domingo, 6 de marzo de 2016

17. Cómo sobrevivir al invierno en Seattle


Sí, sobrevivir es una palabra muy fuerte pero así es cómo lo siento. Nunca me ha gustado la lluvia, soy de esas personas que se ponen mustias si están más de dos días seguidos sin ver el sol. Supongo que haber nacido y crecido en la Costa del Sol me ha malacostumbrado… La cuestión es que, lo creáis o no, una de las cosas que más me preocupaban antes de venir a Seattle era el tema de la lluvia. Tampoco había caído en que, al estar más al norte, los días serían considerablemente más cortos en invierno por lo que ver al Lorenzo se ha convertido casi en una hazaña en estos últimos meses. Hasta los de aquí hacen bromas sobre el clima…

“Festival de la lluvia de Washington 1 de enero – 31 de diciembre” fuente

Sin embargo aquí estoy, vivita y coleando, sin haber cogido una depresión, haberme dado a la bebida o haber huido comprado un billete de vuelta a casa anticipado. En el post de hoy quiero contaros cómo lo he conseguido pues creo que ha sido una parte importante de mi experiencia.

Quizás estéis pensando: “¡Eh, pero si todavía no es primavera!”, hmm ¿Según quién? Tengo una serie de argumentos irrefutables que indican que sí lo es: 1) ya mismo cambian la hora, 2) los cerezos están en flor, 3) llevan varios días entrando bichos por mi ventana, 4) ya hay fresas, 5) puedo volver del trabajo de día, 6) el sábado salí a tomar el sol a la terraza, 7) los pobres alérgicos empiezan a estornudar. Por todo ello, antes de lo que lo diga El Corte Inglés lo digo yo, señoras y señores: ya es primavera (en el hemisferio norte).

Sin más dilación, os dejo con la lista de consejos, fruto de mi experiencia y de observar las costumbres locales durante estos meses:

1.- Impermeabilízalo todo
Existe una maravilla de spray que te permite convertir tu abrigo, mochila, zapatos, o lo que sea en impermeable, haciendo que el agua resbale. Tip: huele fatal así que es mejor usarlo en un lugar ventilado.


No sé si en España hay, supongo que sí…

2.- Consigue un buen abrigo
Como te tocará andar por la calle, esperar al bus, hacer cola, etc., creo que una herramienta imprescindible para estos meses es un abrigo en condiciones. Con capucha. No es que haga un frío insoportable pero la perspectiva de llegar a tu destino calado hasta los huesos quita un poco las ganas de salir. Al igual que hablo del abrigo, unas botas que no calen también son claves. Tip: en los outlets se pueden encontrar piezas muy decentes de temporadas anteriores que no te costarán un ojo de la cara.

3.- Busca un hobby “de interior”, como las plantas
No es broma. Salir a la calle es necesario pero cuando está lloviendo y anochece a las cuatro, la idea de salir a dar “un paseíto” o cualquier actividad exterior no es muy halagüeña. Por lo visto aquí en otoño están de moda las manualidades, en invierno la repostería, en primavera la jardinería y en verano las excursiones. De hecho, en las tiendas trabajan mucho por temporadas; desde que llegué he vivido: Halloween, Navidad, San Valentín y ahora Pascua. Primero era todo naranja y negro, fantasmas y telarañas por todas partes; luego nieve, verde, rojo y blanco; después corazones y purpurina; ahora conejos y huevos. Con los hobbies pasa igual: en otoño puedes encontrar mil cosas para cocinar pero no sueñes con encontrar una maceta (salvo en tiendas especializadas).


Los conejos de Pascua dan un poco de miedo, la verdad…

En mi caso, como es obvio, una de estas aficiones es escribir. Además de eso he aprendido a tejer, a hacer bizcochos y galletas, y me estoy viniendo arriba con las manualidades… puede que haga algún post sobre esto si os interesa. Tip: ¿no sabéis hacer algo y no tenéis quien os enseñe ni dinero para apuntaros a un curso? No hay problema: Youtube tiene la solución, en serio, si es posible hacer algo habrá colgado un tutorial sobre cómo hacerlo.

4.- Sal al sol, si hay…
Va en serio. Se supone que para tener los niveles necesarios de vitamina D (la vitamina que ayuda a fijar el calcio a los huesos), aparte de alimentarte bien: salmón, huevo, etc., debes tomar el sol en la cara y en las manos al menos 15 minutos a la semana. Esto ha hecho que más de un día me haya parado como una tonta en mitad de la calle, de camino al trabajo. Tip: no vale tras un cristal, tiene que ser exposición directa.

