sábado, 21 de enero de 2017

41. California Dreamin’


All the leaves are brown and the sky is gray.
I've been for a walk on a winter's day.
I'd be safe and warm if I was in L.A.;
California dreamin' on such a winter's day.

(Todas las hojas son marrones y el cielo es gris.
Estuve dando un paseo en un día de invierno.
Estaría a salvo y caliente si estuviera en L.A .;
Soñando con California en un día de invierno.)

The mamas and the papas, 1965


Hola Soletes,

Mi jet-lagg y yo ya estamos de vuelta en Ciudad Esmeralda, listos para contaros novedades de lo más jugosas. El viaje a mi adorada tierra fue la mar de bien, necesitaba una buena dosis de calor y sol mediterráneos (ya sea en forma de vitamina D o de abrazos de los míos). 




Ahí tenéis unas fotillos del objeto de mi amor, para que entendáis por qué lo echo tanto de menos cuando estoy lejos


Lo bueno de ir en navidades es que todos mis otros amigos expatriados volvían también a casa, por lo que coincidí con un montón de personas que hacía mucho que no veía y recargué las pilas a base de bien. Eso sí, descansar lo que se dice descansar, más bien poco. El viaje de vuelta fue bien, quitando los controles aleatorios extra que me tocaron, el ruso que iba roncándome al oído durante gran parte del vuelo largo y el hecho de que no recuperé mi adorada maleta hasta ayer. Pero bueno, minucias, como siempre todo acabó bien. Hoy por primera vez decido tomarme el día para mí, vaguear, no hacer nada, porque de verdad que me hace falta, necesito resetear mi cerebro para lo que está por venir.

Me encuentro en uno de esos puntos en los que puede pasar de todo, en una de esas encrucijadas que determinará qué será de mí a medio plazo y que, sin duda, influirá en mi yo futuro. El vértigo se cierne sobre mí, otra vez. Dudaba si debía escribir sobre esto ahora o esperar a que la balanza se inclinase hacia un lado o hacia otro, pero he decidido hacerlo ahora para ser fiel a la esencia del blog, para contaros en directo cómo se vive este proceso de no saber, de miedos grandes pero sueños aún mayores, de arriesgarme a tener que contaros en dos semanas que no ha salido bien, que los sueños sueños son y que sólo de ellos no se vive… de fracasar en esto y que no pase nada, que esté bien, que pueda contaros cómo se recupera uno del golpe. O contaros que lo he conseguido, que me mudo, que todo empieza de nuevo… Para que entendáis de qué va la historia, empezaré por el principio.

Me quedan nueve meses de visado y la cosa pinta bastante negra para volver a España trabajando de lo mío, al menos por ahora, así que hace unos meses empecé a informarme sobre las posibilidades de quedarme por aquí algún tiempo más… Me da un poco de miedo que al convertir los dos años iniciales en cuatro puedan venir dos más, y luego otros, y esto se convierta en un “para siempre”, pero siendo realistas, la mejor opción que tengo para que todo lo que he hecho hasta ahora merezca la pena es intentar seguir por aquí haciendo currículum y cogiendo experiencia.

Comencé planteando a mi a mi jefe y a la la jefa del hospital de niños la situación y preguntándoles si tenían algo a lo que pudiese optar pero en ambos casos me dijeron que, aunque les encantaba trabajar conmigo, el futuro era incierto y no podían asegurarme nada, así que me recomendaban buscar más opciones. Como resultado, me empapé en el intrigante mundo de la búsqueda de trabajo para puestos académicos en Estados Unidos, oh aventura. Para resumir un poco, os diré que cuando ya empezaba a desesperarme al ver cientos de posibilidades con las que no encajaba y que no me eran ni lo más remotamente apetecibles, entre la niebla de la montaña de emails ofertas que leí, surgieron varias posibilidades, y tras informarme…

