quedar otro mes a pan y agua: en dos días vuelo a casa y luego voy a un congreso en Copenhague, así que ibais a tardar en tener noticias.

He decidido titular a este post “Sol y nieve” porque lo que voy a contaros son dos viajes que he hecho en este tiempo: una escapada de fin de semana a Portland con Jay y un congreso en Anaheim con visita a Disneylandia incluida. Este post tiene tanto fotos como “chicha”, para al menos podáis viajar un poco conmigo. Abróchense los cinturones porque despegamos ya.

Parte 1: Portland (nieve)
16 de febrero
Este es uno de esos momentos, esos puntos de inflexión en la vida en los que precisamente por lo intenso de lo vivido se hace difícil encontrar tiempo para escribir, uno de esos en los que me alegraré hasta el infinito de haber escrito porque son mágicos, sorprendentes y totalmente impredecibles. Mañana voy a Portland con Jay. He cogido un Airbnb esta tarde para la primera noche, la segunda noche no tengo ni idea de lo que haremos… la idea era ir un poco a la aventura y a ver qué nos encontramos. Si podemos, me encantaría ir a algún sitio a ver algo de naturaleza pero se supone que el domingo nieva. A saber. Me encanta la idea de coger coche y simplemente perdernos por ahí, de descubrir cosas nuevas. Y también de ir descubriendo a Jay. Me está encantando conocerlo, tengo esa sensación como cuando ves una serie que te encanta y no puedes parar de verla, y al mismo tiempo no quieres ver todos los capítulos para que no se acabe y conozcas toda la trama.
 
17 de febrero
Me encantan los viajes por carretera, el Noroeste del Pacífico es precioso, los momentos que pasamos en el coche son simplemente mágicos... como si estuviéramos conectando con el universo a través del movimiento del coche y las notas que resonaban en la cabina, envolviéndonos y obligándonos a estar presentes mientras las siluetas de los árboles ajenos a todo se iban desdibujando con la velocidad de nuestro discurrir por las carreteras. Es otro nivel, es darme cuenta de lo contenta que puedo llegar a estar, es añadir una pequeña chispa a la felicidad tranquila de la que ya disfrutaba antes.

Parada en Olympia, capital del estado de Washington para ver el Ayuntamiento
Es curioso cómo los lugares a veces se reducen a simples escenarios que parecen transformarse dependiendo de la compañía: la Portland de esta escapada no se parece en nada a la que vi en noviembre. Gracias a ir con alguien de aquí, he vivido una experiencia que no podría haber vivido de otra manera. Hemos ido a un bar roquero, con personajes muy interesantes y dibujos en el techo y allí Jay me ha enseñado lo básico de jugar al billar. Él es bastante pro (el chiquillo tiene múltiples talentos… me pregunto si algún día dejará de sorprenderme), ha sacado sus palos desmontables y me ha enseñado cómo lo hace. Me ha encantado verlo en ese ambiente, fluyendo concentrado calculando ángulos, disfrutando del juego. La parte en la que me enseñaba ha sido tan sexy como en las películas, pero muy sutil... tocando mis caderas o empujándome hacia adelante cuando era necesario. ¿O a lo mejor la película está en mi cabeza? Ni idea, lo importante es que me ha encantado.
 
Estaba más oscuro de lo que parece
Terminamos la noche con él jugando al póker y yo mientras escribiendo. El sitio al que fuimos era bastante raro, de alguna forma me recordaba al casino que aparece en Twin Peaks, pero sin la parte de las “chicas”, claro. Llamamos por teléfono para ver si había sitio en la mesa de póker y nos dijeron que sí, pero que el lugar no estaba exactamente donde Google maps decía… tenía pinta de clandestino. Por fuera estaba decorado con diamantes, corazones, picas y tréboles que iban de suelo a techo, por lo que quedaba bastante claro qué se hacía en el interior. No sé si me llamaron más la atención los que organizaban aquello o los jugadores. Al entrar, nos recibió una especie de Betty Boop escotada y que casi parecía que iba a una comicon a hacer un cosplay… no sé a quién parecía más interesada en seducir, si a Jay o a mí. Nos dirigió a un mostrador donde Jay compró las fichas y nos pusieron una pulsera (como esas típicas de los resorts de todo incluido: los jugadores las tenían verdes y los no jugadores azules). El/la croupier de su mesa (no llegué a averiguar qué artículo sería más adecuado ponerle) era también de lo más curioso. Los otros jugadores también parecían sacados de una película: hombrecillos con pinta de dedicar mucho tiempo al juego, de ser infelices en sus rutinas y necesitar una inyección de adrenalina o de buscar un lugar donde sentirse atendidos y ser importantes. Yo estaba muerta de sueño tras una semana bastante intensa, así que no miento si digo que me alegré cuando terminó la partida y nos fuimos a descansar.
 