5.- Come bien
Para conseguir lo que no da el sol, para tener las defensas listas para combatir a los virus de la temporada, para tener energía. Creo que es vital comer frutas y verduras (y proteínas y de todo, claro), lo que quiero decir es que merece la pena invertir un tiempo en conseguir y cocinar una comida completa y, si es posible fresca. Tip: evita el pasillo del super de los maxi packs de refritos apetitosos, coloridos, rápidos de preparar y baratos. No vayas a comprar con hambre.

6.- Duerme bien
Debemos aprender de la naturaleza. Si los osos hibernan, ¿por qué nosotros no? Vale, a lo mejor es un poco exagerado, pero lo que está claro es que dormir lo suficiente se hace necesario para sobrellevar la oscuridad y el mal tiempo, de alguna manera hay que recargar pilas. Tip: no voy a inventar la pólvora, ya sabéis: bajad el ritmo las horas anteriores, nada de cafeína por la tarde, un poco de ejercicio para cansaros, una rutina, una infusión…

7.- Ilumina tu casa
Este punto es importante. Como ya he comentado, en estos meses las horas de luz son escasas. Para el ser humano la cantidad de luz es una de las referencias externas que le ayudan a “saber” si debería estar despierto o dormido, por tanto, es vital poder engañarnos con luz artificial. Tip: en la mayoría de salones de las casas de aquí no hay lámparas en el techo, las más funcionales para sustituirlas son las lámparas de pie de varias intensidades.

8.- ¡Apps!
Hoy en día utilizamos aplicaciones móviles para todo. Hay varias que os pueden salvar de morir de frío o llegar empapado. Por un lado, están las que te dicen si hay tráfico o cuándo llega el autobús (me ha ahorrado esperar media hora en una parada sin marquesina a un bus que iba con retraso) y por otro las que predicen la lluvia: soy de la opinión de que los informes meteorológicos no tienen más precisión que un horóscopo de revista, pero hay algunas aplicaciones que te pueden dar una idea de si se espera un chaparrón inminente o te puedes dar una carrerita hasta casa sin acabar hecho una sopa. Tip: si te gusta ir cotorreando por la calle, consigue un manos libres. Al principio me sorprendió la cantidad de gente que parecía que iba hablando sola… tras tener que guardar el móvil porque la pantalla no respondía de lo mojada que estaba en varias ocasiones, entendí por qué lo hacían.

9.- Al mal tiempo, buena música
Pocas cosas son capaces de modificar el estado de ánimo en tan poco tiempo y de manera tan efectiva como la música. Una de las primeras cosas que me compré cuando me recuperé de los gastos iniciales fue un reproductor de mp3. No exagero si os digo que mi vida aquí ha mejorado desde entonces. Con una buena banda sonora puedes superar la peor de las tormentas. Tip: me lo reservo para un futuro post ;)

10.- Déjate querer
Ya sea por Skype a miles de kilómetros o en directo, para ir a tomar algo o descubrir la ciudad, sin duda los amigos y la familia son el elemento más importante para salir adelante. Nadie como ellos para darte “una patada en culo” si hace falta que te levantes, para quejarse del tiempo contigo o para subirte la moral si la lluvia te ha podido un poquito ¡Gracias! Tip: buscar actividades de invierno que te obliguen a salir de cueva (por mucho que te den ganas de intentar el punto 6 de forma permanente), ya sea ir de excursión a la nieve o ir a algún festival, después de todo, el invierno también tiene sus cosas buenas.

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Hasta aquí lo que puedo aconsejaros según lo vivido en estos meses, ya sabéis cómo prepararos antes de venir a verme. Sé que quizás el post de esta semana ha sido un poco insulso, la verdad es que he tenido poco tiempo… Tampoco pueden ser todos súper profundos, ¿no? Uno de los motivos por lo que estoy liada es porque ya mismo ¡iré a mi tierra de vacaciones! Estoy muy ilusionada y con muchas ganas de que llegue el día. Habrá algunos cambios en el calendario que ya os comentaré pero no os preocupéis que os estoy preparando algunas sorpresas para que no estéis mucho tiempo sin lectura.

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Muchos besos, Soletes, y feliz primavera


 PD: ¿recordáis el club de lectura del que os hablé en la anterior entrada? Pues, tal como sospechaba, me han regalado un libro, me ha hecho mucha ilusión.



La verdad es que tiene muy buena pinta

domingo, 28 de febrero de 2016

16. La planta 6

26 de febrero
Hoy he llegado a ese punto. Ese punto en el que he recorrido el camino sin pensar en la dirección, no he dudado si girar a la izquierda o a la derecha para llegar a la sala de conferencias, me he puesto un té en la cocina y he iniciado sesión con mis claves en uno de los ordenadores del espacio compartido para los postdoc.