27 de noviembre
Tengo una posibilidad de trabajar en Stanford. Hay una beca postdoctoral a la que puedo optar, pensaba que era casi imposible pero le he enviado el curriculum a la directora y dice que le parece muy interesante, que me anima a mandar la solicitud completa. ¿Será posible?, ¿Será posible que yo me convierta en una de esas investigadoras de las pelis?, ¿Será posible que viva en la soleada California, de la que me he enamorado?, ¿Será posible labrarme un futuro lejos de esta lluvia que empieza a cansarme? Madre mía, qué vértigo otra vez: mudanza, conocer gente, nuevo trabajo, nuevas responsabilidades… Si es que me cogen, si es que lo del visado sale bien, si es que… tantas cosas. Sería un cambio tremendo, uno que me encantaría, a saber, a saber en qué acabaría. Al arriesgarme a pedir ese trabajo me arriesgo también a que no me lo den, a que me digan que no soy lo suficientemente buena, a que cojan a otro, a que ese sueño californiano se rompa en mil pedazos… pero eso es parte del crecimiento personal, si me ocurre sabré aceptar esa derrota. Derrota que no lo será tanto, pues aquí en Seattle tengo mi piso, mi gente, los compañeros de trabajo, etc. En fin, ya se verá…

3 de diciembre
La directora del laboratorio del hospital de niños me ha pedido que solicite un trabajo con ella. Casi tenía el sol de California acariciando mi piel cuando, de pronto, me encuentro con esta opción. Ir a California significaría: nuevo equipo, con menos experiencia y que a saber cómo son, nueva búsqueda de piso (y que me miren lo del crédito, trasladar o comprar muebles y demás), nuevos amigos, nuevas responsabilidades… E irme lejos de mis amigos y compañeros de aquí y del tango. Pero quedarme significa inviernos sin sol, lluvia casi todo el año, el Seattle freeze y perderme estar cerca de varios destinos soñados: las Vegas, El gran cañon, San Diego… Y nuevas oportunidades de hacer contactos a nivel laboral y el prestigio de ir a Stanford. Que a lo mejor la del Hospital de niños al final no tiene dinero para mi, que a lo mejor en Stanford no me cogen, y a lo mejor es lo mejor que me puede pasar… irme a casita, con mis papis, a escribir mi libro.

Es curioso, tengo 30 años y es la primera vez que tengo que preparar un curriculum en serio y buscar trabajo, hasta ahora ha sido todo escribir proyectos y solicitar becas pero nunca he tenido que plantarme delante de nadie a decirle: “hola, elígeme a mi porque soy buena”. No sé por qué pensaba que a mi estas cosas no se me iban a dar bien: solicitar proyectos y becas ya sé que sí, pero esto… y no lo estoy haciendo de cualquier manera: nada menos que en EEUU, en inglés y para una gran Universidad.

El proceso en sí es toda una aventura. Primero, lo ideal es contestar a la oferta de trabajo si ves que no cuadras 100%, como sería mi caso, para preguntarles si estarían potencialmente interesados en un candidato como tú (en ese paso se me quedaron dos opciones en el camino). El siguiente paso es mandarles tu curriculum versión americana (el mío tiene 27 páginas, para que os hagáis una idea de lo detallado que lo quieren), tres cartas de recomendación de mentores o jefes (no valen personas con las que hayas colaborado) y una carta de motivación contando por qué te interesa el puesto y qué puedes aportar para el mismo. Una vez han revisado el papeleo de todos los candidatos, seleccionan a los que más les interesan y les llaman para ir a la Universidad de destino a hacer una entrevista.