18 de febrero
Tras una noche de calor inesperado que llevamos como pudimos (nivel: no sé cómo se baja la calefacción así que voy a enchufar el ventilador del techo), llegó una mañana de abrazos, de prepararse el desayuno mutuamente, de conducir de nuevo cogidos de la mano con la ciudad cuan videoclip mientras canciones de rockeros muertos hacían de banda sonora.
 
Una cosa interesante que ha pasado es que Jay y yo queríamos ir al mismo sitio sin saberlo. Se llama The Grotto, es el sitio que me quedé con las ganas de ver la otra vez que vine a la ciudad porque estaba muy lejos. Él quería ir a un sitio “con un acantilado” que no sabía cómo se llamaba. Encontré “el que yo decía” por internet y resultó ser el mismo. El sitio en cuestión es un santuario en medio de unas montañas y unas cuevas. Se respiraba un ambiente muy espiritual y único, por lo visto van muchos peregrinos allí. Mientras una nevada espontánea nos sorprendía, mi primer impulso ha sido ir a besarlo para celebrarlo. A él le ha hecho mucha gracia. Hemos tenido momentos de ver la nieve caer, momentos de estar cogidos de la mano y mirar al infinito. Y un momento místico de entrar en una capilla, supuestamente milagrosa, en la que no sé muy bien cómo he acabado comunicándome con no sé quién y pidiendo una señal de cómo manejar las cosas o por qué camino tirar. Ha sido raro, este chico me está haciendo cuestionarme cosas que no me había cuestionado desde hacía tiempo. De verdad, ¿tiene que venir un desastrillo con patas con el que conectes hasta en lo más extremo para poner todo tu mundo del revés y quitarte vendas de los ojos que no sabías que tenías?
 
Aquí la nevada inesperada

Una de las pocas copias en bronce de La Piedad, de Miguel Ángel que hay en el mundo

Aquí la cueva
Tras volver del sitio mágico, hemos hecho un poco de turismo por la ciudad y le he hablado a Jay de los sitios que visité la otra vez que fui a Portalnd. Para terminar el día, le he acompañado a un torneo de billar… suele jugar y le hacía ilusión ir a uno en Portland. He dormido fatal, así que estoy aquí a base de té a ver si aguanto. Situación actual: otro bar motero que podía ser perfectamente como el Merlotte’s de True Blood, personajes variopintos, música Country, y yo con el Mac escribiendo. Me parecía bien venir porque también me apetecía verlo en su ambiente y saber cómo me siento yo en estas situaciones pero he comprobado lo que sospechaba: que nunca podré ser esa chica que va a todos los partidos de su chico, y se limita a sonreír desde la grada. No, creo que prefiero que (exceptuando ocasiones especiales), si no vamos a estar con más gente, cada uno haga sus cosas y ya nos encontremos al terminar. Principalmente porque no es que me sobre el tiempo, y tengo la sensación de que él también estaría más a gusto sin tener que estar “pendiente” de mí, simplemente porque el billar es una actividad individual que requiere concentración.
 
Ha pasado otra cosa rara, al llegar al sitio del torneo Jay me ha dicho: creo que si te pones en esa mesa puedes ver la partida desde ahí. En la mesa en la que me he sentado había un mapa, en cada mesa uno distinto. Era del sur de España, en concreto cerca de la parte donde me siento yo un nombre ha llamado mi atención: “Málaga”, era un mapa tan grande que hasta podría decir dónde estaba mi casa. ¿Cuáles son las probabilidades de poder ver tu casa en un mapa de una mesa cualquiera, de un bar cualquiera, de una cuidad cualquiera de Estados Unidos? Encima se lo digo a Jay y me dice que puede ser una señal, que él ha elegido este sitio y me dijo que me sentase justo en esa mesa para verle bien. De verdad, no puedo con tanto misticismo. Corto y cierro.
 