Creo que ha llegado el momento de que os hable del piso 6. Antes de que, aquello que el primer día me pareció una especie de Disneylandia para científicos se convierta en la cosa más normal del mundo ante mis ojos.

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18 de noviembre
El viernes tengo una reunión con la directora del centro de investigación en desarrollo y salud pediátrico del Hospital de niños de Seattle, a ver qué le digo... lo prepararé un poco porque estoy algo nerviosa. Escribiré al menos un resumen de lo que hago, las líneas de investigación que me interesan y aquellas en las que me encantaría colaborar. Espero que haya suerte, me encantaría colaborar con ellos porque han hecho contribuciones muy importantes en el ámbito del dolor infantil, comparten conmigo los intereses por el sueño y las nuevas tecnologías (eHealth sobre todo) y sería la manera de no desconectar del todo del ámbito pediátrico durante estos dos años. Me encanta el hospital de adultos pero creo que aquí tendré oportunidades únicas de hacer contactos y aprender otras técnicas y perspectivas. Así que venga, a tragarse la vergüenza y “palante”.
 
20 de noviembre
La sede del hospital de niños donde trabajan las personas con las que colaboraré está en la octava avenida, en pleno centro de la ciudad. El edificio es enorme, hay un Starbucks en el vestíbulo y en las plantas superiores hay empresas como Amazon.
 
Te puedes tomar algo tan molón como un té “Oprah”. Sí, esta mujer tiene hasta una bebida con su nombre…
 
El centro de investigación en sí es una pasada. Todo es blanco, todo es coqueto, todo el mundo es “super nice” (muy amables), tienen personas que se encargan de los más pequeños detalles y parece que reciben una buena financiación. Eso sí: la seguridad es de mayor nivel que la de un bunker. Si no tienes acreditación tienes que ir a una recepción del cuarto piso, enseñar el pasaporte, permitir que le hagan una fotocopia y ponerte un pase temporal que debe permanecer visible todo el tiempo. Para que te dejen subir al sexto llaman por teléfono a la persona que te ha invitado y debe bajar personalmente a recogerte.
 
La reunión ha sido un éxito. Es extraño, es la primera vez que me pongo tan nerviosa desde que llegué. No entiendo bien por qué, quizás es por el renombre que tiene esta catedrática y todas las contribuciones que ha hecho, quizás es porque no la conocía de antemano y parece muy seria de primera impresión. A los pocos minutos de hablar con ella descubro que es un encanto: amable, abierta, colaborativa… me ha invitado a asistir a todas sus reuniones de grupo, me ha pedido que tras la reunión me reúna por separado con todos los miembros de su equipo para ver en qué podemos colaborar y me ha dicho que si quiero me puedo unir al “journal club” una especie de club de lectura científico donde van analizando libros y artículos. Wow. Me ha dejado sin palabras… creo que se me han gastado las gracias de tanto dárselas. Me resulta sorprendente que alguien que no te conoce esté tan dispuesta a ayudar y a abrirte las puertas de esa manera.
 
18 de diciembre
Hoy he ido a la primera reunión de grupo en el piso 6 y ha sido genial. Hay al menos dos proyectos en los que podemos colaborar: uno de dolor postoperatorio y sueño con seguimiento mediante un diario electrónico y otro utilizando una base de datos de una encuesta nacional a la que también van a darme acceso. Hay varias postdoc, aunque la mayoría terminando, pero me ha gustado mucho el ambiente que hay. No sé a cuánto me dará tiempo antes de que se vayan, pero espero que al menos pueda plantar unas cuantas semillas para colaborar en el futuro.
 
Ha pasado casi un mes desde la reunión inicial (no volví a ir porque estuve con la mudanza al piso y pillaron las Navidades en medio) y aún no tengo mi acreditación para entrar al hospital sin tener que hacer a la pobre jefa bajar dos pisos para recogerme. El proceso ha sido interesante: me han revisado los antecedentes penales (es la cuarta vez desde que pedí el visado), he tenido que rellenar una montaña de papeles, tengo pendiente hacer varios cursos online (cursos muy similares a los que ya hice en el hospital de adultos pero que como no son SUS cursos, parece ser que no valen…), rellenar unos documentos de declaración financiera y conflicto de intereses y el último paso es ir a ver a la enfermera ocupacional y a sacarme la foto para la identificación (espero que con el informe que he presentado sobre las vacunas sea suficiente…).
 