25 de diciembre
Dos posibilidades... cada cual más improbable ay, yo qué sé lo que pasará. Si sigo en Seattle pues seguro que aprendo un montón, podré seguir aprendiendo a bailar tango y tendré menos estrés, pues todos son contextos conocidos y no tendría que cambiar de piso ni de nada. Ya me las apañaría para venir a España en invierno a coger un poco de sol y a descansar de tanta nube... Si voy a California podré tener sol por fin, una nueva aventura se abrirá ante mí, tendré en mi curriculum que he estado en Stanford dos años y podré empezar a ser una investigadora independiente. Será todo un reto conocer gente nueva y cambiar por completo pero bueno, todo se andará. Lo que espero es no tener que volverme... sería duro estar en casa sin sueldo, sin trabajo y sin nada. Aunque sé que pronto buscaría la forma de andar metida en algo. Y a lo mejor no es tan mala idea volver y estar cerca de los que me importan. Me da pena perderme los primeros años de los hijos de mis amigas. En fin, que como todo tiene sus cosas positivas y sus cosas negativas creo que sabría sacarle el lado bueno a la opción que se me ofrezca... y a lo mejor puedo hasta elegir, aunque creo que mi priorización (a día de hoy) sería: Stanford, Seattle, Málaga. 

5 de enero
Es 5 de enero, noche de Reyes. Sé que de aquí a un mes estaré histérica, repasando la conferencia que voy a dar a los de Stanford. Sí, me han pedido que vaya a verles para conocerme, visitar las instalaciones y contarles más sobre mis intereses de investigación. Ah, y dar una conferencia de una hora sobre lo que he hecho y mis intereses futuros de investigación... me muero. Esto va a ser como la defensa de tesis número dos. Estoy muy contenta de haber llegado hasta aquí por lo menos. Si no me cogen será duro, pero al menos lo habré intentado. Habré estado a las puertas de Stanford y eso ya es mucho. Mi familia me dice que esto es como una película, a mí me parece lo más normal del mundo pero a la vez algo surrealista. Desde luego, voy acumulando material para la novela.

Queridos Reyes Magos, sólo os pido disfrutar de este proceso, pase lo que pase, y no vivirlo como algo estresante y aterrador, sino como otro reto a afrontar y una oportunidad única de aprendizaje. Supongo que también hay que fallar entrevistas para conseguir cosas buenas.

18 de enero 3.30
No queda ni media hora para aterrizar y esto se mueve un montón debido a las nubes. ¿Será un presagio de los días tan movidos que me esperan? Me ha dado penita irme porque me lo he pasado genial y he disfrutado un montón, de la gente y del solecito. No he parado un segundo, eso sí, y no negaré que una parte de mí desea volver a una rutina más ordenada y equilibrada.

7 de la tarde
En la cama y a mucha honra. Fuera está negro como la boca del lobo y me propongo dormir unas 11h. Se me ha hecho raro llegar al piso... lo sigo sintiendo como mío pero me ha parecido extraño. Creo que tres semanas son mucho tiempo... las rutinas de allí se me hacían familiares y me ha costado decir adiós. Espero dormir bien, ahora extraño los ruidos. Supongo que pronto me acostumbraré... al menos el inglés no se me ha oxidado, como temía. Es lo que digo siempre: irse es difícil, llegar es fácil.

21 de enero
La semana ha terminado por fin y me dispongo a disfrutar de dos días relajados, cuidándome y desconectando. El viernes fue un día interesante: en el hospital de niños me ofrecieron que podía darles a ellos la charla del trabajo para practicar, pero que tendría que ser el viernes que viene (conclusión: tengo cuatro días para prepararla en lugar de dos semanas), lo cual agradezco infinitamente, porque eso me permitirá mejorarla e ir considerablemente más segura. Al mismo tiempo será raro, pues también opto a un trabajo allí, así que de alguna manera es como si les estuviese dando la charla a ellos anticipadamente.

También escribí a los de Stanford para preguntarles por los vuelos y demás, pues ilusamente pensaba que ellos se encargarían de todo (y que lo pagarían) pero parece ser que no. Me pasaron el horario de la entrevista y parece que este será mi día:

  9.00 Entrevista con la persona 1
  9.30 Entrevista con la persona 2
10.00 Entrevista con la persona 3
10.30 Entrevista con la persona 4

11 Coger un UBER a otro centro

11.30 Comer (sí, a las 11 de la mañana) con la otra postdoc del grupo

1 Dar la charla
2 Entrevista con los estudiantes y la asistente de investigación
3 Entrevista con la jefa suprema

Conclusión: volaré el día antes para poder descansar y estar fresca, ya que tiene pinta de ser bastante intenso, ah y llevaré mucha agua y barritas energéticas por si acaso.