Para que veáis que no os engaño...
19 de febrero
Acabamos por volver a su casa a las tantas. Por el camino de vuelta paramos en Tacoma en una especie de museo de Chihuli al aire libre que está ahí escondido para quien lo quiera ver.


Estas son algunas de las piezas que se pueden ver gratis
20 de febrero
Ya en Seattle hemos ido a dar un paseo a un sitio precioso, uno de esos que te hacen ver que no estabas tan enamorada como creías de la ciudad porque aún puedes quedarte más prendada de ella. ¿Habrá sido la compañía quizás? La cuestión es que al final hemos vuelto ya de noche, linternas en mano y tenía la sensación como de estar caminando dentro de un sueño. Como en aquellos campamentos de verano en los que estaba tan cansada que parecía que yo flotaba por los días en vez de los días pasar y proveerme de experiencias. Me ha dado un poco de miedo pero me he dejado llevar y he vuelto a casa sana y salva.
 
Sin palabras...
 
Parte 2: Disney (sol)
Cuando tenía 5 años lanzaron La Sirenita en vídeo. Antes de empezar había un anuncio diciendo que abrían Disneyland París. Corría 1992 y yo tenía mi primer sueño de la infancia. Recuerdo que mi mejor amiga y yo hicimos planes: preparamos nuestras bicicletas con comida y muñecos y nos decidimos a ir. Málaga-París en bicicleta, no está nada mal. Obviamente, nuestros padres lo descubrieron a tiempo y nos quitaron la idea de la cabeza. A medida que crecía, seguí con esa espinita y al descubrir que el parque original estaba en Estados Unidos también quise ir. Cuando cumplí 18 años mis padres me llevaron por sorpresa a Disneyland París y fue de ensueño. Ahora, gracias a que un congreso al que voy se celebra allí voy a tener la oportunidad de conocer el parque original, el que Walt Disney soñó. Ahora que lo pienso: qué egocéntrico ponerle a un parque de atracciones tu apellido, ¿no?. Es curioso pensar que si Walt Disney se hubiera llamado “Smith” sería “Smithlandia”.
 
3 de marzo
Jay me recogió, me llevó a su casa, me cocinó sopa de tomate y un sándwich mixto a la plancha que estaba riquísimo y me llevó al aeropuerto puntualmente.
 
Voy en el avión rumbo al congreso, objetivo: aprender cosas nuevas y pillar un poco de solecito californiano. Acaban de decir que vamos a aterrizar en Orange County: California here we come! ¡¡No me creo que vayamos a ir a Disney hoy!! Seguiremos informando.

La verdad es que sí que es naranja...
10 de la noche
Pues ya lo he hecho: he visitado Disneyland. Como siempre que esperas algo con mucho anhelo, la realidad se aleja de tu perfecta fantasía. Todo era más pequeño de lo que esperaba (el castillo de París es el doble de grande, por ejemplo) y predominaba un aire de nostalgia vintage. Aun así, me ha encantado conocer algunos clásicos: Piratas del Caribe, crucero por la jungla, los cohetes y los coches. También he descubierto cosas nuevas: un submarino inspirado en Buscando a Nemo en el cuál vas bajo el agua y se las apañan para proyectar animaciones… al mezclarse con las algas y los corales que son reales, da la sensación de que los personajes están vivos de verdad. Por último, he revisitado una de las atracciones que más me gustó de París:  una basada en Toy Story en la cual eres del mando estelar y tienes que vencer al emperador Zurg, para ello tienes una pistola laser y un coche que puedes girar y te dan puntos cuando aciertas en unas dianas. Queríamos ir al Space Mountain pero Barbara y yo estábamos cansadas, heladas, y la cola era de hora y media… así que nos fuimos al hotel a descansar y eso fue todo.
 
Por pequeño que fuese, no negaré que transmitía magia...