Lo que más me ha llamado la atención es el espacio: tienen vistas al Space Needle, una cocina, pequeñas oficinas con un ordenador, pizarras, sillas y mesas que están disponibles para reuniones… también tienen unos espacios para los “investigadores voluntarios” como yo, donde pueden registrarse con sus claves en el ordenador y se inicia una sesión propia. Algunos de ellos tienen programas para análisis de datos y acceso a bases de datos para buscar artículos. También tienen un autobús gratis que conecta el hospital con otros centros de investigación, entre los que afortunadamente se encuentra el mío, cosa que me viene de maravilla.
 
Lo segundo que me ha dejado con la boca abierta es la manera de organizarse. Tienen personas encargadas de escribir y revisar los proyectos para que pasen por el comité ético del hospital, asistentes de investigación que se encargan de gestionar contratos, reclutamiento de participantes para los estudios, licencias… Ah, y a las reuniones de los viernes cada semana lleva uno el desayuno, así que lo mismo hablan de los estudios en marcha mientras se comen unas uvas que preparan las presentaciones que harán en el siguiente congreso mientras se comen una rosca con queso crema o unas galletas caseras. Así da gusto empezar el día.
 
Por último, me asombra la cantidad de recursos que tienen: creo que para el “Journal Club” te dan los libros ellos (al menos a los empleados, yo no sé si entro en el cupo), tienen otro proyecto para formar a profesionales de la salud y científicos en las que lo mismo te enseñan a revisar un artículo que te dan pautas sobre cómo escribirlo. En definitiva: que el hospital de adultos está muy bien, no tengo queja, pero no había visto nada como esto.
 
23 de diciembre
 
10.50
Voy en el autobús hacia la cita con la enfermera ocupacional. Creo que he llevado los nervios bastante bien, intentando distraerme y demás. Pero no puedo evitar estar preocupada. ¿Me querrán pinchar?, ¿Me pondrán problemas con las vacunas? Espero que no… y si lo hacen pienso negarme . Eso sí, si me preguntan por la vacuna de la gripe seré sincera y diré que no la tengo.
 
12.00
Y ahora voy de vuelta. Me han pinchado. Tres veces. Me han vacunado de la gripe y del tétano-difteria-tosferina. Me han sacado sangre para ver si tengo las defensas de la varicela todavía. Espero que sí y que no me la tengan que poner otra vez… me he sentido un poco obligada, como si fuera una prisionera. Pero bueno, la enfermera ha sido muy amable y simpática. Espero no tener efectos secundarios y pasar todas las navidades mala. Lo que hay que hacer por la ciencia. En fin, ya me pueden toser en la cara pacientes griposos o me puedo pinchar con un hierro y quedarme tranquila. Sé que no es para tanto, que sólo son unos pinchazos pero aunque resulte paradójico a pesar de trabajar con el manejo del dolor, las agujas no me gustan nada de nada… desde luego, qué mejor que irte a casi 10.000 km de casa para seguir superando miedos.
 
Ya tengo mi acreditación y es lo importante. Me siento como un agente doble: en la carcasa de plástico transparente tengo por un lado la que me da acceso a la planta 14 (hospital de adultos) y por otro la que me permite acceder a la 6 (hospital de niños).

8 de enero
Hoy he tenido otra reunión en el hospital de niños y me he sentido como pez en el agua. La acreditación no funcionaba pero por lo demás ha ido bien. He conseguido encontrar la sala de reuniones y la cocina, y volver en el bus secreto cuya parada está escondida y he hecho aportaciones y sugerencias para una investigación de la que se estaba hablando sin que me diera un colapso.


Aquí las vistas desde la parada, son “cool” hasta para anunciar lo que hacen

28 de enero
Síndrome del impostor total. Me da miedo que vean que no sé analizar bases de datos complejas, les diré la verdad: tengo más experiencia en pruebas de usabilidad, en evaluación momentánea, en revisiones sistemáticas, en análisis factorial… pero que hay otros análisis que no he hecho nunca (ni sé usar algunos programas estadísticos que utilizan ellos).

Estoy haciendo cursos online, leyendo… más no puedo hacer. A ver, sé que no están aquí para evaluarme ni juzgarme. Les explicaré mis ideas, les propondré colaborar en un par de cosas y a ver cómo va. Si les decepciono supongo que no volverán a contar conmigo y ya está, tengo a los del otro hospital y los de España que sí confían en mí.  
 