Al ver la agenda me llevé una agradable sorpresa: la primera persona a la que veré es una vieja conocida, nos vimos en un congreso en 2012 y acabamos colaborando en el desarrollo y traducción de unos materiales. No hemos tenido mucho contacto últimamente, pero decidí escribirle para decirle que iba y que me alegraba poder volver a verla. Me ha respondido diciendo que está encantada de saber que voy, que si estoy disponible me llevará a cenar la noche antes. Así que genial, creo que empezaré la entrevista mucho menos nerviosa. 

Es curioso cómo algunos círculos se cierran, lo importantes que son los contactos que haces por el camino y cómo la suerte a veces juega sus cartas también. ¿Qué pasará? Quien sabe… Tengo la entrevista el día 6, así que el 12 os contaré cómo fue, cómo es Stanford por dentro y qué aventuras me han sucedido. ¡Deseadme suerte, Soletes!

Continuará…  


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domingo, 18 de diciembre de 2016

40. Winter Wonderland (Maravilla invernal)


Hola Soletes, como ya os conté el año pasado, tras Acción de Gracias todo se viste de Navidad. Empiezan las galletas en la oficina, los jerséis feos (todo un fenómeno navideño por estos lares), los árboles de Navidad gigantes, las personas vestidas de Santa Claus, los villancicos... todo es verde, blanco y rojo. El año pasado toda esa parafernalia me inspiraba tristeza, pues me recordaba que iba a pasar las fiestas fuera de casa, pero este año es al revés: me hace mucha ilusión el constante recordatorio de que dentro de poco estaré abrazando a los míos. Os dejo con el post número 40, mi relato de estos últimos días del año en Ciudad Esmeralda.

14 de diciembre
Una de las tradiciones navideñas más populares en Estados Unidos consiste en construir una casa de pan de jengibre. Son como la casita de la bruja de Hansel y Gretel, solo que en tamaño pequeño y no te la comes porque no es agradable (el "pegamento" que usas para montarla, hecho a base de azúcar glas y clara de huevo, se pone realmente duro y la galleta se pone blanda). Hay quien hornea las piezas dándoles la forma que quiere, pero también venden kits para hacerlas de forma fácil.

Este es de Starbucks nótense también las galletas de "jerséis feos".

Hace unas semanas, Noah, Joan y yo fuimos a casa de Ashley y (con su ayuda) hicimos nuestra versión, nada mal para ser la primera.

Hay quien va un paso más allá. En un hotel del centro, cada año hacen una exposición de casas de pan de jengibre gigantes, donde piden donativos a favor de la diabetes infantil (suena un poco irónico, ya lo sé). Venciendo el frío, la oscuridad y la pereza, fuimos Laura (si no os acordáis es la otra chica española de mi oficina, la que me ayudó a montar el famoso sofá hace ya un año), Noah, Joan y yo. Este año la temática era Harry Potter: una casa por cada libro, todo lo que veis en las fotos está hecho de material comestible: galletas, bombones, glaseado y chucherías varias. La verdad es que fue impresionante: en Hogwarts las escaleras se movían, un Dumbledore a tamaño natural tenía la misma cara que el actor, y los detalles estaban clavados: el sombrero seleccionador, los dementores, el basilisco, Dobby, el autobús noctámbulo... en fin, que si te gusta la saga es un buen sitio para ir.




Todo lo que se ve, se come (bueno, es comestible...)

17 de diciembre

Vamos en el bus camino de Leavenworth, el pueblecito “Bávaro” del que ya os hablé en un post anterior.  Este año es el 50 aniversario del festival de luces navideñas y tengo mucha curiosidad por saber si las fotos que se ven por internet se corresponden con la realidad.



Mientras miro por los cristales empañados las formas fantasmagóricas de los árboles entre la niebla y escucho villancicos en versión country, me dispongo a comerme el "Breakfast Claw" una pasta danesa que nuestro guía (que luce sombrero de pavo con luces navideñas y mini gorros de papá Noel en las patas) nos ha ofrecido.