Los cohetes famosos

El cuarto de Andy <3
5 de marzo
El resto de los días transcurren entre charlas, talleres, ratos de trabajar al sol en la piscina con canciones Disney de fondo y descansos en nuestra habitación temática. Tras eso vuelvo a Seattle, a un inesperado sol, al trabajo sin final y a Jay. Me ha gustado el Condado Naranja… creo que volveré.

Detalle de la habitación
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Soletes míos, lo dicho. Me voy a la cama que me han dado las tantas y mañana me espera un día de acabar cosas a marchas forzadas y preparar la maleta. Escribiré para contaros qué tal Copenhague y su nieve. Eso sí: no sé cuándo… intentaré que sea pronto.

¡Mil besos!

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domingo, 21 de enero de 2018

66. First dates: edición Seattle (Capítulo 8: Cuando menos te lo esperas)


“Como daba besos lentos duraban más sus amores”
Ramón Gómez de la Serna

Ay Soletes, qué de cosas os he de contar… eso sí, escribo esto para honrar la promesa que hice en el post anterior pero lo dejaré aquí. Parece que tiene buena pinta y no tiene mucho sentido airear más mis intimidades, así que tomadlo como algo único, porque no habrá más (al menos hasta que llegue la novela de verdad y nadie pueda saber qué fue real y qué me inventé). Pero no adelanto acontecimientos, empiezo por el principio.

1 de enero, 6 de la tarde
¿Será hoy ese “día menos pensado” que tanto ansiamos que llegue? Aún no me creo lo que acaba de ocurrir… De nuevo parece ser que las cosas de las películas suceden en la vida real. Tras mi paseo para ver el primer atardecer del año decidí pedir un Uber para volver: se había hecho de noche y la temperatura había descendido de forma considerable. Estuve a punto de cancelarlo porque me ponía en la app que iba a tardar 10 minutos en llegar y me estaba congelando… pero decidí esperar, a saber dónde estaba el siguiente conductor con el que intentaran conectarme. Jay llegó en un Lexus muy bonito y nada más verlo pensé, “Vaya, qué rollo más guay tiene ese chico, mira que los asiáticos no suelen parecerme atractivos… pero este sí que lo es”. Tras 10 minutos hablando comprobé que además tenía tema de conversación y era interesante. Dejamos a una pareja que estaba en el asiento de atrás (motivo por el cuál yo me había sentado delante) y el tema de conversación cambió un poco. Jay me preguntó si estaba de visita o vivía aquí, empezamos a hablar de mi trabajo y de pronto, en un semáforo, se queda mirándome las manos y exclama:
- ¡No llevas anillo!
- Me las miro y le digo: “¿qué pasa?”.
- ¿No estás casada?
- No.
- ¿Y tienes novio?
- No.
- Guau, pues deberías…
- Créeme que lo he intentado, pero los hombres interesantes que he conocido en esta ciudad o bien son gais o están casados.
Silencio…
- ¿Te gustaría salir alguna vez?
Shock…
- Eh… vale.
- Eres muy mona, así que me encantaría (inciso: no sé si os pasa a vosotros, pero parece que el día que más cutre vas y más fea te sientes, es cuando más ligas. En mi caso, día de resaca post-fin de año, con un gorro para protegerme del frío, nada de maquillaje, etc. Así que sí, monísima, hermosa como una osa…)
- Tú también eres muy mono…
- Perfecto, si quieres podemos ir a cenar y luego vemos una película. Ahora cuando paremos te pido el móvil.
Momento algo incómodo, sonrisas, intercambio de números y apretón de manos (muy cálido, por cierto) para despedirnos. Bienvenida de nuevo a Ciudad Esmeralda, querida Dorothy.

Y así es como he tenido mi primer encuentro fortuito con un chico americano que (a priori) parece genial y me ha propuesto el clásico “dinner and a movie” (cena y película) de una primera cita en EEUU. Y lo más importante: no me han entrado los miedos sin sentido y le he dicho que sí.

Jay y yo vamos a tener la cita el día de Reyes y eso me recuerda a que cuando era pequeña solía pedir un novio en mi carta (supongo que esa idea me parecía más entretenida que la de tener más juguetes). Cotilleando su perfil de Uber he visto que tiene muy buenas críticas de otros pasajeros, que habla lengua de signos (me lo como) y que le gusta la naturaleza.