Supongo que ya se me pasará, es normal al principio… los comienzos nunca son fáciles y sólo exponiéndose a estas situaciones y sintiéndose vulnerable es posible no acomodarse y crecer. Quizás me imponen un poco por lo maniáticos o perfeccionistas que son para todo: lo de las vacunas, lo del examen de español que tengo que hacer ahora…
 
¿No he contado lo de el examen? Bueno, preparaos para otra historia surrealista. En uno de los proyectos, les habían criticado porque el 10% de los pacientes de un hospital donde estaban reclutando participantes para un estudio son de habla hispana y no entienden bien el inglés y por eso se les estaba excluyendo. No tenían dinero para contratar intérpretes de español (pueden cobrar 300 dólares la hora). La solución propuesta fue que yo tradujese los materiales y les hiciese el proceso de consentimiento informado: ¿quién mejor que una hablante nativa para encargarse de esto? Pues parece que no es suficiente, los del hospital requieren que la persona encargada pase un examen del idioma que sea, no importa que sea su primera lengua. Lo surrealista no termina ahí: tras un largo y tortuoso proceso resulta que no me pueden hacer el examen porque no soy empleada, pero si no me hacen el examen no puedo realizar esa tarea. ¿La solución? Pues no lo sé, aún estamos en ello y la verdad es que me estoy quedando sin ideas. Si no les vale mi pasaporte español ni mis notas de la carrera y no me quieren examinar no sé qué más entregarles. Si lo que quieren es un certificado de Español latino, creo que les pediré a mis padres un informe de las innumerables películas Disney que habré visto de pequeña con ese doblaje, desde luego deberían computar como horas de practica…

26 de febrero
Como os comentaba, hoy me he sentido un poco “en casa” mientras estaba en el piso 6. Cuando hemos acabado la reunión me he puesto a trabajar un rato y después he ido a comer con dos de las postdocs que son muy apañadas. Ha sido un rato muy divertido donde he podido desconectar y conocerlas un poco mejor. Ya de paso he descubierto un restaurante mediterráneo donde ponen un falafel de muerte. Me encanta Seattle.


Una de las tazas que puedes coger si necesitas, así no tengo que cargar con la mía
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Hasta aquí mi visión del hospital de niños, os mantendré informados de los avances. Ah, con el paciente muy bien: no puedo dar detalles por aquello de la confidencialidad pero creo que hemos conectado y que le resultará útil lo que aprenda en terapia. Ya os contaré cómo acaba la historia.

IMPORANTE. Ya es definitivo: los post no están llegando por email. Lo hice con una función automática del blog, por lo que no sabía ni quién está suscrito, ni si llega, ni nada. Por tanto, he creado una newsletter para cumplir esa misma función: que aquellos que quieran enterarse por email de que he publicado una entrada puedan hacerlo. Para suscribiros lo único que tenéis que hacer es pinchar aquí http://eepurl.com/bSbgUX y poner vuestro email. Para cualquier duda podéis dejar un comentario debajo o en la página de Facebook.


Besos desde el lluvioso Seattle

domingo, 21 de febrero de 2016

15.- Prejuicios


Intento tener la mente abierta. Intento no juzgar sin conocer. Intento ver, oír y callar primero para poder actuar en conciencia después. Pero no siempre es fácil, hay ciertos temas en los que nuestros prejuicios o creencias son tan fuertes que ni si quiera nos damos cuenta de que estamos distorsionando la realidad. En mi caso, debo confesar que uno de estos temas es la discapacidad. No sé por qué tiendo a pensar que las personas con alguna discapacidad van a necesitar ayuda, son más débiles o menos felices. Por mucho que con los años haya ido conociendo a personas maravillosas que me demuestran lo contrario tengo tendencia a pensar que es así.

Ya me ocurrió cuando fui a visitar las instalaciones de la ONCE hace unos años: perdí una buena parte del miedo a quedarme ciega. Vi todos los sistemas de ayuda y compensación de los que disponían, la cantidad de profesionales dedicados a la causa y lo bien adaptadas que estaban algunas personas. Al venir aquí, a trabajar en el departamento de Medicina de la Rehabilitación, supe que iba a enfrentarme a muchos retos.

Algo que me pedisteis en el post de Reyes es que os contase más detalles acerca de mi trabajo. Es parte importante de mi aventura aquí, así que hoy quiero relataros cómo ha sido el proceso de enfrentarme a mi primer paciente: las dudas, los miedos, los imprevistos, los prejuicios…

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21 de enero
Hoy al hacer la compra me ha atendido una cajera sorda. No me he dado cuenta de que era sorda hasta que ha transcurrido un rato. Cuando me ha saludado me ha hecho el gesto de “hola”. En principio he pensado que quizás era por si yo era sorda, como una forma de facilitar la integración de estas personas, pero he visto que no cuando la que iba detrás mía le ha preguntado algo mientras ella no miraba y no le ha respondido.