Ahora cambian a villancicos versión jazz, mucho mejor. El guía vuelve a pasar con folletos de la ciudad (ahora lleva un gorrito de Olaf, el muñeco de nieve). Creo que no puede haber mejor forma de pasar mi último fin de semana antes de Navidad, y más teniendo en cuenta que tal vez sean mis últimas navidades en Seattle...

Viajo con Noah y Joan, también en su último fin de semana, los voy a echar de menos... Venimos forrados como cebollas, la previsión de rondar los -15°C no es muy halagüeña, pero ¡no hay miedo! Seguro que no es nada que un par de carreritas y una sidra caliente con especias no puedan curar.

Al final no fue para tanto

Ya se ve nieve por la ventana y el guía ha pasado con su tercer sombrero: esta vez es un reno y lleva como complemento unas gafas de árbol de navidad con luces led. El paisaje dista mucho de aquellos árboles naranja que vi hace poco más de un mes. Vuelve a dejarme impresionada. Las montañas escarpadas y coronadas de pinos nevados parecen haberse escapado de una postal con su manto blanco. Voy a echar de menos esto cuando me vaya.





Llegamos. La nieve me sigue pareciendo mágica, es como si el pueblo hubiera salido de un cuento de los hermanos Grimm. Pasamos el día entre tiendas y restaurantes abarrotados, buscando un poco de calor.

A las 4.30 llega el plato fuerte, la ceremonia de alumbrado. Sale a hablar la alcaldesa, el Pastor y Santa Claus. La multitud al unísono comienza a contar hacia atrás desde diez y me planteo cómo será recibir el año nuevo en uno de esos sitios tan míticos como multitudinarios. Y la magia empieza. No es como en las fotos, es mejor. Los centenares de manos enguantadas dejan como recuerdo el sonido de un aplauso sordo pero entregado. El viaje ha merecido la pena.





Pues esto es todo por 2016, Soletes. En unos días vuelvo a mi adorada Málaga y estaré muy ocupada abrazando seres queridos y cebándome a jamón serrano, así que volveré a escribir hacia finales de enero que es cuando vuelvo (renovación del visado mediante).

Estad atentos, pues creo que para entonces tendré más claro desde dónde voy a escribir el año que viene... y puede que me espere un gran cambio. Hasta entonces: felices fiestas y que entréis por la puerta grande en 2017.

Nota: algunas de las fotos de este post son cortesía de Laura, Noah y Joan.

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sábado, 3 de diciembre de 2016

39. Un fin de semana “made in Hollywood”.

Hola Soletes,

Aquí vuelve esta descastada a contaros el puente que pasé en Los Ángeles. Con el viaje a Nueva York tengo una especie de “bloqueo creativo”, me gustaron tanto aquellos días que creo que tengo miedo de no poderlo plasmar en el papel como es debido… así que para que no me pase lo mismo, aquí van mis vivencias en esta ciudad que me ha dejado prendada.

Mariposas en el estómago al ver esto en el aeropuerto
Día 1
9 am
Levantarte con el sol entrando por la ventana, sol de verdad, no de ese que se filtra por las nubes. Estirarte ociosa sabiendo que tus planes para hoy son sorpresa y acurrucarte un rato a no hacer nada porque sabes que no hay prisa.

Desayuno en la cama y camino a conocer la Playa de Santa Mónica, la verdad es que Ray es un cielo y conmigo tiene el cielo ganado. Anoche me invitó a cenar y paseamos por su barrio: Westwood.

¿Se puede ser más bonito?

LA dista un poco de cómo me la imaginaba, al menos de momento... aunque me han dicho tantas cosas de ella que ya no sé qué pensar. Con 8 millones de habitantes, los mismos que el estado de Washington completo, es la segunda ciudad más grande de Estados Unidos (y la tercera más cara). Poco más conozco: que se ruedan todo tipo de películas, que es la casa de la UCLA, que hay mucho tráfico y que todo está lejos. La luz es preciosa, eso es verdad, desde el avión me impresionó el atardecer rosa fucsia y cómo justo antes de aterrizar parecía que había una manta dorada y densa que escapaba entre las nubes.