Nos escribimos mensajes durante unas horas... Me pregunta qué me define, qué cosas forman parte de mi rutina. Le digo que soy muy curiosa y tengo intereses variados pero que si tuviera que elegir dos escogería escribir y viajar. Me dice que le encanta, que él también es creativo y aventurero… que está escribiendo un libro y ya me contará mejor en persona.

Sonrío pensando que hay que ver tanto lío con la app y mira lo que se ha cruzado en mi camino como salido de la nada… Sonrío con más intensidad cuando pienso que si no fuese por el bagaje de los siete capítulos anteriores quizás habría huido ante su propuesta, sin duda la experiencia me ha servido para prepararme un poco para este momento.

2 de enero
A media mañana recibo un mensaje preguntando cómo va mi día y ya no paramos con el tonteo… fotos, reflexiones varias y más conexión aún. Me encanta todo lo que me dice, le encanta todo lo que le digo. Decidimos no hacernos más preguntas hasta vernos en persona porque los dos nos estamos emocionando mucho… además, estamos de acuerdo en que hay ciertas cosas que es mejor hablarlas en persona. Y entonces aparecen los miedos: ¿y si es un psicópata?, ¿y si no nos gustamos al vernos otra vez?, algo así es demasiado bueno para ser verdad… ¿o no?

4 de enero
Hace un frío de dos pares… frío que Jay y yo hemos templado con un poco de tonteo. Quería llamarme por teléfono, ¡uy, no! Si no me gusta nada normalmente, menos me gusta en inglés y con alguien a quien apenas conozco y a quien no le tengo pillado el acento. A ver si no se chafa por no querer… en fin, quiero que llegue ya el sábado, por favor. Voy a hacer un poco de elíptica que la verdad es que estoy nerviosilla y necesito quemar eso, a ver si duermo bien, que llevo varias noches con sueños inquietos.

6 de enero
Por la mañana
Es raro, ahora todo es puro, todo es esperanza, nada está corrupto… la fantasía impera sobre la realizad, esa que por mucho que nos empeñemos nunca será perfecta. Pero, ¿quién quiere perfección? Lo perfecto es aburrido, además de irreal. Nada (ni nadie) es “perfecto” en realidad. Supongo que me toca hacer lo que sé que funciona: respirar y esperar. Esperar a que por fin decidamos sitio y hora. Ponerme mi mejor sonrisa y salir a la calle. Y conocerlo mejor. Y enfrentarme a los miedos. Y honrar lo que dije de abrazar 2018. Y vivir.

12 de la noche
Al despedirnos tras habernos estado besando durante unos minutos me dijo: “dame un abrazo” y mientras nos abrazábamos susurró: “me gustas mucho”. Le dije que a mí también. Nos besamos otra vez y en este último beso mordió mi labio inferior de una forma que me hizo tener que contenerme para no devolverle el beso con más pasión y empezar algo que quizá sería difícil de parar. Dorothy, contrólate que quieres ir despacio... Fue un beso dulce, de los que no despeinan, muy de primera cita americana (beso que, por cierto, tuve que iniciar yo porque él no acababa de lanzarse). Me gustó lo tierno y a la vez fuerte que es. Tiene una dualidad que me resulta desconcertante y atractiva a partes iguales.

Se han pasado más de cinco horas en apenas un suspiro. Hemos hablado mucho, visto una película un tanto densa y cenado algo. Jay parece una persona realmente compleja… ha tenido un pasado muy duro que ha compartido conmigo… No tiene por qué ser algo malo, las mejores personas que conozco han salido adelante de situaciones realmente duras y eso no las hace sino ser conscientes de lo valiosa que es la vida y la importancia relativa de las cosas.

Jay no bebe. Le gusta darme pellizquitos cariñosos en el brazo. Me ha preguntado si he llegado a casa bien. Es muy inteligente y tiene conocimientos que me han dejado sorprendida, del mismo modo me ha sorprendido cuando se ha quitado el gorro ver que llevaba la mitad inferior de la cabeza rapada y la mitad superior con un pelo largo recogido en uno de esos moñitos hipsters que tanto se llevan por aquí. Odia el cilantro tanto como yo y sabe imprimir cosas en 3D… Lo dicho, la cosa promete.