Entonces lo he entendido, era su manera de decir: “hola, aunque me veas hablando perfectamente no puedo oírte, así que por favor mírame a la cara cuando hables y pronuncia bien”. Suele pasarme con personas con discapacidades, quizás sea que me imagino en su lugar y no sé cómo lo haría y me maravillo de lo bien que se integran. No sé qué me esperaba ¿qué llevase puesta una chapa diciendo “Soy sorda”? Me ha pedido el carnet porque he comprado vino blanco (te lo piden si aparentas menos de 27, qué halago) y al terminar me ha dado las gracias. De palabra y con la mano. Le he devuelto el gesto (creo que “hola” y “gracias” es todo lo que sé de lengua de signos, además en inglés no es igual que en español).

Ya me pasó uno de los primeros días que fui a comprar. Mi cajero tenía una deformidad congénita en los brazos. Mientras me acercaba a la caja me preguntaba cómo lo haría, si tendría que pasar yo los artículos por el lector de códigos de barra o qué. En cuanto llegué levantó la cesta, que a mí me estaba costando un triunfo cargar, como si estuviese llena de aire. Tras esto, comenzó a pasar los ítems uno a uno, a tal velocidad que casi no me daba tiempo de meterlos en las bolsas…

Ahora estoy preocupada por el primer paciente que voy a ver en un par de semanas. No sólo me preocupa el inglés (que no comprenda lo que me dice o que él no me entienda a mí), me preocupa su discapacidad. Por lo que tengo entendido, no tiene movilidad de cuello para abajo y me pegunto cómo entregarle los materiales del tratamiento, cómo realizar algunos ejercicios para los que normalmente se sientan en una silla reclinable, cómo pedirle que haga la tarea (los psicólogos a veces pedimos a nuestros clientes que escriban, por ejemplo, sus pensamientos en determinadas situaciones para después trabajarlos en consulta), etc. Si el hombre no puede escribir, a lo mejor puedo pedirle que los grabe en audio o algo así… a lo mejor tiene un ordenador a lo Stephen Hawkins o un cuidador que le haga las cosas. No lo sé, supongo que lo mejor es preguntar y punto. Me preocupa meter la pata y resultar maleducada al presuponer que puede o no hacer algo y el hecho de tener que explicarme en inglés y estar en otro contexto cultural (con sus correspondientes temas tabú) no ayuda.

De una forma u otra, no me cabe duda de que va a ser una experiencia muy enriquecedora el poder conocerlo y ver cómo se aprende a vivir así. Seguro que me ayuda a eliminar más prejuicios y me enseña cómo ser natural en estos casos.

16 de febrero
Mañana tengo la primera entrevista con el paciente. No he estado nerviosa en todo el día, sé que puedo hacerlo, tengo un guion y sé que el paciente no me va a estar juzgando ni analizando. Lo que me echa más para atrás es el inglés (pero qué es esto al lado de defender una tesis…). También temo que me vaya a impactar mucho su historia porque tiene más o menos mi edad. Espero no ser demasiado solícita ni demasiado comedida, que nos entendamos bien y que no haya ningún problema inesperado ni ningún choque cultural o malentendido.

A ver, sé improvisar, sé que de todo se sale y que siempre se puede pedir perdón. Intentaré preguntar las cosas sobre las que tenga dudas y ya está. Me ayuda pensar dos cosas: 1) que sea como fuere en unas horas habrá pasado y ya las siguientes sesiones serán más fáciles, 2) imaginarme con la sensación de seguridad, satisfacción y sentimiento de realización una vez que haya terminado.

Creo que es importante exponerse, salir de la zona cómoda una vez más para seguir creciendo, venciendo los miedos y avanzando, para demostrarme de lo que soy capaz. Si no es perfecto: estoy en mi derecho, tengo que aprender y este es el momento. Sin duda creo que el tratamiento será beneficioso para el participante y eso hace que merezca la pena. Dicho esto me voy a dormir, que si no le atenderá una terapeuta zombi. ¡Crucemos los dedos!

17 de febrero

16.45
Queda menos de una hora para que lo conozca por fin, la última vez que estuve tan nerviosa antes de ver a un hombre tenía unos motivos muy diferentes.
 
Ya hemos tenido varios incidentes: vamos con retraso (se suponía que ya deberíamos haber empezado y estoy esperando a que me avisen para ir, una vez que me avisen pasarán veinte minutos o así hasta que empecemos), me acabo de enterar de que utiliza un respirador y deberá hacer pausas al hablar… no sé si será una especie de Darth Vader o cómo sonará. Mi jefe se va de viaje A NEPAL y no vuelve hasta dentro de once días. Espero que vaya todo bien en su ausencia…
 
Lo malo de tener la cita por la tarde es irte poniendo más nerviosa conforme avanza el día, lo bueno es que no he dormido inquieta pensando en qué pasaría si me quedaba dormida. Aunque he de confesar que he estado toda la noche soñando que le tenía que hacer trencitas en el pelo a Lolita y no acababa nunca. Surrealista, yo y mis sueños de agobio. En fin, hora de respirar profundo y ser fuerte. Tirar para delante que es lo que queda. Me siento bien, tengo energía, así que seré capaz de improvisar y hacer frente a lo que surja.
 