Al contrario que Seattle, no me impresionó su Skyline cuando llegué. Parece que la ciudad es bastante llana. Una vez hube aterrizado, era curiosa la sensación de estar en una novela sudamericana por la cantidad de gente hablando en español, los gestos y la indumentaria.

Luces navideñas de colores, un campus señorial y unas instalaciones deportivas impresionantes terminaron de darme la bienvenida a la ciudad. Me sorprendió que el oso, la mascota de aquí diera tanto miedo... Harry el Husky (la mascota de la Universidad de Washington) es mucho más dulce, pensaba que las mascotas debían ser adorables por definición.

Otra cosa que me sorprendió es que aquí se pueden cruzar las intersecciones en diagonal, hay como una cruz en medio, con lo que no tienes que esperar a que se ponga el semáforo dos veces. Me dejó impactada lo altas que eran algunas palmeras y me pregunté cómo harían los directores para meterlas en los típicos planos en los que los protagonistas conducen un coche por esas calles (supongo que cuando empezó la industria del cine, hace ya varias décadas sería más fácil porque las palmeras serían mucho más bajas). Y lo caro que es todo (más que en mi querida Ciudad Esmeralda). En fin, allá vamos a por mi primer día completo en Los Ángeles que además coincide con Acción de Gracias.

9 pm
Estoy exhausta, hemos andado unos 17 km y casi la mitad con los pies metidos en el agua. Se me han rozado los muslos de tanto andar en bañador y de la sal... pero ha merecido la pena. Ray dice que soy una princesita… no le falta razón.

Venice es otro mundo: artistas callejeros, deportistas, hippies, tatuadores, vendedores ambulantes y turistas convivían en armonía por el paseo. Ha sido como en las películas, pero más "de verdad". Siempre digo que soy de la opinión de que puedes ver documentales y leer libros pero no aprenderás tanto como viajando. Ha sido el olor, el sonido de las olas, la luz de bronce de esa puesta de sol interminable, el sabor de la comida de Acción de Gracias improvisada de la que hemos disfrutado... ha sido todo.

Pavo, batata, guisantes, stuffing, un bollo, mermelada y puré de patatas con gravy

Para empezar, hemos ido a un muelle que me ha recordado al de Brighton y cómo no, la pequeña ludópata que hay en mí ha tenido que ponerse a jugar cuando ha visto que había una máquina de El Mago de Oz, de esas que metes monedas y te caen. Al final me han salido varias fichas rojas y verdes y una tarjeta de Dorothy. Cuando he visto que lo que podía conseguir a cambio era un peluche horrendo, me he guardado una de cada y he comprado dos tristes caramelos con el resto (que a Ray y a mí nos han sabido a gloria).

Aquí tenéis el muelle


Después hemos bajado a la playa y he metido los pies en el Pacífico ¡por fin! llevaba queriendo hacerlo desde que llegué a Estados Unidos y no había podido. El agua helada, tan fría que dolía, no os voy a engañar, pero no está nada mal que, siendo casi diciembre, apetezca bañarse.

En fin, lo último del día fue ese atardecer majestuoso del que hablaba... Ray y yo contemplábamos en silencio cómo el mar parecía una de esas conchas anacaradas mientras el sol se iba bañando en él. Hasta los pájaros parecían parar a mirarlo con respeto.


Os aseguro que las fotos no son ni de lejos tan bonitas como observarlo en directo.

Ha sido un momento mágico, de esos en los que reflexionas sobre las oportunidades que te está dando la vida gracias a haber sido valiente. Sobre lo efímero de algunos momentos y que, precisamente eso es lo que los hace bellos.... como me dijo una vez una profesora, hace ya muchos años: “ya nunca volverá a ser 24 de nov de 2016, lo que hagas hoy será único y quedará para siempre como recuerdo de este día”.