9 de enero
Hoy hemos tenido una llamada de teléfono muy interesante, de casi media hora. Lo he sugerido yo... me he alegrado de ser valiente. Hemos hablado de cine, de festivales y de tonterías… ha sido divertida y me ha enseñado que tenemos cosas en común. Hemos quedado en ir el sábado a un teatro de improvisación para el que tenía entradas (regalo de un amigo con la instrucción de usarlas en una cita, por cierto).

13 de enero
Ha sido una cita perfecta, la típica que me habría encantado vivir cuando tenía 15 años. No tengo ningún pero que ponerle… bueno, quizás que me confesara que al principio pensase que España estaba en Sudamérica… pero se lo perdono, al fin y al cabo, es estadounidense. Jay me recogió, fuimos a cenar Phö, una sopa vietnamita deliciosa cuyo caldo dejan cocer durante 24h, y estuvimos charlando. Esta vez me preguntó mucho por mí y por mi historia. Después fuimos a por bubble tea, tartaletas de fruta de mi sitio preferido de Chinatown y nos dirigimos al teatro.


Aquí el famoso Phö

En el coche hablamos un montón de música, seguí comprobando que tenemos cosas en común y hubo un momento que casi me hizo vomitar arcoíris. Me estaba diciendo que hace años le dio por levantarse todos los días con una canción pero que no se acordaba del nombre y no la había vuelto a encontrar… adiviné cuál era (By your side, de Sade) y se la puse. Se puso muy contento y me pidió que la reprodujera en su móvil para que se escuchara por los altavoces del coche. Cuando la canción, que es bastante romántica, llevaba un poco sonando me miró y me cogió de la mano. Me dio muchísima vergüenza, no sé por qué, más que besarlo por primera vez incluso. Supongo que lo otro fue simplemente impulsivo y físico, preludio de una despedida, esto fue más íntimo, más sostenido, con más significado. Desde luego, esto de dejarse querer es un verdadero arte…

El teatro fue increíble… nos reímos durante toda la función, fue un rato muy relajado y divertido. Me gustó ver esa faceta distendida y desenfadada de él. A las 10 me estaba acompañando a la puerta de mi bloque… y yo lo estaba besando otra vez porque él tampoco se decidía. Esta vez fue un beso de los que sí despeinan, madre mía... tuve que mirar hacia abajo y respirar hondo para parar… lo inevitable, y decir buenas noches. Él aprovechó para besarme en la frente. De verdad, creo que no he conocido a nadie capaz de trasmitir tanta fuerza y delicadeza a la vez, y eso me vuelve loca.

Un rato después, nos estábamos escribiendo mensajitos y me envió las líneas más bonitas que nadie me ha escrito nunca. Me decía algo así: “Tu energía y tu capacidad para personificarla sin importar quién está mirando o quién hay alrededor me dice mucho sobre tu carácter y la confianza en quién eres. Creo que eres consciente de ti misma, de en lo que te has convertido y de lo que quieres llegar a ser. Eso para mí es muy atractivo y difícil de encontrar. Espero que nunca pierdas ese sentido de espíritu libre y que te permitas brillar en todas las situaciones. Me encanta compartir momentos con alguien que desata su potencial como tú… definitivamente eres alguien especial.”

15 de enero
Oh, oh… Tengo síntomas, creo que me ha pegado algo. No duermo bien, no tengo apetito aunque me ruja la barriga, me cuesta concentrarme, me paso el día entre suspiros y a veces se me pone una sonrisa tonta, de esas que hacen que la gente te mire raro por la calle. Ay, espero que no sea grave. Aunque tiene pinta de enfermedad de transmisión sentimental…
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Pues Soletes, tal y como anunciaba, se acabó lo que se daba. El sábado hemos quedado otra vez y estoy deseando que llegue… pero lo que sea que pase quedará entre nosotros. La idea de esta sección especial del blog era hablar sobre las primeras citas en Estados Unidos, y esta ya será la tercera… así que prefiero hacer un fundido a negro y dejar que vuestra imaginación termine de perfilar la historia. Quién sabe, si la cosa va bien, puede que Jay empiece a aparecer como personaje recurrente del blog, tal como ha pasado con mis amigos. Deseadme suerte y fuerza para seguir siendo valiente… Os escribo pronto.

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