17.15
Ahora mismo una parte de mí desea que se cancele por algún motivo... aunque sé que sería peor. Es como sacarte una muela: cuanto antes, mejor. Creo que ahí está la magia: quedarte, esperar, elegir enfrentarte. Luego nunca es para tanto y cuando lo es te sorprende lo bien que te enfrentas a ello.
 
Creo que a parte de ser un fastidio tener la cita por la tarde, lo es el que vaya con retraso: de alguna manera me había planificado para estar tranquila hasta ahora y siento que no me quedan estrategias… Es como cuando algún chico con el que había quedado ha retrasado una cita o ha llegado tarde. El tiempo de descuento, el que pasa cuando ya deberíamos habernos visto es el peor. Aunque luego todo va bien: nunca es tan malo, a veces, incluso es genial.
 
18.30
Son casi las seis y media y todavía no he entrado… si la entrevista inicial, que dura dos horas normalmente, está durando tres y media no quiero ni imaginar cuánto voy a tardar yo: si entro a las seis y media puedo acabar a las ocho tranquilamente. Me noto cansada, espero espabilarme cuando entre.
 
21.00
Lo he conocido. Habla más o menos normal y parece que me entiende bien. No es para nada como me lo imaginaba… tiene el pelo algo largo rizado y es corpulento. Lleva la cabeza sujeta con una banda a la parte superior de la silla. La silla la controla con la cabeza: es una maravilla, puede moverla, inclinarla… ¡de todo! Lleva un respirador y a veces pierde el aliento cuando se le está preguntado pero se comunica sin problema. Maneja su móvil mediante comandos de voz y utilizando un palo, parece que se organiza muy bien. Tiene un cuidador que va con él, conduce y demás. Le ha dado agua de una forma rara con una jeringa y me ha parecido que se la ponía por la barriga… no lo sé porque no he mirado.
 
Creo que nos llevaremos bien, hemos reprogramado la sesión para mañana a las cinco. Me fastidia un poco porque hoy he acabado cansadísima, supongo que pasaré otro rato de nervios (aunque no sé por qué al conocerlo se me ha pasado un poco) y tendré que pasar a limpio los resultados el viernes, con lo que quedará un día muy apretado. Pero bueno, solamente van a ser cinco sesiones contando con mañana y sin duda merecerá la pena.
 
18 de febrero
Ya he terminado, ya ha pasado. Para variar tenían que ocurrirme cosas. Para variar me quedo con la sensación de no haberlo hecho bien del todo, de no haber sido suficientemente buena. Tengo miedo de que no quiera venir la semana que viene.
 
Hemos estado una hora y media y creo que hemos cubierto todo lo necesario para el caso. Sé que es un caso complicado, que no se nace sabiendo y ha sido mi primer paciente en inglés y con tanta discapacidad pero no sé, tengo una sensación difusa de que podría haberlo hecho mejor. Supongo que mi auto exigencia no ayuda demasiado pero bueno: uno de mis propósitos de este año es no ser tan dura conmigo misma, así que esta es una buena oportunidad para ponerlo en práctica. De momento creo que debo sentirme orgullosa por haber decidido aceptar este reto.
 
Como soy yo, obviamente tenían que pasarme cosas. Para empezar, el viaje en ascensor hacia la sala de terapia fue el más largo que he tenido en estos casi cuatro meses. Paró en la planta 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6… y vestíbulo. Llegué con el tiempo justo para averiguar qué llave abría la puerta de la sala de terapia, colgar el cartel de “experimento en curso, no molestar”, retirar la silla del participante para que pudiese colocar la suya, quitarme el abrigo, sacar la grabadora, mi entrevista, el bolígrafo y sentarme a esperar. El llegó enseguida, entró a toda pastilla con su silla y me preguntó si creía que el enfermero debía esperar dentro o fuera. Le dije que, en mi opinión, era mejor que esperase fuera, ya que le iba a hacer algunas preguntas que a lo mejor prefería no contestar delante de otra persona.
 
Me respondió que entonces prefería que esperase fuera, que me había preguntado por si había algún problema con el respirador, pero que no creía (NO CREÍA, ¡¿Qué?!, ¿a lo mejor sí?). Le pidió al enfermero que sacara la bolsa de “no sé qué”, y me dijo que si empezaba a hacer un ruido parecido a las pedorretas tenía que usarlo. Oh por Dios… espero que no. Al final el enfermero se fue sin explicarme nada. Le pregunté al paciente por la bolsa, que no sabía usarla porque no era enfermera, y me dijo que daba igual, que seguramente no habría problema. Me pasé toda la sesión tensa por si tenía que salir corriendo a buscar a las enfermeras pero por suerte todo fue bien.
 