Día 2
Estoy nerviosa. Ray me tiene preparada una sorpresa para hoy y no sé qué es, es mi regalo atrasado de cumpleaños. Creo que vamos al parque temático de Universal Studios pero no estoy para nada segura. Ahora estoy esperando en una estación de metro sola: resulta que las tarjetas son individuales yo he pasado primero y él no podía; el pobre se ha ido a comprar otra pero está tardando. A ver qué pasa.

4.15
Qué pasada... Sí que hemos venido a Universal Studios. No es un parque excesivamente grande, como Disney, pero tiene muchísimas atracciones. Comenzamos con un tour por el parque para tener una idea general de todo. Durante una hora, una especie de trenecito te llevaba por los diferentes sets de rodaje, que iban desde Amity Island (donde está ambientada Tiburón) hasta el Lejano Oeste o la pequeña Europa, pasando por los estudios donde se rodaba CSI o La Voz y los antiguos despachos de Hitchcock. En tres ocasiones, hubo experiencias inmersivas 3D: un terremoto en una estación de metro que apareció en un capítulo de Bones, una pelea de King Kong contra unos dinosaurios y una persecución de Fast and Furious donde hologramas de los actores, que costaba creer que no fuesen de verdad, te hacían ponerte en situación. Al terminar me dio pena haber empezado por ahí, pues pensé que iba a ser lo mejor del día. Me equivocaba.

Lo que más nos llamó la atención y más disfrutamos fue Harry Potter World. Al entrar puedes ver el Howarts express, pasear por Hogsmeade, tomarte una cerveza de mantequilla, ir al callejón Diagon a comprar una varita en Olivanders (y ver la ceremonia de elección del mago), oír a la coral de sapos, sacar dinero en Gringots, escuchar a Mirtle la llorona mientras vas al servicio o pasear por Howarts volando... en una especie de montaña rusa con 3D. Es algo de lo que estoy orgullosa, esas cosas suelen darme bastante respeto y se me hizo difícil resistir la tentación de salir corriendo durante la casi hora que esperamos para entrar (y más con los carteles de advertencia sobre los movimientos rápidos, caídas fuertes, giros, prohibiciones de montarte si tenías cualquier malestar físico...). La espera en sí fue impresionante, de verdad parecía que estuvieses paseando por el castillo: cuadros que se movían y hablaban contigo, hologramas de los actores de las películas vestidos cómo Ron, Hermione, Harry y Dumbeldore te daban la bienvenida y te guiaban por el castillo. Una vez nos montamos y confirmé mi temor de que era una de esas en la que te cuelgan los pies, volamos por los campos de Quiddich, el bosque tenebroso (con sus arañas gigantes), y otros tantos sitios. Los dementores hechos por ordenador se mezclaban con muñecos reales, confieso que cerré los ojos un par de veces... pero lo peor no fue ni cuando nos pusimos boca abajo: cuando tuve miedo de verdad fue cuando se paró de repente y me vi frente a una pantalla blanca y a bastante altura del suelo sin saber qué iba a pasar después. No pasó nada, al poco volvió a funcionar y terminó. No pude alegrarme más de haberme atrevido.



Aquí una pequeña selección de esa parte del parque
El resto del día lo pasamos en Springfield, ayudando a los Transformers a vencer a Megatron, haciéndonos fotos con los velociraptores de Jurasic Park, viendo un espectáculo de Waterworld, con Shrek salvando a Fiona o convirtiéndonos en Minions con Gru.

¿Os suena?

Día 3
No me creo que ya esté en mi asiento en el avión de vuelta. Estoy muy cansada pero ha merecido la pena. Dejo en LA: estrés, miedos y otras tonterías.

Ayer fuimos a Runyon Canyon Park, lugar frecuentado por buenorros sin camiseta que van allí a hacer deporte. Pero no fuimos a eso, la idea era subir a lo más alto a contemplar una panorámica de la ciudad. Estaba bastante nublado, así que sólo pudimos observar las siluetas de los edificios entre las nubes. Aun así, fue bonito contemplar los rayos de sol que se filtraban entre las nubes, como si una serie de pequeños milagros se estuvieran efectuado ahí abajo.

Poco más o menos, esto es lo que se veía

La otra idea era sacarnos una foto con el cartel de Hollywood detrás pero era ridículamente pequeño, tan solo una mancha blanquecina que asomaba borrosa detrás de nuestra cabeza. Visto lo infructuoso del intento, Ray volvió a sorprenderme, esta vez pidiendo un Uber que nos llevó a un parque para perros desde el que había una vista bastante decente con el cartel. El camino hacia allí fue toda una aventura, no sólo por subir por la mítica Mullholand Drive y pasar por un callejón llamado Malaga Road, sino porque el conductor no estaba muy bien de la cabeza... pero ¿qué es un viaje sin algún momento surrealista que dé un poco de miedo? Al fin, llegamos y pudimos hacernos la foto justo a tiempo pues empezó a llover de manera torrencial.

Esta es una de las ansiadas fotos

Pedimos otro Uber para bajar y mientras lo esperábamos bajo un árbol (en California dicen que llueve cinco días al año por lo que no tenía sentido llevar paraguas) me di cuenta de que no me funcionaba el móvil... ya nos veía hechos una sopa caminando unos cuantos kilómetros hasta que vimos que un coche con la pegatina de Uber paraba a nuestro lado. Menos mal, conseguimos bajar de la montaña sin más problema. La lluvia caía torrencialmente, me sorprendió lo rápido que las inmensas avenidas de la ciudad se habían convertido en verdaderos ríos. Saltando charcos, conseguimos llegar a Mel’s Drive-in, un restaurante ambientado en los 50 (tipo Grease, para que os hagáis una idea) donde podías elegir la canción que querías que sonase metiendo una moneda de 25 céntimos en una rockola que había al lado de la mesa. El gran Ray Charles nos deleitó durante unos minutos gracias a eso, mientras disfrutábamos de un batido de Oreo y unas hamburguesas.

Tras parar a comprar un paraguas, visitamos el paseo de la fama (donde están las estrellas rosa con el nombre de los famosos grabados en letras doradas), el teatro chino (donde algunos han dejado las huellas de pies y manos) y el teatro Dolby (donde se celebra la ceremonia de los Oscar). Eso sí, en el centro de LA más es más: en Downtown todo era ruido, gente, luces de colores en las tiendas, música, brillantina, maquillaje... definitivamente está bien para verlo y saber cómo es, pero creo que no me gustaría vivir por allí. Para terminar la tarde fuimos a la estación de trenes de Union, donde se han rodado películas como Blade Runner o Pearl Harbour y a la calle Olvera, la primera de la ciudad, que tiene un montón de tiendecitas mexicanas muy monas. Antes de volver pasamos por Chinatown, toda llena de neones, colores y música, muy al estilo LA, obviamente.

Tras descansar un rato, cenar y arreglarnos salimos a disfrutar de la noche. Me pareció muy curiosa toda la fauna que se movía por los locales de baile y ocio, y me encantó que cada uno pudiese ir como le diese la gana sin que nadie le pusiera mala cara (más todavía que en Seattle). Fue una  experiencia genial para ponerle el broche a este fin de semana.
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Me he enamorado un poco de California, no me importaría para nada volver... y gran parte de la "culpa" la tiene Ray pues lo que he vivido estos días ha sido su LA. Mil gracias una vez más por este último regalo maravilloso de mis 30, sin duda el cumpleaños con mejores regalos de mi vida.

Ahora toca volver a la rutina, trabajar duro para sacar adelante todo lo que pueda en estas tres semanitas que me quedan antes de volver a casa por navidad. Ojalá que la espera haya merecido la pena. De momento, os agradezco las más de 5.000 visitas que tiene ya el blog y la paciencia que estáis teniendo conmigo los que seguís ahí. Un besazo y nos vemos pronto, que tengo novedades interesantes…

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