Casi todo. Cuando estábamos terminando su silla empezó a emitir un pitido y me pidió que pulsara el botón de “reset”. No lo encontraba y el pobre dándome indicaciones. Al final lo encontré y el pitido cesó. Hoy me he dado cuenta de lo importante que es el lenguaje corporal y gestual para entender a las personas, y más en inglés. También se me ha hecho más dura la entrevista porque él tenía la boca detrás del aparato que usa para mover la silla y no podía verle los labios, lo que sumado al ruido del respirador de fondo, hacía que la conversación fuera digna de un “listening” de esos maravillosos que ponen en los exámenes de inglés.
 
Cuando hemos terminado le he preguntado si tenía alguna duda. Al principio me ha dicho que no pero cuando he insistido me ha preguntado que cuánto tiempo llevo haciendo esto. Mierda. Le he dado un par de vueltas contándole mi experiencia sin mentirle pero sin decirle tampoco que es el primer paciente de sus características que veo y que será la primera vez que atienda a alguien en inglés. En realidad la sesión de hoy ha sido la más difícil, las otras consisten en seguir un guion y poco más.
 
Al ir a llamar al enfermero para que lo recogiera, le he ayudado con el móvil y resulta que tenía el número mal: ha contestado una mujer. Nos ha dado el número del enfermero (lo he apuntado de medio lado con una mano, mientras sujetaba el móvil a la altura de la boca del paciente con la otra). Finalmente, le he propuesto mirar a ver si el enfermero estaba esperando fuera y, por suerte, así ha sido.
 
En fin, espero que no se haya sentido incómodo y que vuelva la semana que viene. Mis inseguridades me hacen tender a pensar que me ha preguntado porque me ha visto inexperta aunque, por ejemplo, al entrar me preguntó si era licenciada y cuando le dije que era doctora se sorprendió, así que a lo mejor es porque me ve joven (la cara de niña ataca de nuevo). También hay personas que son más prejuiciosas que otras y preguntan “por si acaso”, así que no tiene sentido darle más vueltas. Yo me he preparado como mejor he sabido y lo he hecho lo mejor que he podido. Espero que haya sido suficiente y si no pues bueno, lo he intentado… así es la vida.
 
Ah, no os lo he dicho pero el chico también tiene un blog, quien sabe si está escribiendo su experiencia conmigo en estos momentos.
 
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Hace tiempo leí un estudio muy curioso: entrevistaron durante años a personas que habían ganado la lotería para preguntarles por su nivel de bienestar y felicidad. Para sorpresa de los investigadores, el nivel de felicidad se incrementaba notablemente al principio pero después descendía a los niveles anteriores a resultar premiados y en algunos casos incluso descendía. Cuando preguntaron los motivos, los participantes contestaron que se habían acostumbrado al lujo, lo que antes les hacía felices ahora les resultaba normal. Muchos mencionaban, incluso, que ahora se sentían más estresados al tener que gestionar su patrimonio, estaban preocupados por que les robasen o habían perdido amigos por no querer prestarles dinero.

Los investigadores entonces se plantearon lo siguiente: ¿qué ocurrirá si sucede lo contario?, ¿cómo se sentirán las personas a las que les haya ocurrido algo muy malo? En esta ocasión entrevistaron a personas que habían tenido accidentes que les causaron secuelas físicas permanentes (amputaciones, ceguera, parálisis…). Tras un periodo de adaptación, de dos años de media, la mayoría decían sentirse igual de felices que antes de tener el accidente. Algunos incluso comentaban que ahora valoraban más la vida, que habían aprendido a disfrutar de los pequeños detalles y se habían sorprendido del apoyo percibido por parte de sus seres queridos. A esto se le conoce como “crecimiento postraumático” y es común en diferentes situaciones de alto impacto emocional.

Bajo este fenómeno (y otros como la habituación a las drogas) se esconde algo conocido como “los procesos oponentes”, no voy a entrar en detalles porque hoy el post parece una clase de psicología pero podríamos resumirlo como “a todo se acostumbra uno”. Ojo: no estoy diciendo que todos los ricos sean miserables ni que lo mejor que podéis hacer para ser felices es tiraros a la carretera, mi reflexión es que a veces deseamos con fuerza algo que quizás no nos haga felices y llegamos a temer otras cosas que, de ocurrir, quizás nos hagan más fuertes.

Un beso enorme, Soletes. Continuará…